Jaime Bayly: “Me gustaría despachar al más allá a algunos de mis peores enemigos”


Haciendo gala de su corrosivo sentido del humor, el escritor peruano habló en exclusiva para EL HERALDO, desde Miami, sobre su trilogía de libros, la elección del papa y su oposición al gobierno de Hugo Chávez. Sincero, ácido, polémico y emotivo Jaime Bayly conquistó con su personalidad el público de América Latina. Calificado como el niño terrible de la televisión con su programa El Francotirador entrevistó de manera incisiva e irreverente a personalidades y políticos de Latinoamérica.

Desde 1994 Jaime comienza su carrera como escritor publicando once novelas y una trilogía, algunas de ellas llevadas al cine y que han sido traducidas a varios idiomas. Jaime escribió en Bogotá la última trilogía de sus libros titulada Morirás mañana, de la que habló en esta entrevista exclusiva para EL HERALDO.

¿Por qué decidió convertir al protagonista Javier Garcés en la trilogía ‘Morirás Mañana’ en un escritor asesino?

Porque soy un hombre rencoroso, lleno de enemigos reales o imaginarios, y, como Garcés, soy vengativo y me gustaría despachar al más allá a algunos de mis peores enemigos, solo que soy un pusilánime incapaz de llegar a esos extremos y entonces me resigno con fantasearlos. Por lo demás, creo que, en promedio, los escritores somos bastante rencorosos puesto que generalmente somos memoriosos y es bien sabido que la memoria aloja más hondamente la desdicha que la felicidad. Y si no hay más escritores asesinos es porque los escritores quisiéramos matar a este crítico o a este otro escritor enemigo pero somos demasiado haraganes para salir a ejecutar la venganza. La ficción permite, sin dejar de ser haragán, vengarse de un modo satisfactorio.

¿Cree que la industria cultural de Latinoamérica tiene los mismos vicios y desigualdades que sufre Javier Garcés en su trilogía?

Sí. Garcés, como casi todo escritor que conozco, desconfía de los editores, de los críticos, de sus colegas escritores, de esas cofradías que necios envanecidos que reparten los premios, los halagos y las críticas elogiosas. Garcés sabe que toda esa escalera para trepar a la gloria literaria le está vedada y que no ascienden siempre los mejores sino los más oportunistas. No hay nada más raro que un escritor hablando bien de otro escritor vivo y de su misma lengua; de los muertos ya es menos arduo hablar bien. Supongo que en todos los oficios hay celos y rivalidades entre competidores pero en el mundo de los escritores las intrigas y las conspiraciones y las rencillas llegan a niveles de cónclave de cardenales.

¿Cómo la trilogía ‘Millenium’ de Stieg Larsson inspiró en cierta forma esta trilogía de novelas?

Sí, absolutamente. Quedé hechizado por esa trilogía, viajé a Estocolmo, busqué a Lisbeth Salander sabiendo que no existía pero aferrándome a la ilusión de que acaso podía existir después de todo.

Alma Rossi es uno de sus personajes femeninos mejor logrados en la trilogía. ¿Cómo llegó a construirlo?

Es una mujer fría, calculadora, una mente brillante, un cuerpo egoísta, autosuficiente: una mujer de nuestro tiempo. No cree en el amor, no cree en la familia, no quiere enredos sentimentales ni cursilerías. Y, como Garcés, cree que la venganza es moralmente legítima, una fuente de purificación para el espíritu. La trilogía es, en verdad, la historia de Alma Rossi, más que la de Javier Garcés. El pobre Garcés es un pelele al lado de ella porque está enamorado hasta los huesos y cuando la ve se subordina a su belleza y se vuelve tonto y baboso como nos pone el amor.

La trilogía transcurre en Buenos Aries, Lima y Santiago de Chile, pero fue escrita en Bogotá. ¿Cómo Bogotá influyó en la trilogía?

No hay una explicación racional. Me había mudado a Bogotá, vivía en un hotel, salía a caminar de madrugada, sentía el peligro, respiraba en el aire toda la violencia antigua, tantos crímenes inútiles, y me fui cargando de una energía creativa un tanto pistolera y viciosa. Además estaba amenazado de muerte por la dictadura de Caracas y me obligaban a moverme con custodios y algunos de ellos dormían en el cuarto de al lado y entonces sentía el riesgo de la muerte muy vivamente. Todo eso propició el clima para entregarme a una historia de venganzas y matanzas y crímenes justicieros en nombre del honor. La violencia estaba en el aire, en los árboles de noche, solo tuve que respirarla y dejarme poseer por ella.

¿Cómo se documentó para planear los asesinatos de Javier Garcés en la trilogía?

Recurrí, como hago siempre cuando escribo ficciones, a la memoria. Los enemigos de Garcés son mis enemigos, Alma Rossi es su novia pérfida y esquiva porque hay una Alma Rossi en mi vida también. Solo tuve que hacer el papel de escritor minero que baja en medio de las tinieblas a buscar lo que hay en el subsuelo de su memoria. No encontré oro ni plata, saqué carbón, era lo que había. Por supuesto, también ayudó mucho el recuerdo de Lima, Santiago y Buenos Aires, tres ciudades en las que he vivido, he amado y me he enemistado con mucha gente.

‘Morirás mañana’ incluye un epígrafe de Borges que sentencia: “El que matare por la causa de la justicia, o por la causa que él cree justa, no tiene culpa”. ¿Qué más ha rescatado de Borges?

Tengo las obras completas de Borges al pie de mi cama. Las releo con frecuencia. Es el más grande escritor en lengua española de todos los tiempos. Tuve la suerte de conocerlo y conversar brevemente con él. Ese encuentro fortuito está narrado en la trilogía.

¿Cómo es la rutina de Jaime Bayly cómo escritor? ¿Tiene algún ritual a la hora de escribir?

Escribo todos los días, así sea domingo, feriado o navidad. No me interesa vivir sin escribir. Cuando no escribo me enfermo y me deprimo y me quiero suicidar. Escribir me devuelve la pasión por estar vivo. Escribir me llena de energías y me recuerda quién soy. Creo firmemente en la disciplina. Me obligo a escribir por las tardes (nunca por las mañanas, yo duermo hasta el mediodía), y a veces también por las noches. Y a veces uno no sabe bien qué es lo que toca escribir, pero eso va saliendo cada noche en que bajas a la mina y te ensucias y golpeas la piedra de la memoria buscando algo valioso.

¿Se considera usted un escritor, un periodista, un político, un pensador o todas las anteriores?

Un escritor frustrado, un periodista frustrado, un político frustrado. Me apasiona el periodismo, estoy enfermo de política y eso no tiene cura, pero, al final, lo que prevalece en mí es mi vocación de escritor, Dicho de otra manera, nada me hace más ilusión que escribir una buena novela y verla publicada. Es un placer que en mi caso supera a la ficción de ganar unas elecciones o de tener cierta influencia como periodista. Siempre pienso: si este es tu último año, qué quieres hacer. Y siempre me respondo: escribir hoy, mañana y pasado, vivir terca y apasionadamente como escritor. De eso no pienso retirarme ni jubilarme nunca.

¿Es cierto que alguna vez le dijeron que Hugo Chávez había dado la orden para matarlo en Bogotá? ¿Por qué fue opositor del gobierno de Hugo Chávez?

Sí. Vino al hotel el jefe de la policía en tiempos de Uribe y me contó muy amablemente los planes que habían descubierto para que unos sicarios al servicio de la dictadura de Caracas atentaran contra mi vida. Me sentí enormemente feliz y halagado y no se me cumplió la ilusión de que esos facinerosos cumplieran dichos planes. Soy un opositor radical a la dictadura venezolana y a la dictadura cubana, ciertamente. Chávez me ha parecido siempre un personaje nefasto, un charlatán, un enemigo vicioso de la libertad, un admirador de tiranos y espadones, un conspirador contra la democracia colombiana, un enemigo bilioso de los Estados Unidos y las democracias liberales. En América Latina solo Álvaro Uribe ha tenido el coraje de poner a Chávez en su lugar, el resto ha jugado un triste papel de payasos asalariados del circo de Chávez y los Castro.

¿Qué fue lo que más le gustó de su vida en Colombia?

Los jugos de mandarina y de granadilla. Todos los jugos de las frutas más raras. Y que me vendieran narcóticos legales en las farmacias con gran amabilidad.

¿Qué opina de la elección del nuevo Papa?

Creo que el Papa Ratzinger hizo bien en renunciar y creo que los cardenales han hecho muy bien en elegir a Bergoglio como nuevo Papa. Me alegro mucho porque Bergoglio fue un severo crítico del gobierno populista de los Kirchner. Es un hombre muy inteligente (como buen jesuita) y tiene un estilo austero que le hará bien a la Iglesia.

¿Cómo pasó su último cumpleaños?

Tranquilo, en mi casa, con Silvia y Zoe y mi madre, que vino de Lima. Sin grandes sobresaltos. Silvia y Zoe me hicieron muchos regalos, pero el más valioso es el de su compañía, por supuesto. Y mi madre, con casi 73 años, está siempre dispuesta a subirse a un avión para venir a visitarnos, es una mujer muy generosa y con un gran sentido del humor y con una marcada vocación política: cuando hablamos de política nos agitamos los dos y ella quiere que me postule a presidente y yo tengo que sosegarla porque parece el fin del mundo.

Ha elegido pasar su vida junto a Silvia su esposa ¿Cuáles creé usted que son las ventajas de la heterosexualidad?

No lo sé. Yo he querido ser heterosexual pero no he podido. He querido ser homosexual y he tenido novios y he sido feliz con ellos pero hace cinco años me enamoré de Silvia y sigo babeando por ella como un perrito faldero. No sé cómo explicar mi errática conducta sentimental o sexual. Siempre he sido muy romántico, nunca me ha interesado el sexo atlético, desalmado, promiscuo, yo soy un gordito romanticón y me gusta enamorarme hasta los huesos como estoy enamorado de Silvia. Espero que ella no se aburra de mí y se vaya con un muchacho de su edad. Ella tiene apenas y parece mi hija y cuando me dicen qué linda está su hija yo lo tomo como un halago y digo sí, qué linda que está ¿no?, es mi hija adoptiva. De todos los amores que he vivido, sin duda Silvia es el más completo, el más feliz, el más tranquilamente feliz, y también el más lujurioso, el más sabroso, con perdón. Debe de ser que soy un viejo verde: como no podría escribir ‘Lolita’, me resigno con vivir la novela.

¿A quién le gustaría entrevistar?

A Javier Marías. A Javier Cercas. A Héctor Abad Faciolince. Tres grandes escritores.

¿Qué libro está leyendo ahora?

Releyendo ‘2666’, releyendo ‘Mi planta de naranja lima’ (regalo de Silvia), leyendo las memorias del creador del Chavo del Ocho (flojas, pero vienen con fotos y soy gran admirador del Chavo), leyendo la nueva novela de Montaner, ‘Otra vez adiós’, y releyendo una de Plinio que me gustó mucho, ‘Entre dos aguas’.

¿Es cercano a las redes sociales? ¿Cómo las administra?

No. No uso Twitter. Silvia administra mi Facebook. Yo prefiero leer periódicos y revistas, a la antigua, y si tengo algo que decir, decirlo por escrito en mis libros o en mis columnas o decirlo en televisión. No entiendo la fiebre del Twitter. Todos quieren contarnos algo, pero lo que nos cuentan son zarandajas, naderías autocomplacientes, memeces.

¿Cómo ha vivido de nuevo la experiencia de ser papá nuevamente junto a Zoe, su hija?

Con una gran alegría y una profunda gratitud a Silvia y a los dioses que nos dieron a Zoe. Es la luz que guía mis pasos. Sin Silvia y Zoe estaría perdido. Todas las tardes nos volvemos niños los tres y saltamos en el saltarín y cuando hay buen tiempo nos bañamos en la piscina y es la felicidad en estado puro. Cuando me enamoré de Silvia le pedí que tuviéramos un hijo y ella accedió, se resignó, y nos fue dada una hija, mucho mejor, y ahora la felicidad es completa.

¿Está planeando un nuevo libro? ¿Qué proyectos futuros tiene?

Sí. He escrito una novela sobre la política, sobre el poder, sobre la televisión. Creo que ha quedado más o menos bien. Estoy impaciente por publicarla este año.

Fuente: Elheraldo

EA

Compartir



 
 
 
 
 
 
 
 

Comentarios