Los ciudadanos y empresarios pagarán los platos rotos de la devaluación


Imagen de José Antonio Puglisi

A los venezolanos les espera un complicado año 2013. El gobierno de Hugo Chávez ha aprobado la devaluación de la moneda nacional, pero no está dispuesto a asumir las consecuencias negativas que la medida acarrea. Los “revolucionarios” prefieren dejar que el peso recaiga sobre la población y el sector empresarial, mientras se desvinculan de todos los aspectos que puedan desprestigiar su popularidad.

Temerosos del voto castigo, el Gobierno ha esperado hasta el primer puente del año para anunciar la devaluación, impulsados por la certeza de que los venezolanos estarán más concentrados en viajar a la playa que en evaluar los efectos negativos que tendrá la medida económica en sus bolsillos. Lamentablemente, no se han equivocado. El litoral del país se ha vuelto a llenar de visitantes y sólo algunos han decidido tomar cartas en el asunto por medio de compras desesperadas antes de que los precios vuelvan a aumentar. Sin embargo, la popularidad del Gobierno, o al menos la del presidente Hugo Chávez, parece permanecer intacta.

Ahora, los días de playa han terminado y los venezolanos vuelven a su cotidianidad con un salario mínimo que, ya insuficiente, se ha visto aún más reducido por la devaluación. Específicamente, el sueldo de los ciudadanos se ha contraído en un 32%, pasando del equivalente a 476 dólares a 325, tal como explica el director de Econométrica, Henkel García.

A pesar de que se comente que el poder adquisitivo se recuperará a mediados del año con el aumento salarial (que suele oscilar entre el 20% y 25%), la realidad es otra. La tasa inflacionaria se acelerará con rapidez durante 2013, lo que consumirá el bolsillo de los trabajadores y les obligará a seguir haciendo malabares con las cuentas para poder llegar a fin de mes. Por ende, la población venezolana será la más afectada por una medida económica que ha sido causada por el propio gobierno y su errada decisión de mantener un control de cambio por una década.

Conscientes de que la población no podrá hacer frente a la fuerte inflación prevista para 2013, los “revolucionarios” también harán que las empresas privadas paguen los platos rotos. El ministro para Industrias y vicepresidente para el Área Económica Productiva, Ricardo Menéndez, aseguró que no existen motivos para que las empresas deban ajustar sus precios para la venta al público. En otras palabras, el sector productivo deberá asumir el aumento de los precios en sus cuentas, perdiendo dinero y obligándoles a hacer recortes en otras áreas como la plantilla (que aumentaría la tasa de desempleo) o el cierre de las cadenas de producción menos rentables (que también tendría su efecto en el desabastecimiento). Todo para evitar una subida natural en el valor de los productos por la depreciación del Bolívar.

Las empresas extranjeras no estarán exentas. La devaluación menguará las ganancias de las compañías norteamericanas y europeas, al recibir menos dólares por cada bolívar que ganan. En este sentido, las firmas internacionales han comenzado a tomar medidas al respecto, dentro de las pocas oportunidades existentes dentro de los férreos controles. “Nosotros creemos que la mayoría de los inversores se había estado preparando para una devaluación, aunque pensamos que los controles de precios limitan la capacidad de maniobra durante esta devaluación en relación a las anteriores”, dijo Ian Gordon, un analista de S&P Capital IQ.

La noticia, que aún no ha mostrado sus primeras consecuencias negativas, desanima a la ya escasa inversión extranjera que tiene Venezuela. Los expertos aseguran que, al menos que ocurra un cambio drástico en las políticas estatales, la economía nacional seguirá condenada al fracaso. "Hasta que haya un cambio en la naturaleza del régimen en Venezuela, no sólo de persona, sino de naturaleza, posiblemente vamos a ver que el valor de la moneda seguirá cayendo", explica el profesor de la Universidad de Maryland y ex funcionario de alto rango de la Comisión Internacional de Comercio, Peter Morici.

Sin un cambio real, las medidas económicas podrían impulsar a que los grandes grupos multinacionales alcen sus velas y naveguen hacia mercados más tranquilos dentro de la región latinoamericana, tales como Colombia, Chile o Brasil. No sería la primera vez, ya que hace menos de un año, la reconocida marca de juguetes Mattel optó por salir del país. Pasos que otras firmas norteamericanas como Colgate, Avon y Procter & Gamble podrían seguir.

La población y el sector empresarial parecen estar dispuestos a pagar, una vez más, los platos rotos de la devaluación. Mientras ambos arrastran con este peso, el Gobierno se ha lavado las manos de su responsabilidad en el empobrecimiento de la población y el declive de la economía. Lo que le permite a los “revolucionarios” seguir jugando con la delicada vajilla de las finanzas nacionales, con la certeza de que nada pasará si se vuelve a caer otro plato… en fin de cuentas, ya habrá otro que lo pague.

@JosePuglisi

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