Una mala pasada

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La capacidad de Chávez para reinventarse se agotó. Le quedará ­si acaso­ uno que otro recurso efectista, para ver a quién manipula con el tema de la enfermedad para que le perdonen el estrepitoso fracaso de su gobierno. Podrá vestirse como el Nazareno de San Pablo y entrar arrodillado a la Basílica de Santa Teresa en Semana Santa, pero será otra de sus farsas mal interpretadas. Más de lo mismo en esta comedia humana. Ese modelo, que le resultó exitoso en el pasado, de tanto usarlo se ha caricaturizado. Acostumbrado al exceso de embelecos de sus siervos e incensarios, tuvo que acusar los golpes que significaron los reclamos bien fundamentados de diputados opositores en la maratónica rendición de la Memoria y Cuenta, en la Asamblea Nacional.

Como se siente tan sobrado y confiado, nunca esperó que le jugaran una mala pasada y que una diputada “fuera del ranking”, como María Corina Machado, lo confrontara y espetara lo que casi todo el país quería reclamarle. Lo hizo de forma oportuna e impecable, en legítima representación de sus electores, de las madres a quienes el hampa impune les ha arrebatado a sus hijos y de los ciudadanos despojados de sus propiedades. De las diez horas de incalable tortura en cadena nacional, bastaron esos tres minutos de la diputada y precandidata para poner en evidencia la dimensión del engaño gubernamental y dejar al mandatario descentrado, sin capacidad de respuesta.
Encorsetado en su traje oficial, serio y desconcertado detrás de la sonrisa, Chávez tuvo que contener las muecas de rabia y se lanzó con unas palabras tan vacías de contenido y degradadas, como las del refrán rebajador al que apela cuando se queda sin argumentos y necesita despachar cualquier asunto incómodo con una dosis de maltrato: “Águila no caza moscas”.
Hugo Chávez nunca reconocerá sus fracasos y errores, sabemos lo que hace siempre: escudarse en la ignorancia del pueblo y culpar a la cuarta república, al imperio, al capitalismo, a la oligarquía, a los obispos, a la prensa, a los traidores que quieren derribarlo.
Cuando lo desenmascaran, como hizo María Corina ­que se destaca entre la blandenguería imperante en la oposición­ desata la cacería de brujas. Es la respuesta de la mediocridad.
Frente a los hechos, esperemos que la bancada de oposición defienda la inmunidad parlamentaria, que pretende ser abolida, al imponer sanciones a la valiente diputada María Corina Machado.

Ficha de los Castro

La toma de posesión del nuevo ministro de la Defensa, general Henry Rangel Silva ­el lunes 16­, fue pospuesta debido al decaimiento del presidente Chávez. Después de la sesión del viernes pasado, agarró cama y no precisamente por dolor en los pies. Los cubanos se quedaron esperándolo en La Habana para un chequeo médico, pero decidió quedarse hasta sentirse mejor.
Rangel Silva viene esperando su toma de posesión desde julio del año pasado, cuando desplazó en funciones al ministro Mata Figueroa, en la oportunidad de acompañar a Chávez en las intervenciones quirúrgicas en Cuba; allá, Rangel Silva recibió instrucciones directamente de Fidel y Raúl Castro. Es uno de los hombres para retener el poder en Venezuela, a pesar de que el rechazo a los cubanos se incrementará mucho más en la Fuerza Armada si Chávez es obligado ­por razones de salud­ a abandonar la Presidencia.
Mata Figueroa les quitó poder a los militares cubanos e impidió que maltrataran a los oficiales venezolanos, su salida fue ordenada por los Castro para impedir que tomara una posición institucional el próximo 7 de octubre y asegurarse de que estuviera allí el hombre que afirmó no reconocer a otro comandante en jefe que Hugo Chávez.

Fuente: El Nacional