Marranos inmortales, prósperos y exitosos


Imagen de Martha Colmenares

¿Qué ha sido para mí lo más grotesco este 2012? Ni siquiera en orden de lo divino o lo pastoral y hasta lo milagroso en su vida ahora toda una fábula de nunca acabar, serían para resaltar. Para mí, en este 2012, lo de llamar “cochinos” a los opositores por parte de Chávez para insultar en uso de una gestualidad nada agraciada, además, tiene calificación de sobresaliente por lo grotesco. Me causa una repulsión terrible. No creo yo que puedan causar efectos distintos en las demás personas.

“Mi misión va a ser quitarte la máscara, majunche (poca cosa), porque por más que te disfraces, majunche, tienes rabo de cochino, tienes orejas de cochino, roncas como un cochino: eres un cochino". Así le dijo Hugo Chávez a su contrincante Capriles en la campaña electoral.

Ya cuenta en el haber histórico de Chávez su gusto por usar lo escatológico y la fauna para referirse a la oposición (“un lobo vestido de caperucita” o que la burguesía “es como la boa, te marea primero, te envuelve y te tritura”). La insistencia en llamarnos “cochinos”, eso viene de la campaña electoral del 98 cuando le dieron el cheque en blanco.

Lamentablemente la demagogia toma su tiempo en ser descubierta, y mientras eso sucede, ocurren tragedia tras tragedia y miles o millones de personas son gravemente perjudicadas. Tomemos en cuenta que esa demagogia funciona sólo a través del odio, echarle la culpa a las víctimas fáciles: "Si los judíos son impopulares, entonces vamos a echarles la culpa de todo lo malo que está pasando". "Si hay adversarios con cierta popularidad, pues a esos hay que enlodarles la reputación para que mi gente los repudie, y quemarlos en la hoguera de alguna forma, preferiblemente echándoles la culpa de algo"; ahora, que en verdad tengan que ver con las cosas que se les acusan, es asunto irrelevante.

Es así como, entre toda clase de epítetos, insultos, descalificaciones harto conocidos, contra la opositores, contra los venezolanos cívicos, se impone uno de los perjuicios predilectos de este tipo de autoritarios de origen popular, la de utilizar su capacidad de comunicación para difamar, insultar y destruir la reputación de los adversarios.

Me ha parecido oportuno sacar a relucir aquella respuesta de hace unos años del periodista Rodolfo Schmidt (su columna en Noticiero Digital que aun conservo), cuando nos volvió a llamar “cochinos”, otra vociferación más contra nosotros los opositores.

Aparte de quedar como un desinformado, “que ni conoce lo que es la simbología del cochino, es decir, del cerdo”; incluso, termina por exponerse a hacer el ridículo.

“Y aunque para los judíos es un tabú, entre otras muy respetables razones de su religión, porque el emperador Adriano fue capaz de colocar a la entrada de Belén, un cerdo esculpido de mármol, mostrando así que ellos estaban bajo el poder del Imperio Romano; tampoco es menos cierto que en Oriente, el cerdo es señal de buenos augurios y los antiguos helenos representaban al héroe con la cabeza de un puerco. Pero no hace falta irse tan atrás para encontrar a marranos inmortales, prósperos y exitosos. España por ejemplo, produce anualmente millones y es por ello, una potencia dentro de la Unión Europea. Con jamones y salchichas exquisitas”.

“Cuentan que uno de los más seguros regalos con que el servicio español diplomático cumplimenta a las visitas oficiales es un buen jamón de pata negra. En el mundo, grandes y sencillos comensales enloquecen en busca de un buen pernil o un lechoncito. Tanto que la amargura enceguece, que no sabe él tampoco que “Los Tres Cochinitos”, es la más divulgada de todas las historias: “Érase una vez tres cerditos que vivían en el bosque. Como el lobo no dejaba de perseguirlos para comérselos, el mayor decidió construirse una casa de ladrillos…”

Y a fuerza de inteligencia y constancia, lograron salvarse de su persecución: “…el lobo decidió entrar por la chimenea, ¡que estaba encendida! ¡Y, así se cayó en el agua hirviendo y se quemó!... Se salvaron y el lobo se llevó un buen escarmiento.”

Los cerdos alcanzan la categoría de “héroes de papel” hasta llegar al más famoso de todos, nuestro querido Porky. Siguiendo la senda, la publicidad ha tenido en los gorrinos un tema de inspiración. Sobre todo a partir de 1995, cuando se estrenó Babe, el cerdito valiente...” @Marthacolmenare

http://www.marthacolmenares.com/

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