Ayuno y abstinencia


Imagen de Angeles Espinosa

Ya está aquí Ramadán, el mes de ayuno y abstinencia musulmán, que tantas expectativas despierta entre los practicantes del islam y tanto estupor nos produce a los demás. ¿Cómo es posible dejar no ya de comer sino de beber durante casi 15 horas con temperaturas que en estas latitudes rondan los 50º C?(Además, hay que abstenerse de mantener relaciones sexuales, fumar o albergar malos pensamientos desde la salida hasta la puesta del sol). Pues hay millones que lo hacen, e incluso con alegría. Ya dijo alguien que la fe mueve montañas.
Falta de fe para sufrir tal privación, aspiro al menos a moverme con tiento en unas sociedades en las que el fenómeno religioso traspasa el ámbito de lo cultural y alcanza la normativa. Y eso cambia en cada país. No es lo mismo pasar el mes de ramadán en Egipto que en Arabia Saudí, en Irán que en Emiratos Árabes Unidos (EAU), pero en cualquier lugar hay que mostrarse respetuoso con las costumbres locales. Así que para entender mejor el asunto, la semana pasada me apunte a un seminario titulado Etiqueta durante el Ramadán.

Nasif, un simpático voluntario emiratí del Centro Jeque Mohamed para el Entendimiento Cultural (SMCCU, en sus siglas inglesas), nos explicó que el siyam, o ayuno, es uno de los cinco pilares del islam (junto a la profesión de fe, la oración, la limosna y el peregrinaje). Subrayó que no se trata de una tortura, sino de un ejercicio de autocontrol del que están exentos niños, embarazadas, ancianos y enfermos; también quienes están de viaje, aunque tienen que recuperar luego los días que se han saltado.
Hasta ahí lo sabido, pero ¿por qué tiene que respetarlo todo el mundo, creyente o no, practicante o no?, pregunta alguien.
“No está prohibido que quien lo desee coma o beba, sino hacerlo en público, a la vista de quienes seguramente están ayunando”, aclara Nasif.
De hecho, en EAU, a diferencia de Arabia Saudí o Irán, es posible encontrar un restaurante abierto, aunque con las cortinas echadas, prácticamente en todos los centros comerciales y hoteles internacionales. Sin duda tiene que ver con el hecho de que gran parte de los extranjeros que viven aquí no son musulmanes y con que el país ha hecho una apuesta por atraer turistas, muchos de los cuales sólo se enteran de la festividad por las banderolas que decoran las tiendas.
Como sucede en los países occidentales con las fiestas cristianas, el comercio no puede resistir la tentación de sacar tajada de la celebración. Desde los anuncios de dátiles, el producto por excelencia para romper el ayuno, hasta los dulces típicos de la festividad, todo llama al consumo. Incluso los restaurantes que han estado cerrados durante el día, ofrecen suntuosos iftar (literalmente desayuno, pero tras la puesta del sol).
¿Y los festines? ¿Por qué si ayunan muchos musulmanes dicen que engordan durante este mes?
Nasif admite que una cosa es la teoría y otra la realidad, y que la cultura y las tradiciones locales han impregnado la práctica religiosa en cada sociedad.Las visitas a familiares y amigos cercanos se han convertido en un imperativo, yqué mejor muestra de hospitalidad que un abundante ágape.
Recuerdo cuando vivía en El Cairo, que las noches de Ramadán me recordaban a las de Navidad. De hecho, en alguna ocasión coincidieron ambas celebraciones (ya que las festividades islámicas se rigen por el calendario lunar y por lo tanto varían de fecha, como ocurre con la Semana Santa) y terminé con un empacho monumental tras el intercambio de invitaciones. Los más puristas aseguran que ese no es el espíritu, pero a ver quién cambia las costumbres de los egipcios.
Sin embargo, en Irán, la ruptura del ayuno era más moderada y el ambiente menos festivo. También, ha sido el país en el que he encontrado un mayor número de exentos de ayunar por razones médicas o de otro tipo.
¿Y de qué sirve tanto autocontrol si al día siguiente algunos se duermen en sus puestos de trabajo?
Tal como Nasif responde con paciencia, eso es responsabilidad de cada cual y tiene mucho que ver con su disciplina en horarios y comidas. Aunque lo aconsejable sea no variar demasiado las costumbres y no hacer ingestas opíparas cada noche, la realidad es que la privación de alimento y bebida durante el día marca un ritmo distinto, y la actividad social se concentra tras la puesta del sol prolongándose en ocasiones hasta el amanecer. Las autoridades reconocen ese hecho ya que, al menos en EAU, reducen en dos horas la jornada laboral de todos los trabajadores, musulmanes o no.
¿Puedo tomarme mi café de media mañana o mi botellín de agua delante de un colega que está ayunando?
“Pregúntele. No asuma nada. Cada uno somos un mundo y sólo nos representamos a nosotros”, aconseja Nasif. “Tal vez su colega tenga una fuerza de voluntad de hierro y no le importe; tal vez no pueda soportar el aroma del café y eso le ponga de mal humor, o tal vez no esté ayunando. Sólo si le pregunta podrá saberlo”. Eso sí, si en su empresa o entre sus clientes hay musulmanes, resulta conveniente no organizar almuerzos de trabajo durante este mes, y evitar las reuniones a partir de las cinco de la tarde porque quienes ayunan querrán llegar a su casa a tiempo para hacer la comida con su familia.
¡Ah! Y si le invitan a un iftar, no lo dude, acepte. Es una excelente ocasión para el intercambio social y cultural. Pero lo más importante es no estar en la carretera en la media hora previa al fin del ayuno. Si usted vive en un país de mayoría musulmana, sabrá por qué lo digo.
¡Feliz Ramadán!

Fuente: http://blogs.elpais.com/a-vueltas-con-el-golfo/2013/07/ayuno-y-abstinenc...

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