Minicrónicas de la Venezuela de Hoy


Imagen de Thaelman Urgelles

Hay un restaurant en una suerte de pasillo techado del teatro Teresa Carreño donde por una módica suma se puede almorzar adecuadamente, con un servicio tipo comedor público donde haces una cola con tu bandeja y los empleados te van sirviendo la sopa, el seco, pan y hasta postre y un jugo. Allí convergen los mediodías numerosos profesionales de la cultura: actores, bailarines, músicos, profesores y alumnos de la Unearte.

La semana pasada, estando el restaurant repleto al mediodía, llegó un hombrón moreno con casco de motorizado e increpó en la cola a un hombre también alto pero más delgado y elegante, con el cabello un poco claro. Los hombres discutieron, hasta que el moreno de casco tomó de la chaqueta al semi-rubio y lo lanzó hacia las mesas del comedor; el otro se defendió, lo cual generó una feroz pelea callejera que echó por el suelo mesas, sillas, platos de comida y jugos de todos los sabores. Los comensales se echaron aterrados a un lado, sorprendidos por la violencia de la refriega, apartando incluso algunos coches de niños que acompañaban allí a sus madres.

El cansancio de los contendientes produjo una pausa que permitió a algunos testigos interponerse entre ellos para dar fin a la riña. Pero los hombres seguían diciéndose insultos, en particular el hombre de casco que había iniciado la lucha. La paz duró apenas unos minutos, pues nuevamente el del casco acometió contra su rival, lo cual desató un desastre similar al anterior. De pronto uno de los presentes, un artista cercano a los 60, emitió el grito más enérgico que pudo expeler su fuelle: “¡Baaasta, carajooo! La pelea se detuvo nuevamente y algunos atrevidos se interpusieron entre los rivales. Alguien entretanto (¿la seguridad del Teatro?) había llamado a la policía, cuyos agentes arribaron a tiempo para restaurar el precario orden. Mientras era interrogado por los agentes policiales, el hombre del casco tuvo tiempo para mirar al artista que había gritado, con el amenzante rostro de “te reconozco”.

Terminadas las preguntas, los agentes policiales se llevaron detenido a uno de los dos peleadores. Adivinen a cuál: acertaron, arrestaron al hombre medio rubio y más elegante que se encontraba en su cola cuando vino a insultarlo y agredirlo el moreno de casco, quien pudo retirarse libremente.

Ante la sorpresa indignada de algunos comensales, otros dieron la razón a la policía y añadieron condenas a la actitud del agredido-detenido. Quien me lo contó nunca supo lo que recabaron los policías en sus interrogatorios, sólo refirió su impresión por las cosas que están pasando en esta Venezuela de hoy, cuyas minicrónicas iré relatando en estas notas exclusivas para El Diario de Caracas a medida que las reciba de los compatriotas amigos que se arriesgan en nuestras calles. Agradeceré a quienes me envíen relatos por el estilo a mi cuenta de Twitter. @TUrgelles

Fuente: http://www.diariodecaracas.com/blog/thaelman-urgelles/minicronicas-la-ve...

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