Venezuela en la deriva autoritaria


Imagen de Gustavo Palomares Lerma

Los sectores políticos y militares más duros y sectarios marcan el paso al nuevo y discutido presidente. Palabras sabias señalan que en los últimos tiempos hemos bajado mucho el precio para los gobiernos y sistemas que limitan la libertad fingiendo una aparente práctica democrática. Y la verdad es que después de haber pasado algunos años -demasiados-, exigiendo democracia y libertad; ahora, ante estas situaciones de "maquillaje" político, toca defenderlas sin excusas y desde una corresponsabilidad ética continental y mundial. También en aquellos casos que hacen de la democracia formal una máscara para dictaduras encubiertas; esas "dictaduras plenamente democráticas" [sic], incluso con voto automático.

La suspensión del Estado de Derecho en Venezuela y las prácticas camorristas contra los diputados y portavoces de la oposición, no solo son fruto de la deriva autoritaria del presidente Maduro y del PSUV, sino que principalmente son consecuencia del terror a la pérdida del poder y de los distintos métodos para mantenerlo: antes, con la utilización de todos los medios para ganar las elecciones por cualquier vía; después, eliminando la voz y la palabra de todos aquellos que reclaman limpieza en el juego político.

La gestión de Maduro antes y después de las elecciones, dilapida la herencia de Chaves y provoca la pérdida del apoyo de amplios sectores que siguieron de forma incondicional al "líder eterno"; el único capaz de poner orden entre huestes tan diversas. Una parte significativa de éstos, consideran que su desaparición ha sumido al país en la anarquía y ha propiciado el "vale todo" en la lucha de las distintas "familias de intereses" chavistas para mantener las prebendas conseguidas. Muchos, ya no dieron su voto a Maduro previendo lo que se venía encima, y son una porción significativa de esos 800.000 votos perdidos por el movimiento en seis meses.

Ha sido poco inteligente participar en esta carrera hacia la radicalización, especialmente por parte del "núcleo duro" más combativo en gobierno y partido, despreciando la posibilidad de mínimos “puentes” en el diálogo poselectoral que evitara el enfrentamiento social, las muertes en la calle y esta grave crisis política y de legitimidad. Sin voluntad para negociar cualquier concesión que pudiera poner en peligro –aun siendo mínimo- una discutida victoria pero, siguiendo ese orden del discurso, victoria a fin de cuentas. Como mucho, después de una ardua división interna, decir primero que sí, luego que no y por último un sí pero no, a una auditoria limitada que así planteada, sirve más bien de poco. Ni tan siquiera para disimular el claro partidismo de los 4 Rectores de los 5 del CNE que, para que no haya lugar a dudas, se autodenomina poder electoral. Y verdaderamente lo es, al ocupar un espacio central decisorio y un exagerado protagonismo, sin parangón en ningún sistema electoral conocido.

Resultaría sugestivo para la Ciencia Política, si no fuera cruel y exagerado, reescribir el clásico de Curzio Malaparte, Técnicas del golpe de Estado, para incluir la solicitud de un "nuevo recuento electoral" en la tipología de métodos para violentar la legalidad constitucional, tal y como han denunciado algunos de los líderes oficialistas -entre ellos, el propio Presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello- entre vítores también de algunos académicos con intención declarada y forzados argumentos.

Parece claro que los sectores políticos y militares más duros y sectarios marcan el paso al nuevo y discutido presidente. Llegar a negar la palabra y agredir a los diputados de la oposición, la elaboración de más "listas negras" que amplían las anteriores existentes con "traidores" y “desafectos” del régimen, han sido pasos decisivos en la criminalización de la política y una prueba del desprecio absoluto por el entendimiento con los ajenos. Pero, a la vez, una muestra de autoridad para los propios ante las tentaciones de "mover ficha" como consecuencia del más que evidente fracaso electoral y de las críticas duras realizadas por algunas organizaciones dentro de la coalición de gobierno al grito de: "Algo habremos hecho mal". Ante el peligro de que se extienda esta crisis, la respuesta interna es clara: el "heredero proclamado" quiere afirmarse ahora como titular indiscutible e indiscutido del poder, aunque sea a sangre y fuego.

Gustavo Palomares es catedrático europeo en la UNED y presidente del Instituto de Altos Estudios Europeos. Ha sido miembro de la Misión Electoral Internacional en Venezuela.

Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2013/05/09/actualidad/1368...

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