La Nación: Críticas a Dilma Rousseff por su silencio frente a la crisis en Venezuela

Desde que los enfrentamientos de los manifestantes con las fuerzas de seguridad en Caracas sumaron los primeros muertos, la prensa, académicos y defensores de los derechos humanos en Brasil presionaron para que Rousseff tome una posición más activa en frenar la violencia. Sin embargo, hasta el momento, el gobierno brasileño se limitó a moverse dentro de los grupos regionales de la Unasur y del Mercosur, con comunicados conjuntos que han atribuido a los manifestantes "la intención de desestabilizar el orden democrático".

"Estamos siguiendo [los hechos] con atención, como los seguiríamos en cualquier país vecino. Tenemos la expectativa de que haya una convergencia dentro de un respeto a la institucionalidad, a la democracia", se vio obligado a decir el canciller Luiz Alberto Figueiredo esta semana, al recibir a su par británico, William Hague, que sí condenó con vehemencia la respuesta del gobierno venezolano a las marchas.

Dentro del propio Palacio de Itamaraty, la timidez de la política exterior provocó fuertes diferencias de opiniones, y hay diplomáticos que impulsan la idea de que Brasil envíe cuanto antes una misión mediadora. Aunque sea como la discreta labor que tuvo en 2002 Marco Aurelio García, el futuro asesor de asuntos internacionales de Lula, después del intento de golpe de Estado contra Hugo Chávez.

"Si el gobierno brasileño quiere ayudar a Maduro, mejor que le diga verdades obvias", escribió el respetado columnista Clovis Rossi en el diario Folha de S. Paulo, al hacer hincapié en la responsabilidad de Brasil para garantizar la paz en América del Sur.

"Llegó la hora de que los gobiernos de la región actúen para poner un punto final en la escalada de violencia, ayudando a restablecer el diálogo democrático. Muertes de manifestantes y encarcelamiento de líderes sólo agravan una situación ya muy difícil", señaló, por su parte, el ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

Según el director para las Américas de la organización no gubernamental Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, es sorprendente e inentendible que Brasil, con sus ambiciones de liderazgo a nivel global, no haga valer su influencia para detener la represión, censura, abusos y detenciones arbitrarias en Venezuela.

"Brasil es una potencia del mundo emergente que aspira a un rol global, que desde hace tiempo busca un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Pero un líder global no puede guardar silencio frente a estas violaciones a los derechos humanos en su propia región, es una gran contradicción en su política exterior y una falla política en su estrategia", señaló Vivanco a LA NACION.

Fuente: La Nación

DJ

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