Histórico rescate minero es un éxito: 33 hombres nacen de nuevo en Chile

Raúl Palma agregó en Copiapó, ya sin voz de tantos gritos. "Yo estoy festejando desde hace 48 horas, sin dormir. Esto es fútbol de verdad", agregó en medio de llanto y carcajadas.

Ahora resta, para terminar con el operativo final, sacar a los seis rescatistas que bajaron hasta la profundidad para colaborar con el rescate, y que deben salir en las próximas horas.

Apenas Urzúa llegó a la superficie, estos socorristas mostraron desde el fondo de la mina una pancarta que decía 'Misión Cumplida'.

Las autoridades, lideradas por el presidente Piñera e ingenieros y socorristas, se fundían en interminables abrazos, mientras en el Campamento Esperanza, instalado en las afueras de la minas, los familiares no tenían espacio en sus carpas para tanta alegría.

Uno de quienes más se emocionaba era el jefe de las operaciones de rescate, el ingeniero André Sougarret, quien fue el artífice de este esperado parto de la tierra, y que a veces no lograba contener las lágrimas al ver el nacimiento, uno a uno, de sus 33 'hijos'.

Los abrazos de los mineros con sus familiares iban acompañados de sollozos y suspiros que parecían haber estado guardados por mucho tiempo entre el cuerpo y el alma.

Fue un día largo donde uno a uno los mineros fueron sacados, sin que se presentaran problemas en el operativo.

Uno de los rescates más esperados fue el del ex futbolista y seleccionado chileno Franklin Lobos, de 53 años, a quien Piñera recibió en la boca del ducto. Lobos recibió un balón, que pateó dos o tres veces y luego abrazó al mandatario.

"Franklin, ganaste el partido de tu vida", le dijo Piñera.
Sin embargo, quien se robó la película fue Mario Sepúlveda, de 39 años, el segundo en salir, quien al emerger, con voz enérgica, gritó "¡viva Chile, mierda!, mismo grito que empleó el presidente tras la salida de Urzúa.

Trajo desde el fondo de la mina rocas que regaló a Piñera y al ministro Golborne, que lo aguardaban a la salida. "Estuve con Dios y estuve con el diablo. Me agarré de Dios, tomé la mejor mano. Siempre supe que Dios nos iba a sacar", dijo Sepúlveda, en único minero que ha dado una declaración a la prensa a la que pidió: "no nos traten como artistas ni periodistas; quiero que me traten como minero. Quiero morir amarrado al yugo".

El accidente ocurrió el 5 de agosto último en la minera San José, en pleno desierto de Atacama, 800 km al norte de Santiago, cuando los 33 mineros -32 chilenos y 1 boliviano- se preparaban para abandonar la faena, a 700 metros de profundidad.

De pronto, un potente ruido les advirtió que algo pasaba en niveles superiores. Un fuerte derrumbe había iniciado, levantando polvo, que no sólo les dificultaba la visión y la respiración, sino que les bloqueaba la posibilidad de regresar a la superficie.

Bajo el liderazgo del ministro de Minería, Laurence Golborne, se iniciaron estrechas perforaciones con máquinas de sondaje que normalmente se usan para buscar mineral.

Afuera las familias nada sabían del paradero de sus seres queridos. Hasta que el 22 de agosto, una de las perforadoras, usada normalmente para buscar mineral, halló vida.

Después de 17 días, emergió de las profundidades, amarrada a un tubo de la máquina, un mensaje que se convirtió en el mejor titular del mundo: "estamos bien, en el refugio los 33".

Desde ese momento, inició una titánica tarea para mantenerlos con vida y enviarles, a través de estrechos ductos y a más de 700 metros de profundidad, alimentos, medicinas, ropa y esperanza.

El rescate fue seguido en directo por millones de personas a través de CNN International, las británicas Sky News y BBC, las francesas iTele, BFM, la europea Euronews, la brasileña Tv Globo o Televisión Española, entre muchas.

El buen rumbo de la operación fue saludado por el Papa, el Departamento de Estado estadounidense, el Congreso español y la Unión Europea.

¡Misión cumplida!

Fuente: AFP

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