Este domingo el maestro Torrealba celebra sus 94 años con un concierto de la Orquesta Nacional Juvenil

Cumplirá 94 años el próximo domingo 20 de febrero. La ocasión será más que propicia para que la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela, bajo la dirección de Gustavo Dudamel, ofrezca un concierto en su honor, a las 11 de la mañana, en su sede de Quebrada Honda, con un repertorio que incluirá las canciones más representativas del autor de “Concierto en la llanura”, “La paraulata”, “La potranca zaina”, “Junto al jagüey”, “Rosario”, “Campesina”, “Sinfonía del palmar”, “Esteros de Camaguán” y otras muchas. El maestro revela que ese día escucharemos también su poco conocido “Concierto a Caracas”, una obra sinfónica que a quienes la hemos escuchado nos emociona, por su buen nivel, digno de quien, como él, es patrimonio y orgullo de todos los venezolanos.

A sus 94 años está tan lúcido y activo, que trabaja afanosamente en un audiolibro, titulado “El llano de Juan Vicente”, narrado y grabado por él mismo, con fotografías que realizó en diferentes épocas del llano (hay que recordar que también es fotógrafo profesional), en el cual cuenta sus vivencias en el hato Banco Largo, donde vivió su infancia, adolescencia y juventud, hasta que se vino a Caracas a probar suerte con su música.

Los inicios en Caracas

Al llegar a la capital, lleno de sueños y proyectos, tuvo la suerte de conocer al empresario Alejandro Hernández, fundador de las Empresas Pampero. “Fue en el momento más difícil de mi carrera, cuando empezaba, en 1952. Él me tendió la mano. Para esos días, ya tenía mi conjunto, Los Torrealberos, y entonces usaba dos cantantes: uno completamente típico, Ángel Custodio Loyola, pues en esos inicios yo le daba cabida a la música recia del llano; y a una cantante de estilo más estilizado, que yo consideraba ideal, pues era como debía cantarse nuestra música. Hablo de Magdalena Sánchez, a quien don Alejandro apreciaba muchísimo”.

Relata el popular músico y compositor, que para esa época llegaba a Maiquetía, todos los miércoles, un avión repleto de turistas, casi todos estadounidenses, y dentro del programa de visitas figuraba el Rancho Pampero, que estaba ubicado en Chacaíto. “Ese lugar era una preciosidad. Don Alejandro mandó a traer del llano la penca de palma y todos los materiales apropiados para el techo e hizo un caney enorme, fabulosamente bello”. Pues bien, el emprendedor y recordado hombre de negocios, creador de las consignas “Compre venezolano” y “No importa dónde se nace, sino dónde se lucha”, contrató al novel artista para que animara las veladas de los miércoles dedicadas a los norteamericanos visitantes. Allí definiría el estilo que lo haría famoso.

“Empezábamos nuestra presentación tocando instrumentales y me rodeaban entre 80 y 100 turistas, fascinados con el sonido del arpa, el cuatro, las maracas y el bajo. Después cantaba la negra Magdalena un pasaje como “María Laya”, y quedaban cautivados. Cuando venía la parte de Loyola y su canto recio, no quedaba ni un musiú por todo aquello. Eso me orientó a mí. No me gustaba mucho lo recio, y a los caraqueños tampoco. Nunca les ha gustado. Aceptaron la música estilizada, que fue hacia donde finalmente incliné mi estilo. Y todo eso ocurrió allí, en el Rancho Pampero, donde estuve tocando, todos los miércoles, durante muchos años”.

Los años estelares

Aunque creció y vivió su infancia y adolescencia en el llano, Juan Vicente Torrealba nació en Caracas. “Mi familia venía a la capital a pasar cortas temporadas y en una de ellas nací yo, el 20 de febrero de 1917, cerca del Nuevo Circo, entre las esquinas de Tejar y Rosario. A los ocho meses, me llevaron al llano, al hato Banco Largo, cerca de Camaguán. Ese hato lo fundaron los Torrealba, venidos de España antes de la Independencia, y nosotros, los Torrealba Pérez, éramos la octava o novena generación”.

¿Qué puede decirnos de esos años?

- Que yo nací con la música llanera ahí. Nos dormían con música de arpa, cuatro y maracas. Recuerdo que tendría yo ocho años, cuando un tío, el hermano menor de mi madre, nos llevaba a un sitio en Camaguán, a orillas del río, donde se formaban fiestas con cantantes e intérpretes llaneros. Yo me sentaba al lado de la pista, y me quedaba extasiado oyendo y empapándome de buenos artistas.

Ya en aquel momento, había regresado de Caracas, donde pasó unos pocos años en el colegio. “Pero no aprendí nada, yo llegué hasta quinto grado. Luego me llevaron para el hato y empecé a trabajar caballos. Mi hermano mayor se ocupaba del ganado y yo de los caballos, de asegurarlos, porque eran salvajes. Además, aprendí a tocar la guitarra. Así estuve hasta 1948, cuando decidí venirme a la capital con la finalidad de hacerme una economía propia, pues lo que producíamos en el hato era de varios hermanos”.

María Luisa Escobar lo impulsó

A sus 94 años, el maestro Torrealba rememora el pasado con lujo de detalles, con una memoria admirable.

“Empecé en 1949 en la Radio Nacional de Venezuela, tocando guitarra. Interpretaba música llanera y valses tradicionales, como Adiós a Ocumare. Allí conocí a una gran dama, doña María Luisa Escobar, entendida en música, compositora y encargada de las relaciones públicas de la radio. Ella me dijo: ‘su música es muy bonita profesor -así me llamaba-, pero usted debe darla a conocer’. Entonces me regaló un acetato de 12 pulgadas y dio la orden para que grabaran esa noche lo que yo quisiera. Me llevé a mi hermano Arturo, que estaba estudiando, y a mi hijo Santana Torrealba, que tenía 9 años. Toqué un pajarillo y un carnaval instrumental, de cuatro, guitarra y maracas. Allí nacieron Los Torrealberos”.

Al terminar la grabación, acudió presuroso a su casa de Los Chaguaramos, donde tenía un buen aparato de sonido, y quedó maravillado. “Por primera vez en mi vida me oí. Estuve como hasta la tres de la madrugada poniendo una y otra vez el acetato”.

¿Y cómo llega a tocar el arpa y deja la guitarra?

- Por consejo de la misma María Luisa Escobar. Ella me convenció de que esa música lo lógico era que se tocara con arpa, en lugar de guitarra. Yo había dejado un arpa en el hato Banco Largo y la fui a buscar. Aprendí en el llano a rasgarla, pero era algo elemental, muy poquito. Estuve como dos semanas practicando, porque conseguí un contrato en Radio Caracas Radio, para el programa “Llano adentro con Los Torrealberos”. Aprendí a tocar sobre la marcha, yo fui mi propio maestro, y así afloraron las composiciones que luego serían populares.

Éxito tras éxito

Una de sus primeras creaciones fue la que, sin lugar a dudas, ha sido una de las más celebradas, nacional e internacionalmente: Concierto en la llanura. “Después vinieron las cantadas. Para ello, usé cantantes como Mario Suárez, que ha sido un intérprete extraordinario. Su voz para las tonadas, como “Campesina”, “Madrugada llanera” y “La paraulata” es sencillamente increíble, no hay nadie que lo supere. Después tuve también a Rafael Montaño en los ritmos “cortados” y luego a Héctor Cabrera, en los temas más poéticos. Por mi grupo pasaron también mujeres, como Marisela, Pilar Torrealba -que no tiene nada que ver conmigo, pues es de Barquisimeto- y Rudy Hernández, quien viajó conmigo para una gira por España.

¿Las canciones de esa etapa que pegaron más fuerte?

- La primera fue “Rosa Angelina”, que cantaba Mario Suárez. Pero todo lo que yo componía pegaba. Los años 50 fueron míos, con canciones como “Desilusión”, “La potranca zaina”, “Rosario”, “Muchacha de ojazos negros”, “Junto al Jagüey”, “Sabaneando”, “Solo con las estrellas”… lo que componía gustaba, y entre ellas hay varias dedicadas a regiones venezolanas, como “Valencia”, “Barquisimeto”, “Guayanesa” y “Esteros de Camaguán”. Fueron muchas.

Luego de esa etapa estelar, en 1960 conoció a “la potra zaina”, como califica pícara y cariñosamente a su esposa Mirtha, presente en la entrevista, “que ha sido fundamental en mi vida. Con ella empezamos a viajar y nuestras presentaciones, más que en Venezuela, transcurrían en países como España, México, Colombia e Inglaterra, entre otros muchos. Ya a estas alturas había madurado como concertista, por lo que mi repertorio desde entonces, más elaborado, es predominantemente instrumental”.

“¿Que si he influenciado a otros compositores? Yo creo que sí. Chelique Sarabia lo dijo abiertamente. Él me contó que cuando se quiso meter a compositor, no sabía qué hacer con la métrica. Entonces agarró una canción mía, “Isabel”, le quitó la letra, le hizo otra y después le quitó la música y le adaptó la de él. Así nació “Cuando no sé de ti”. Y Hugo Blanco, lo vine a saber ahora después de viejo, es una de las personas que más me admira. Yo a ellos dos los aprecio mucho”.

Juan Vicente Torrelba

Aquilino José Mata
Informe 21