Un fármaco para evitar abortos multiplicó el riesgo de cáncer en las hijas de las mujeres tratadas

En 1971 este estrógeno sintético fue catalogado como cancerígeno, pero hasta ese momento entre 5 y 10 millones de embarazadas y sus bebés estuvieron expuestos al fármaco.

Investigadores del Instituto del Cáncer de Estados Unidos han estudiado el efecto en aquellos niños y publican sus conclusiones en el «New England Journal of Medicine». Los resultados tras estudiar a 6.500 mujeres muestran un mayor riesgo de infertilidad, cáncer de vagina, de cuello de útero, de mama y otros carcinomas por su exposición en el útero. En el caso del cáncer vaginal, un tumor raro llamado adenocarcinoma de células claras, el peligro se multiplica por 40 y se duplican las posibilidades de tener un hijo prematuro.

Aunque este cáncer solo se desarrolla en un porcentaje muy pequeño, las niñas expuestas durante su gestación deberían ser vigiladas desde la infancia, porque solo si es detectado a tiempo se tienen posibilidades de curación.

El DES ha formado parte de la composición química de varios fármacos utilizados en ginecología. Se comercializó bajo muchos nombres comerciales y en varias formas, en pastillas, cremas y óvulos vaginales. También se utilizó como sustancia de engorde artificial para el ganado por lo que existe preocupación por su efecto a través de la ingesta de carne.
La FDA, la agencia estadounidense del medicamento, fue la primera en vetar el uso del dietilestilbestrol. Fue el primer producto hormonal catalogado como cancerígeno humano. Lo hacía después de que varios estudios científicos advirtieran de los riesgos. El primero, en 1953, advertía que no solo no servía para evitar abortos involuntarios, sino que el tratamiento hormonal favorecía los partos prematuros. Tuvieron que pasar casi veinte años para que varios casos de cáncer de vagina y de cuello de útero en chicas y mujeres jóvenes llamaron la atención de las autoridades. En todos los casos sus madres habían recurrido al tratamiento hormonal.

El peligro en los varones
Aquellas pacientes eran adolescentes o muy jóvenes cuando fueron diagnosticadas en los años 60, sin embargo este último estudio muestra que el riesgo continúa en la edad adulta, al menos hasta los 40 años.

La investigación no evalúa a los hijos varones que estuvieron expuestos en el útero, aunque también se han visto efectos secundarios en ellos. Otros trabajos previos apuntan a una menor fertilidad en estos chicos y más anormalidades en el aparato genital y urinario.

Fuente: http://www.abc.es/20111005/sociedad/abci--201110052107.html

DJ

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