Las aplazaron y trataron de envenenar a la profesora: tienen 8 y 9 años

Intentaron envenenar a su maestra de sexto grado sólo porque las había suspendido y si no lograron su propósito fue porque una de las pequeñas se arrepintió en el último minuto y confesó.

Las estudiantes se presentaron el martes al colegio público Arboleda con sus rostros inocentes pero con la determinación de vengarse de la señora.

Era la coordinadora de su clase y la responsable de dar varias asignaturas, entre las que figuraban las matemáticas, al parecer, las que más detestaban. Las menores iban mal en el curso, habían sacado malas notas y pensaron que la profesora era la culpable del desastre.

Por eso el plan consistía en reunir entre todas medicamentos que encontraran en sus casas y que mezclados y disueltos en una bebida pudieran ser letales.

Compraron un yogur líquido con la intención de ofrecérselo a la profesora. Escondieron las pastillas ya trituradas y esperaron el momento adecuado.

Pero antes de consumar su venganza, una de las niñas se debió asustar y corrió a buscar a la víctima. Descargó su conciencia y la mujer, alarmada, fue al despacho de la directora del centro educativo para que tomaran medidas.

Llamaron a la Policía de Infancia y Adolescencia, y para sorpresa de los agentes, después de revisar las carteras y mochilas de las seis colegialas, encontraron las medicinas.

El coronel Flavio Mesa, comandante de la Policía de Cundinamarca, pidió a los padres que estuvieran más pendiente de sus hijos para evitar que lleguen a tomar acciones tan graves.

Al tratarse de menores de edad, lo primero que hicieron los agentes fue ponerlas a disposición del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), para que les preste asistencia psicológica tanto a las niñas como a sus padres.

También convocaron al Secretario de Educación del ayuntamiento de Facatativá, Juan Carlos Buitrago, para decidir entre todos los pasos a seguir.

Reunieron a los progenitores del resto de estudiantes para analizar el hecho y hallar salidas a una situación que no es aislada puesto que cada vez son más comunes los actos de violencia de distinta índole en los colegios, máxime si son públicos y se encuentran en barrios marginales.

Hace unos días, un niño de 11 años murió en Medellín tras recibir una paliza de sus compañeros, si bien la autopsia reveló que no falleció por los golpes sino por un mal congénito. Lo peor fue que los agresores y sus familias tuvieron que abandonar el barrio porque les amenazaron de muerte.

Sobre qué pasará con las niñas, Buitrago aseguró que les preocupa su futuro, no sólo desde el punto de vista psicológico, "y vamos a realizar con Bienestar Familiar y las secretarías los seguimientos para salvaguardar su integridad".

Fuente: http://www.elmundo.es/america/2012/05/03/colombia/1336059058.html

DJ

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