Atrapadas tras explosión, las trabajadoras domésticas quieren volver a casa

Atrapadas tras explosión, las trabajadoras domésticas quieren volver a casa

La joven Magret, de 25 años y procedente de Kenia, se quedó sin empleo después de la explosión en el puerto de Beirut que destruyó la casa en la que trabajaba para libaneses. Ahora, acampa frente al consulado de su país junto a una veintena de compatriotas en busca de una solución para poder volver a casa.

"No me han pagado desde hace 9 meses (...) Hice mi maleta y me trajeron ayer aquí. Dicen que no me quieren pagar mi salario y se han ido", afirma a Efe frente el consulado de Kenia en Beirut, en el barrio de Badaro, donde anoche durmió porque no tiene adonde ir.

Protestas en el consulado

Una veintena de mujeres kenianas protestaron en la noche del lunes ante el cierre de su consulado después de que no recibieran respuesta por parte de las autoridades de su país para poder volver a Kenia debido a la situación del Líbano.

El pasado 4 de agosto Beiurt vivió uno de los peores episodios de su historia por una explosión de casi 3.000 toneladas de nitrato de amonio.

La deflagración arrasó los barrios céntricos de la capital y dañó los edificios de la periferia, dejando sin hogar a 300.000 personas, según datos oficiales de la gobernación de Beirut, entre ellas las trabajadoras domésticas.

Catherine, de 31 años, es una de las afectadas. Sin hogar y sin trabajo, asegura que desde el consulado le piden 500 dólares para poder comprar un billete de avión de vuelta a casa, otras kenianas en el lugar coinciden en que ese es el precio que les han dicho.

"No tengo ni un dólar. ¿Dónde lo voy a poder conseguir? He perdido mi trabajo (...) Somos trabajadoras ilegales" asegura a Efe indignada mientras señala la bandera de su país en el edificio del consulado.

"Somos mi hijo de dos años y medio y yo. Necesito 900 dólares. Con ese dinero puedo comprar tierras en mi país. ¿Dónde voy a conseguirlos? ¿Quieren que muramos y nos envíen en un ataúd a nuestro país?", se pregunta.

Acusa al personal del consulado y a la embajada de Kenia en Kuwait de no actuar por ellas, y afirmó que continuarán frente a la misión diplomática hasta que reciban una respuesta.

"¿Quién nos paga?"

"Si los libaneses no tienen comida (...) están viviendo con sus últimos ahorros. ¿Qué hay de nosotros, lo de piel negra y extranjeros? La gente de África...¿qué pasa con nosotros? Estamos sin comida, sin trabajo. Los libaneses no tienen trabajo. ¿Quién nos va a pagar?", asevera.

Además de las kenianas, trabajadoras domésticas de Etiopía pasan por la misma situación desde hace meses, agravada por la pandemia del coronavirus que cerró las fronteras de su país.

Según el Ministerio de Trabajo libanés, un total de 144.986 personas procedentes de Etiopía contaban con permisos de trabajo nuevos o renovados para realizar trabajo doméstico, a fecha de noviembre de 2018, aunque esa cifra puede ser superior por aquellos que están indocumentados.

Amnistía Internacional (AI) ha denunciado que el país mediterráneo acoge a más de 250.000 trabajadores y trabajadoras migrantes domésticos, en su mayoría mujeres, que proceden de países africanos y asiáticos, y trabajan en domicilios particulares.

El personal doméstico migrante de Líbano se encuentra atrapado por el sistema de kafala, régimen de patrocinio migratorio "intrínsecamente abusivo que aumenta el riesgo de que sufra explotación laboral, trabajo forzoso y tráfico de personas, sin apenas posibilidad de conseguir reparación", según la ONG. EFE

EB

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