Con la migración crece una generación de sueños rotos

Con la migración crece una generación de sueños rotos

En Venezuela cada día aumenta el número de niños que son dejados por sus padres. No siempre les dicen la verdad de lo que ocurrirá y no suelen involucrarlos en la decisión. Son niños que enfrentarán una adolescencia con una posible percepción de abandono por parte sus padres.

Un informe realizado por Cecodap (2018) confirmó que 78% de los niños con padres migrantes reportan algún tipo de cambio en su comportamiento habitual, luego de que estos los dejan. Otro hallazgo llamativo es que 51% de los encuestados reporta que los niños, niñas y adolescentes (NNAA) no experimentan cambios emocionales. Los autores de la investigación, Abel Saraiba y Carlos Trapani, concluyen en que esa cifra no significa que la migración no cause impacto emocional en los niños, sino que la respuesta puede ser menos evidente de lo esperado. Puede haber una aparente normalidad, tras la cual se encuentre en desarrollo otro conjunto de sentimientos complejos. El hecho de que niños, niñas o adolescentes no ofrezcan manifestaciones emocionales visibles no significa que nada esté sucediendo. La procesión va por dentro

A.E. es una niña de nueve años, pasa las tardes en un balcón esperando que su madre regrese de Argentina. Las promesas incumplidas y la ilusión de un reencuentro sin fecha, son las causas del desánimo y la frustración que, según el padre de la niña, la aquejan.

La maestra de A.E afirma que su desenvolvimiento escolar y rendimiento es cada vez menor porque piensa que de nada sirve culminar con éxito el período académico, si su mamá se la llevará de Venezuela en cualquier momento.

Sin embargo, han transcurrido más de dos años desde que la niña quedó bajo el cuidado de su padre, quien afirmó que a pesar de sus esfuerzos por aliviar la situación, los reproches de la niña hacia su mamá por video llamada son cada vez más frecuentes, igual que el desarrollo de un comportamiento agresivo, asocial y depresivo.

“Ella era una niña tranquila, amigable, dedicada a sus estudios. Últimamente he recibido muchas quejas del colegio, me esconde que tiene que hacer tarea y no estudia para los exámenes desde que su mamá le dijo que venía a buscarla. Yo sé que eso no ocurrirá porque económicamente no puede llevársela y mantenerla, pero se lo dice para que la niña se quede más tranquila. Ella estaba afrontando bien la separación matrimonial de su madre y yo, pero creo que no soporta el hecho de que su mamá ya no la lleve al colegio, la bañe y la atienda. Yo hago todo por ella, pero madre es madre”, contó el padre de A.E.

Hablan las encuestas

Realizamos una encuesta abierta por internet a la que respondieron 70 personas. En ella se evidencia que aunque la mayoría de las figuras parentales que emigraron se comunican diariamente con el niño, éste igualmente desarrolló un cambio en su conducta. Gran parte de los testimonios concuerdan en que el estrés, la ansiedad, la violencia, la depresión, las rabietas y las discusiones frecuentes son parte de la conducta y emocionalidad manifiesta del pequeño.
Helen Ruiz, presidente de la Fundación Luz y Vida, explicó que, dependiendo de la edad, los niños desarrollan una relación emocional y afectiva más fuerte con uno de los padres. “Si el vínculo es con la madre y es ella quien se va, evidentemente el niño se deprime o vivirá un duelo”, advirtió la experta.

Según Abel Saraiba, psicólogo infantil, la emergencia humanitaria compleja en Venezuela ha significado una dinámica particular en la cual se vulneran sistemáticamente los derechos humanos de todos los ciudadanos, especialmente los de niños y adolescentes. “Atravesamos un momento de nuestra historia en el que hemos dejado de ser un país receptor de migración (tradicionalmente asociada a nuestra riqueza como país petrolero) a ser un país expulsor de sus ciudadanos”.

Helen Ruiz, experta en defensoría de niños, niñas y adolescentes y sicóloga clínica, aclaró que no se le debe adjudicar a la situación únicamente el término de “migración”, porque múltiples intelectuales coinciden en que alguien emigra cuando planifica vivir en otro país y construye un proyecto de vida seguro, “en Venezuela ocurre otra cosa, vivimos una especie de inyección”.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en el informe Realidades y perspectivas de quienes emigran (2018), lo que ocurre en Venezuela es movilidad humana de un lugar a otro, en ejercicio de su derecho a la libre circulación, un proceso complejo, motivado por diversas razones que en el caso venezolano ha tomado dimensiones preocupantes.

“Esto es: me voy porque si no mi familia se muere de hambre, o voy a buscar cómo subsisto en otro lugar y les mando el dinero que pueda. Lo que viene ocurriendo últimamente es un desplazamiento humano debido a una emergencia humanitaria compleja que aqueja el país”, aseguró Ruiz.

En el informe realizado por Cecodap (2018) Peligros y vulneraciones de DDHH de niños, niñas y adolescentes en la frontera y actividades mineras , resulta indispensable tomar un elemento central dentro de la investigación: “la migración venezolana es forzada”. Carlos Trapani aseguró que estas personas no se van porque quieren, o porque prefieren abandonar sus viviendas, afectos y rutinas por irse a arriesgarlo todo sin garantías de nada.

“Que padres y madres tengan que migrar dejando a sus hijos y familias en su país de origen, para cruzar sus fronteras, permite apuntalar lo que ha sido señalado previamente, respecto al apellido que posee la migración venezolana: forzada. Es decir, esta no se produce por deseos de cambio de clima, por placer, o por razones recreativas. Padres, madres y familias se movilizan al no tener otras alternativas para cubrir sus necesidades básicas y las de sus seres queridos”, aseveró el experto. También mencionó que en el informe realizado por Cecodap, hay un hallazgo: de las familias separadas, 79% es debido a que los padres abandonaron el país.

Helen Ruiz agregó que producto de la crisis política, económica y social que vivimos en Venezuela, no solo se han desplazado profesionales y jóvenes, sino que se han desconformado núcleos familiares enteros, una ruptura en el seno de la familia que ha dejado a muchos niños desprotegidos, con posibilidades de desarrollar trastornos emocionales, y efectos en la conducta que apenas comienzan a ser medidos. También aseguró que cada vez son más los niños en Venezuela que son dejados a cargo de familiares cercanos, vecinos, conocidos e incluso en situación de calle, sin los requerimientos mínimos de cuidado y protección que amerita el caso.

La merienda que no llega

D.G. tiene tres años, es el más alto entre sus compañeros y cursa primer nivel en un preescolar de Caracas. Su maestra lo describe como un niño que constantemente quiere llamar la atención desde que ambos padres emigraron y lo dejaron con su abuela.

“D. no acepta la ausencia de sus padres, quizá por la poca madurez mental que tiene debido a su edad. Desde que se quedó con su abuela viene menos al colegio. Ella es una señora mayor y no siempre se siente bien para traerlo al preescolar. El niño ha tenido cambios emocionales y de conducta. Siempre busca sobresalir, tiene poca tolerancia a la frustración y no le gusta que lo corrijan, también se dispersa constantemente y a veces no quiere jugar”, contó la especialista en educación.

El pequeño, entre su inocencia y su poca capacidad para hablar, expresó que su padre había ido a comprarle una merienda y no había regresado. La verdad es que se fue a trabajar hace más de un año a Perú.

La psicóloga explicó que las consecuencias conductuales y emocionales en niños, producto del desplazamiento de ambos o alguna figura parental, dependerá de cómo se prepare la separación.

“Si el niño se ve brusca y abruptamente separado de quienes son sus cuidadores debido a esta coyuntura social, económica y política, y a eso le sumamos que muchos adultos no le dicen la verdad, sino que inventan historias, el pequeño queda como un ser humano dolido, herido y confundido que no comprende lo que está pasando, y no está en la capacidad de pensar como ciudadano”, explicó la socióloga Carla Serrano.

La presidente de la Fundación Luz y Vida agregó que hay formas menos traumáticas de alejarse del niño, y la comunicación e información son claves para lograrlo. Recomienda involucrar al infante en el proceso, hablarle son claridad, decirle por qué se van, para dónde y qué tiene que ver él con la decisión del viaje.

El artículo 81 de la Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente (Lopna) dice que los NNAA tienen derecho a participar libre, activa y plenamente en la vida familiar, comunitaria, social, escolar y científica, cultural, deportiva y recreativa, así como a la incorporación progresiva a la ciudadanía activa. Por lo tanto, les corresponde a los niños ser parte de las decisiones familiares que se tomen. En este sentido, Ruiz opina que es necesario involucrar al infante en las acciones sobre su futuro, por lo que invita a los padres a preguntarle a los niños con quiénes desean quedarse, y si están de acuerdo con las iniciativas que se vayan a tomar a la hora de emigrar y dejarlo al cuidado de alguien más.

“En muchos casos si no se les habla, el pequeño piensa que por su culpa sus padres lo dejaron o que estos lo abandonaron, y es justamente bajo estas circunstancias de inseguridad y confusión cuando se incrementa la posibilidad de causar daños”, advirtió Zulimar Donquis, profesora y especialista en educación inicial.

Desprotección familiar

Helen Ruiz recordó un caso que llegó a la Fundación Luz y Vida en el que un adolescente de 16 años solicitó un permiso de trabajo:

“Yo lo vi muy pequeño y al saber su edad descubrí que se debía a problemas de alimentación. Al conversar con él, me dijo con mucho miedo que estaba solo y que sus padres se habían ido del país, dejándolo a cargo de sus cuatro hermanos, con edades de catorce, once, siete y cuatro. Él, otro niño sin recursos, se había quedado como jefe de familia”

Según el artículo 26 de la Lopna, todo niño tiene derecho a vivir, ser criado, y desarrollarse en el seno de su familia de origen. Sin embargo, Ruiz afirma que actualmente hay una concepción de familia diferente, ya no debe estar conformada como tradicionalmente era (mamá, papá e hijos) para ser funcional, sino que también se reconoce como familia aquella, cuyos integrantes son capaces de permanecer juntos para dar protección a todos sus miembros, y que se acompañan para afrontar la vida.

Son muchas las variables a considerar en este fenómeno de desplazamiento y movilidad forzosa” que enfrenta la sociedad venezolana, término a la situación que le acuñó Carla Serrano, miembro del equipo del Instituto de Investigaciones Jurídicas de Derechos del Niño, Niña y Adolescente.

Amor a distancia

“Su madre la llama todos los días, aun así no sé qué le pasa”, contó I.E

Desde que el desplazamiento humano migratorio se agudizó en Venezuela ha aumentado el número de amigos, hermanos y conocidos que comenzaron a relacionarse a través de las pantallas, por Skype, redes sociales y video llamadas de WhatsApp. La situación es tan compleja que hasta los más pequeños están atravesando por situaciones comunicacionales difíciles con quienes solían acompañarlos diariamente, sus padres.

En nuestra encuesta abierta por internet se evidencia que ningún encuestado respondió que el niño había tenido una tendencia suicida, sin embargo, la psicóloga Helen Ruiz advirtió que un cuadro de ansiedad sumamente alto, personas depresivas o enojadas constantemente, con tendencia al aislamiento, son rasgos claves y de alerta. “Es importante hablar de apoyo, no minimizar el problema, atender a los niños que se enfrentarán a una adolescencia con una posible percepción de abandono, de descuido por parte de quienes más deben amarlos”, advirtió la experta.

Conclusiones

Mientras en Venezuela los adultos buscan resolver las necesidades materiales de los niños, persiguen estabilidad económica y calidad de vida y para ello cruzan fronteras, los niños van quedando llenos de despedidas y una ruptura en su mundo cotidiano.

Las despedidas generan un duelo, que suele pasar inadvertido para los adultos y supone en niños procesos diferentes. Los infantes tienen pocas herramientas para enfrentar el proceso. Generalmente se enteran tarde de lo que ocurrirá y en lo que no se le ha involucrado.

La falta de asesoría da inicio a una nueva vida con marcha forzada. “Las despedidas suponen rupturas de las formas cotidianas, de las tradiciones familiares, de los afectos, de todo lo que va haciendo el sentido de estabilidad y pertenencia. Un cambio abrupto, una distancia de cientos o miles de kilómetros, una ausencia física. El derrumbe de la vida conocida”, afirma Cecodap en su documento.

Los vínculos que se convierten en vacío y nostalgia, sin duda afectan emocional y conductualmente a los niños, si la despedida no tiene un tratamiento adecuado, si se llena de mentiras, poca comunicación y si la opinión del pequeño no es tomada en cuenta, las señales comienzan a aparecer.

“Las rupturas generan dolores, angustias, temores. Sin saber cómo, los niños necesitan recomponer su equilibrio. Las distancias generan ausencias. Y así como la presencia va haciendo sus hábitos, la ausencia también va configurando una nueva cotidianidad. Una cotidianidad donde terminan por llenarse los vacíos, allí aparece el olvido”, concluye Cecodap.

Ana Karina Delgado

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