Crónica de un apagón caraqueño

Crónica de un apagón caraqueño

Tres días y medio pasaron sin energía eléctrica los habitantes de varias zonas de Caracas. En total fueron entre 80 y 82 horas sin luz. Mientras, había protestas, hitos deportivos y discursos de Maduro y Guaidó ante la ONU.

Eran las 10 de la mañana del 23 de septiembre. La familia se disponía a desayunar para luego seguir su rutina en cuarentena. De pronto, mientras comían, la radio dejó de transmitir y el comentario, casi al unísono de los 3 comensales fue el mismo: “se fue la luz”.

A una calle de diferencia estaba Manuel terminando una clase de universidad. La Universidad Metropolitana había comenzado y él estaba en sus primeras semanas de clases. Antes de comenzar la segunda semana, la laptop se apagó y el comentario en la casa fue el mismo: “se fue la luz”

Dos pisos debajo de la familia estaban jugando al Play cuando todo se apagó. Otra vez, el cometario fue el mismo: “se fue la luz”.

Ese día, a las 10:33 de la mañana, varias zonas del este caraqueño se quedaron sin energía eléctrica. Al principio, el pensamiento general era que se repetía la falla que ha venido sucediendo desde el gran apagón del año pasado . Todos pensaban que en cualquier momento la Corporación Eléctrica Nacional, Corpoelec, publicaría el mismo tweet de siempre anunciando que estaban reparando la falla, y luego todo se resolvería.

Javier y Mariana, patriarca y matriarca de las dos familias que viven con dos pisos de diferencia; se organizaron y pidieron un delivery para evitar cocinar y ensuciar. Mientras, Manuel y los suyos recogían agua para evitar problemas y otros corrían para sacar la comida del día y no volver a abrir la nevera para evitar que perdiera la temperatura.

A las 12:30 hubo un bajón general en la capital, algunas zonas se sumaron a la falta de electricidad y otras se preocuparon. El fantasma del apagón del 2019 volvía a correr por las calles de Venezuela. Mientras, en Florida, EE.UU. se enteraba de esta noticia con preocupación. Algo estaba mal.

El tiempo fue pasando y la electricidad no volvía. Eran las 6:15 de la tarde cuando, a pocas cuadras, el Caracas FC jugaba su partido por la Libertadores contra Libertad de Paraguay. Horas después, el Caracas ganaba en un partido histórico, pero muchos de sus hinchas no lo pudieron ver. Tenían hasta 8 horas sin luz y la señal, si es que el teléfono tenía batería, fallaba. Estaban a cuadras del estadio, pero el coronavirus y los servicios no los dejaron enterarse.

Al mismo tiempo, Guaidó -vía plataformas digitales- hablaba ante la ONU sobre la Responsabilidad de Proteger (R2P); en Yaracuy había protestas y las colas por la gasolina se mantenían. Los habitantes de las zonas sin luz no se enteraban, la falta de energía los mandó a otra época, quizás a otro siglo.

Muchos se fueron a dormir con la esperanza de que volviese la luz. Los reclamos en Twitter de los vecinos fueron constantes durante toda la noche. A las 10:30 PM se cumplieron 12 horas sin luz. Las calles apagadas y lo poco que se veía era la clínica que se mantenía por la planta, o los carros que pasaban. Mientras, el país seguía, el mundo seguía.

Llegó el jueves y la luz seguía ausente. La preocupación de los vecinos hizo que muchos alquilaran plantas eléctricas. En el edificio de Mariana y Javier se alquiló una por $ 400 por 12 horas de luz, bastante dinero, pero menos de lo que se perdería en comida si se pudre, así que a las 2 PM la luz volvió, momentáneamente, a algunos edificios.

Con luz y a contra reloj, la reacción de todos fue la misma. Recoger agua, dejar la nevera cerrada por una hora para que recupere el frio; cargar el teléfono y las computadoras; bañarse y lavar el sucio de la casa. No había tiempo que perder.

A las 3:30 PM se hablaba de que había explotado un transformador en Sabana Grande. Aun así, era extraoficial porque en CORPOELEC no se había dicho nada, el silencio se mantenía y la gente se molestaba porque los tweets que publicaban eran sobre el discurso de Maduro en la ONU, también vía Internet. Las penurias de la gente no eran resueltas.

Eran las 10:30 PM y se cumplían 36 horas sin luz. Personas de la tercera edad con problemas de salud, sufrían tratando de mantener los medicamentos y la comida, mientras, tenían que subir y bajar las escaleras. El calor de septiembre era inclemente y la incertidumbre por la luz aumentaba.

Amaneció el viernes y las protestas aparecieron en algunas zonas, pero en esa situación casi absurda donde, a minutos de la zona había luz y en la misma zona otros resolvían, lo que sí había era incertidumbre. Se cumplieron 72 horas sin electricidad y el rumor era que en la noche volvía y así fue, a las 7 PM de ese viernes 25 de septiembre. No a la misma hora en todas las zonas afectadas. CORPOELEC jamás dijo el motivo de la interrupción.

En total fueron entre 80 y 82 horas sin luz en La Florida, Sabana Grande y Bello Monte. Cada familia vivió su calvario, unas no tuvieron ni media hora de energía, otras pudieron resolver, aun así, la crisis estuvo ahí y en una pandemia es peor.

Antes de la pandemia, muchos resolvían yéndose a casa de un familiar o a algún lugar donde podían bañarse y evitar los problemas causados por la falta de electricidad. Ahora no. Irse a casa de un familiar es complejo porque muchos temen enfermarse; a su vez, la pandemia cerró los clubes y gimnasios lo que impide que la gente tenga un lugar para bañarse. Por último, al tener que estar confinados en la casa empiezan a salir los problemas, la ansiedad y el estrés están a la orden del día, y que haya problemas intrafamiliares es muy probable.

Lo sucedido en varias zonas de Caracas del 23 al 25 de septiembre es un pequeño ejemplo de lo que se vive diariamente en el interior del país. Horas y días sin electricidad. El agua va y viene. El internet ausente y si está, es lento llegando a ser uno de los peores del mundo. Todo esto empeora cuando la gente debe enfrentarse a una pandemia en plena crisis económica.

El mundo avanza y Venezuela se paraliza con la crisis. @dald96

Daniel Limongi – Informe21

Categoria: