Eduardo Rodríguez: Si obviamos diferencias entre información y opinión podemos emitir sentencias condenatorias o absolutorias

Trabajó junto a Nelson Bocaranda y Cristina Wetter como narrador en “Lo que pasa en el Mundo” y se desempeñó como conductor del programa de opinión "Sin Reservas". Actualmente es narrador, ancla y entrevistador en Venevisión, actividad que comparte con su trabajo de conductor de su programa en Unión Radio Noticias. Gracias a su desempeño, obtuvo una mención especial del Premio Monseñor Pellín 2000, como personaje de televisión.

En entrevista con Informe 21, expresó su inquietud ante la necesidad de mediación y consensos existente en Venezuela.

¿Qué cualidades no debe perder de vista un buen narrador de noticias?

Compenetración con lo que lees, saber que le hablas a mucha gente, más que a una cámara, y ganarte la confianza del medio para permitirte la improvisación de un comentario o una reacción natural, que puede traducirse en un estallido de humor. El narrador no debe ser un busto parlante.

¿Te cuesta mantener la ecuanimidad, cuando narras una noticia que, por terrible o dramática, te afecte en lo personal?

¡Claro! El narrador debe vivir lo que cuenta, y yo soy particularmente sensible. No hago esfuerzos para ocultarlo. Quizás por eso siento que tengo una conexión emocional y afectiva con la gente.

¿Mejor entrevistador que narrador, o viceversa?

Me he realizado con total entrega en ambos roles, que son complementarios, incluso en los reportajes, programas y transmisiones especiales. Me asumo como un comunicador integral. La multifuncionalidad es el norte profesional de hoy. Hacerlo todo bien es el ideal de lo que se denomina Ancla.

¿Qué te hizo escoger el periodismo como oficio?

Mi temprana necesidad de comunicar, incluso a través de dibujos en cualquier bolsa de papel, o imitando a profesores en la escuela. Soy un mediador por naturaleza.

¿Percibes cuando un entrevistado te miente?

Desde mi subjetividad, creo que sí. La entrevista es un acto perceptivo, una aproximación psicológica. Uno va más allá de las palabras que escucha. Siempre queda algo, y es imposible no hilvanar conjeturas. La evasión a una pregunta genera sospechas.

¿Son mejores entrevistados los del gobierno o los de la oposición?

En cada sector hay de todo. Lo digo porque soy de los pocos periodistas afortunados que pueden llegar a unos y a otros hasta los más altos niveles. Eso es un plus. La entrevista es un género abierto a las sorpresas. Celebro cada buena entrevista, pero muchas resultan frustrantes.

¿Cuesta mucho mantenerse imparcial en la Venezuela que vivimos?

Somos seres subjetivos en un mundo relativo. Soy, por convicción, respetuoso de la diversidad de pensamiento. Si soy un profesional social, debo aplicarlo. La objetividad sí existe y la defiendo, como un proceso inacabado, como un método que me disciplina, como una utopía irrenunciable.

¿Hay un abuso de querer opinar, más que de informar, por parte de muchos de quienes ejercen el periodismo en Venezuela?

Sí. A veces olvidamos la diferencia entre información y opinión. Imponemos nuestras sentencias condenatorias o absolutorias como únicos dueños de la verdad. Mucho juicio de valor en preguntas y comentarios.

¿Qué te ha dejado el periodismo en todos estos años de ejercicio profesional?

Gratitud, compromiso y mucha emoción en el contacto con la calle. Mi cara es mi cédula de identidad.

¿Qué no se puede permitir un periodista?

Ser arrollado por el ego. Sentirse bandera de los extremos más acalorados de la polarización. El país necesita mediación y consensos y allí podemos ser muy útiles.

¿Te has sentido censurado alguna vez?

Toda voluntad humana siempre encontrará límites o desacuerdos. No satanizo las líneas editoriales. Asumo directamente mis responsabilidades ante la gente. En Venevisión y Unión Radio he podido hacer el periodismo que considero más útil; me han permitido estar en una “candela” que me hace crecer. En los medios nos realizamos y nos proyectamos. Desde una sociedad radicalizada también puede emerger la censura más cruel, y ante esto también estamos expuestos. En nuestra sociedad hay mucha hipocresía. Se mira al otro con morbo, con poco sentido colectivo y autocrítico. Es muy fácil echarle la culpa a la línea editorial y al medio que te hace visible. Uno es libre para decirle a la empresa no estoy de acuerdo y hasta aquí llego. No entiendo porque hay periodistas que hablan mal del medio donde trabajan y siguen allí. Se hacen daño a sí mismos. Eso no es ético.

¿Existe en Venezuela libertad de expresión plena?

En medio de dificultades, existe la posibilidad de cumplir la misión de revelar y contextualizar realidades para que cada quien defina su propia posición.

¿Los principales enemigos del periodismo?

Desde todas partes surgen juicios y etiquetas. A la gente le encanta estar en la tribuna y que uno los represente en la cancha. Hay mucho odio social.

¿Estudiaste derecho como un complemento de tu carrera, o quizás piensas ejercerlo alguna vez?

Como un complemento muy eficaz.

¿Ventajas y desventajas del periodismo televisivo, con relación al que se hace en medios impresos, radiales y on line?

Con la televisión te miran y entras en los hogares. Cuando estoy frente a la cámara siento que veo de cerca el rostro de la gente; hay emocionalidad, al igual que en la radio. Los minutos en el mensaje televisivo obligan a la concreción. El impreso es para el mayor fondo y por ello influye en la pauta de los medios audiovisuales y electrónicos. La radio, por su concepto programático, es instantaneidad, intimidad, cercanía. Los medios on line son una plataforma directa para servir a sus usuarios, pero al mismo tiempo apoyan a los medios tradicionales, que paralelamente han adoptado identidad on line. El medio electrónico es inmediatez, diversidad de formatos, brevedad o extensión del mensaje según cada interés y, sobre todo, interactividad, esto último le da una fuerza social liberadora difícil de controlar, para bien o para mal.

¿A dónde te gustaría llegar como comunicador?

A trascender en la credibilidad. En un medio tan efímero, estar activo 22 años en Venevisión y 17 en Unión Radio me dicen que por allí voy, y quiero dar mucho más.

¿Lo peor que te ha ocurrido en tu carrera?

Siempre hay momentos duros, pero en general, constatar que los periodistas podemos ser muy destructivos hasta con nuestro gremio. Gente que hasta te dio clases, pregonando la ética ante la opinión pública y luego se contradicen en el ejercicio.

¿Y lo mejor?

Muchas anécdotas. Tras el deslave de Vargas, gracias a un duro reportaje que hice sobre la situación de los niños, una señora reencontró a su bebé recién nacido.

¿Con un trabajo como el tuyo, es posible compaginar la vida profesional con la familiar?

Tengo la bendición de contar con un gran tesoro familiar: mi esposa Candi, mis hijos Fabiana de 16 años y Diego de 13. Compartimos plenamente nuestro proyecto de vida en cada detalle. Son una “adicción” para mí. Hasta nuestra perra Dona, una Golden Retriever fascinante, ¡va en el combo!

¿Cómo te gustaría ver a Venezuela?

Como el destino para invertir y ver el futuro sin miedo. Un país de inmigrantes, no de emigrantes, donde todos queramos vivir hasta el final y ver crecer nuestros hijos.

Eduardo Rodríguez, periodista de VV

Aquilino José Mata
Informe 21

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