El aborto: Un gran bastión católico en las leyes irlandesas

El aborto: Un gran bastión católico en las leyes irlandesas

Tras aprobar el matrimonio homosexual hace tres años, los irlandeses votan este viernes en referéndum si liberalizan el aborto, en un plebiscito que medirá la ascendencia de la Iglesia católica sobre el país.

Los electores decidirán concretamente si derogan la enmienda octava de la constitución, que prohíbe abortar en todos los casos, salvo en el de peligro para la vida de la madre.

Los colegios electorales abrieron a las 07H00 locales (06H00 GMT) y cerrarán a las 22H00 (21H00 GMT). El recuento de los votos se hará el sábado y se espera conocer los resultados esa misma noche.

Los últimos sondeos dan una leve ventaja a los partidarios del sí, pero esta se ha visto reducida en algunas encuestas y una de cada seis personas sigue indecisa.

Muestra del interés, más de 118.000 ciudadanos solicitaron este año inscribirse en el censo electoral.

Irlanda era hasta hace poco un feudo de la Iglesia católica, por razones históricas y también políticas, relacionadas con su secular enfrentamiento con la anglicana Inglaterra. El país se independizó del Reino Unido a principios del siglo XX.

Sin embargo, el escándalo de los abusos sexuales a niños por parte del clero, entre otros, han debilitado su posición.

El aborto está penado con hasta 14 años de cárcel, aunque el embarazo sea el resultado de una violación o un incesto, y sólo se permite si está en peligro la vida de la madre.

¿Aborto libre?

Si se impone el sí, el gobierno de Leo Varadkar tiene ya listo un cambio en las leyes que permitiría abortar libremente durante las doce primeras semanas de embarazo y, en algunas circunstancias, durante los primeros seis meses.

El primer ministro Varadkar, que defiende liberalizar el aborto, apeló el jueves a votar, calificando el referéndum de "oportunidad única en una generación" y avisando que no habrá otro referéndum sea cuál sea el resultado, en una entrevista en la radio Newstalk.

Varadkar recordó que desde que se introdujo la enmienda constitucional prohibiendo el aborto, decidida en referéndum en 1983, "170.000 mujeres fueron al extranjero a abortar".

En 2013 se decidió que las mujeres cuya vida peligraba por el embarazo pudieran interrumpirlo, tras el escándalo causado por la muerte de Savita Halappanavar, que murió al negársele un aborto.

La idea del nuevo referéndum ganó impulso con el caso de Amanda Mellet, que tuvo que viajar a Reino Unido para abortar después de que se detectara que el feto sufría una anomalía mortal y que llevó su caso a la ONU.

Gavin Boyne, un estudiante de filosofía de 20 años, explica que le debía la vida a la prohibición del aborto y que iba a votar a favor de mantener la octava enmienda.

Su madre se quedó embarazada accidentalmente y sus padres decidieron enviarla a Inglaterra para abortar, pero finalmente se echaron atrás.

"Mis abuelos reconocieron que era un ser humano único, con un valor, así que no podían hacer que me mataran. Si la enmienda octava no hubiera existido en 1998, hoy no estaría aquí", afirma.

En cambio, para la dublinesa Ciara Grealy, de 21 años, no tiene sentido "exportar a mujeres a otros países para hacer algo que deberían poder hacer aquí de manera segura y legal".

Cambio de estrategia

"Hay que acabar con esta crueldad, ya hemos tenido suficiente", dijo a la AFP Ailbhe Smyth, codirectora de la plataforma Juntos por el Sí, que aboga por liberalizar el aborto.

En el otro extremo, Geraldine Martin, portavoz de la campaña Ama a los Dos, contraria a la derogación, lamentó que el gobierno no haya ayudado a las mujeres con embarazos indeseados.

"En ningún momento el gobierno sostuvo la mano de esas mujeres para preguntarles: '¿Cómo puedo ayudarte? ¿Cómo puedo quitarte presión para que no te sientas tan empujada a abortar?'".

En las 12 islas remotas del océano Atlántico empezaron a votar ya el jueves para asegurarse de que las urnas lleguen a tiempo a los centros de escrutinio.

Según el censo de 2016, el 78% de los 3,7 millones de irlandeses son católicos, pero la asistencia a misa ha caído enormemente.

En el referéndum de hace tres años sobre el matrimonio homosexual, la Iglesia adoptó una posición mucho más visible y perdió, y en este ha optado por un perfil bajo, en un tema cuya opinión conoce todo el mundo. AFP / RA

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