Skip to main content
¿Están desapareciendo realmente las abejas?

¿Están desapareciendo realmente las abejas?

"Si las abejas desaparecieran de la faz de la Tierra, a la humanidad le quedarían cuatro años de existencia", dice una cita atribuida a Albert Einstein. Esto es porque una gran cantidad de los alimentos que consumimos dependen, directa o indirectamente, de la existencia de las abejas. De forma directa, las verduras y frutas que polinizan, y de forma indirecta, la ganadería que alimentamos con vegetación también polinizada por abejas.

Sin embargo, tras esa cita se esconden varios asuntos interesantes que no siempre se mencionan al hablar de la desaparición de las abejas y de sus riesgos. El primero es, tal vez, más obvio; no parece que Albert Einstein dijera tal cosa. El origen de la cita parece estar en el columnista Ernest A. Fortin, quien en 1941 le atribuyó al físico alemán ciertas asunciones que, en realidad, pertenecían a Charles Darwin.

La afirmación, como mensaje de ‘teléfono escacharrado’ se fue exagerando con el tiempo, de unas pocas especies, a miles, decenas de miles, y de ahí, a la humanidad Darwin, además, hablaba de las abejas en un sentido muy amplio empleó el término en inglés ‘humble-bees’, que incluye a los abejorros. Y esos cuatro años de ultimátum a la humanidad no lo encontramos por ninguna parte en ningún texto científico; de hecho, aparece escrita por primera vez en 1965 por el periodista francés Pierre Pascaud.

Las abejas no son una sola especie

Cuando se piensa en las abejas, la gente suele pensar en una sola especie: la abeja de la miel o melífera. Incluso los reportajes sobre las abejas y los impactos que sufren se centran principalmente en la abeja melífera y en la producción de la miel. Esta especie es muy peculiar. Vive en grandes colmenas con una fuerte organización social. Actualmente, en España, está totalmente gestionada por los apicultores. No deja de ser una especie de ganadería productiva, como las cabras o las gallinas.

Sin embargo, en el medio natural abundan otras especies que suelen ser ignoradas cuando se trata esta problemática. Únicamente en España, según datos de la Asociación Abejas Silvestres, viven más de mil especies de abejas silvestres; cada especie con sus comportamientos y sus rasgos peculiares, muy distintos a los de la abeja melífera. Hay especies muy grandes, como el abejorro carpintero (Xylocopa violacea) y diminutas, como las pertenecientes al género Micrandrena, más pequeñas que una hormiga. Hay especies sociales, y especies solitarias; las hay que anidan en agujeros en la madera, o directamente en el suelo. Algunas son generalistas, y visitan muchos tipos de flores, y otras son muy especialistas, y solo se alimentan de unas pocas especies.

Además, las redes que se establecen entre polinizadores y plantas pueden ser muy complejas y difíciles de comprender. De modo que cuando hablamos de una hipotética desaparición de las abejas no es tan simple como la extinción de una especie.

En el caso de la abeja de la miel, existen ciertos impactos que pueden afectar a sus poblaciones; tienen patologías propias muy específicas, su exposición a insecticidas es mayor que la de las especies silvestres —pues están más asociadas a entornos rurales y menos a entornos silvestres— y, al vivir en colonias fijas, son presa fácil de especies depredadoras invasoras como la avispa asiática (Vespa velutina). Sin embargo, a pesar de todo, es una especie totalmente controlada por el ser humano, y no hay indicio alguno que indique riesgo de extinción.

¿Y el resto de abejas?

Muchos impactos potenciales pueden afectar negativamente al resto de las especies de abejas, entre otros, los grandes motores del cambio global.

El cambio de uso del suelo, especialmente la eliminación de terreno silvestre para explotación agrícola, reduce la cantidad de alimento disponible para muchas abejas silvestres; algunas de ellas son muy especialistas y requieren de determinados tipos de flores, que desaparecen cuando se introduce un cultivo donde antes había matorral o bosque.

Cuanto más biodiverso es un entorno, más sólida puede ser la comunidad de abejas silvestres, y una zona dominada por una sola especie, como un cultivo, puede causar un problema grave para estas poblaciones.

Además, junto a la actividad agrícola suele haber contaminación provocada por  insecticidas, que actúan negativamente sobre su salud, los fungicidas, sobre su microbiota digestiva, y los herbicidas que eliminan las mal llamadas “malas hierbas”, pero que son fuente de alimento para las abejas.

Por otro lado, la introducción de especies exóticas puede causar competencia y desplazamiento de las especies nativas, transmisión de enfermedades e incluso depredación, como la avispa asiática ya mencionada.

No faltan las voces que apuntan a que una hipotética contaminación electromagnética o los organismos transgénicos también están detrás de la pérdida de abejas, pero no hay pruebas reales de que tal cosa esté sucediendo, reseña muyinteresante 

Por supuesto, el cambio climático antropogénico también es un factor que causa el declive de numerosas especies, pero también, hay otras que han mostrado una buena capacidad de adaptación a este tipo de impacto.

¿Y respecto a nuestra comida?

Es cierto que las abejas polinizan gran parte de la comida que nos comemos; pero de nuevo, no es tarea de una sola especie. De hecho, muchos alimentos que nos llevamos a la boca son polinizados por abejas silvestres, y la abeja melífera no podría ser un sustituto eficaz.

Sin embargo, algunos científicos proponen que, de cara a la protección de las abejas silvestres, es contraproducente prestar atención solo a los servicios de polinización útiles para nuestros cultivos. En general, las comunidades de abejas silvestres que visitan los cultivos están representadas por un pequeño número de especies que, en general, son bastante comunes, mientras que aquellas especies amenazadas no suelen observarse en los cultivos. Además, aquellas especies que visitan los cultivos —y que en última instancia, nos dan de comer— son tolerantes a la expansión agrícola, mientras que son las demás especies las que sufren mayor riesgo de desaparición, las que no encuentran alimento en nuestra agricultura.

Conservar la biodiversidad de las abejas —o de cualquier otro grupo, ya puestos— no debe basarse, por lo tanto, o al menos no únicamente, en los servicios ecosistémicos que nos proporciona. YS (Foto: Pixabay)