La estrategia de la boda real: Renovar por 'mundovisión' a la dinastía Windsor

Las extravagancias de la familia real disfuncional, dignas de la serie 'Dallas' popular por aquel entonces, desembocaron en 1997 en un episodio inédito.

La soberana del Reino Unido y de 15 Estados de la Commonwealth apareció desfasada por su falta de compasión tras la muerte de la 'Princesa del pueblo', Diana, su ex nuera y madre de los príncipes Guillermo y Enrique.

El terremoto fue comparable en magnitud a la abdicación de Eduardo VIII, que antepuso el amor al deber, renunciando al trono en 1936 para casarse con una estadounidense divorciada, Wallis Simpson.

"Esta familia única no ha cesado de evolucionar en 1.000 años de historia", templó Dickie Arbiter, reputado cronista real.

Por ejemplo, Jorge V cambió el nombre germánico de la dinastía, Sajonia-Coburgo-Gotha, por el de Windsor en 1917.

Jorge VI (1936-52) inventó el apodo de 'La Firma' con connotaciones empresariales para designar a la familia real, dándole un giro más colectivo a la monarquía absoluta.

Llegó el siglo XXI. La 'Firma' terminó de rehacer su reputación. Carlos, heredero del tono por delante de su hijo Guillermo, se casó en segundas nupcias con Camila, su amante de siempre. El turbulento Enrique se sosegó en el ejército. De los alrededor de 200 'royals' sólo Andrés y Sarah (que no está invitada a la boda) siguieron acaparando titulares.

En 2002, los súbditos tuvieron una doble oportunidad de manifestar su apego a la monarquía: el jubileo de Isabel II y el fallecimiento de la 'Reina Madre'.

Desde entonces, la ofensiva de relaciones públicas no ha cesado.

La reina -una de las grandes fortunas del país- aceptó "con gracia" en 2010 el congelamiento de "la lista civil" que financia los gastos oficiales, y una reducción del 14% del presupuesto de 'La Firma' en 2012-2013.

La partida global se redujo a 43 millones de euro. La factura de los 1.200 secretarios, sirvientes, escuderos y jardineros es ahora de 62 centavos anuales por contribuyente, alegó el palacio.

Los miembros de la familia real "son de otro planeta", explicó a AFP el gurú de los medios de comunicación Max Clifford, pero se adaptan, conscientes de ser juzgados a partir de ahora por su relación "calidad/precio".

"El papel más importante de la monarquía es representar la marca Gran Bretaña de manera eficaz como un super enviado comercial en el extranjero", señala Robert Jobson, biógrafo real.

Los Windsor son también una baza turística, y la mayoría de los británicos está satisfecha, salvo el 20% de irreductibles que denuncian un "régimen fundado en la herencia".

'La Firma' ha explotado en su transformación todos los recursos de internet: Facebook, Twitter, Flickr. La 'web' oficial 'British Monarchy' revela que "a menudo, una de las últimas luces en el Palacio por la noche es la de la reina terminando de leer los últimos documentos oficiales".

A sus 85 años, la soberana visita escuelas, inaugura, decora, multiplica los desplazamientos, banquetes, galas benéficas. Las carreras de caballos, el Derby de Epsom o Ascot, son por afición.

En 2010, cumplió con 444 compromisos, por detrás de Carlos (585) y de Ana (514), pero por delante de su casi nonagenario marido, el príncipe Felipe (356), y del joven Guillermo (73).

La guinda, la boda del príncipe con la plebeya de 29 años "debe ser un éxito por el bien de la monarquía", subrayó Jobson.

Las cosas se presentan bastante bien. La pareja que controla perfectamente la comunicación es innegablemente popular después de ocho años de preparación/noviazgo. "Hay una muy buena oportunidad para que Guillermo y Catherine destronen a gente como los Beckham como modelos para la juventud británica", predijo el historiador Hugo Vickers.

La modernidad se concibe en el respeto de la tradiciones, recordó sin embargo el "entorno real" cuando varios sondeos apuntan a que una mayoría de británicos querría ver a Guillermo y Kate acceder directamente al trono, en lugar de Carlos y Camila. AFP

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