Estudiantes ofrecen sexo para cumplirse caprichos

El escándalo ha llegado a tal extremo que el primer ministro tailandés, Abhisit Vejjajiva, asegura que tomará acciones drásticas contra aquellas páginas web que permitan el comercio sexual por parte de los universitarios.

Vejjajiva, quien achaca el fenómeno a la decadencia moral de la sociedad, ha anunciado una campaña en los centros de educación para aleccionar a los alumnos sobre los valores de moral y decencia.

Por su parte, colegios y universidades ya investigan las actividades de prostitución y se han comprometido a ofertar más empleos a tiempo parcial para ayudar a los alumnos con menos recursos.

Sin embargo, los académicos señalan de que la mayoría de los estudiantes que se prostituyen en la red no son pobres y sólo quieren ganar un dinero extra para permitirse artículos de lujo y un alto tren de vida.

El director del instituto Ramjitti, Amornwit Nakhonthap, sostiene que la mayoría de los que venden su cuerpo en Internet tienen un nivel económico medio y alto.

Nakhonthap insta a las autoridades a que impliquen a familias, instituciones religiosas y centros educativos para que inculquen valores y buenas costumbres entre los alumnos.

Los estudiantes también participan en vídeos pornográficos que se pueden descargar desde algunas páginas web, que han encontrado aquí un lucrativo negocio.

Muchos de estos sitios están registrados en Estados Unidos o Europa, para evitar ser bloqueados por la censura.

Hace unos meses, el Gobierno tailandés invirtió más de catorce millones de dólares en desarrollar un potente cortafuegos para impedir el acceso a sitios ilegales en la red y bloqueó más de 4 mil páginas, aunque la mayoría fue por ofensas contra la monarquía y no por la pornografía.

La prostitución es ilegal en Tailandia, aunque se practica abiertamente con el consentimiento de las autoridades porque atrae cada a año a cientos de miles de turistas sexuales y genera miles de empleos.

Una legión de lujuriosas jóvenes cautivan a los turistas en Nana y Patpong, los barrios rojos de Bangkok, y la ciudad sureña de Pattaya, conocida como el "burdel" de Tailandia desde los tiempos en que Estados Unidos estableció allí bases militares durante la Guerra de Vietnam.

Paradójicamente, la sociedad tailandesa, en su mayor parte budista y conservadora, censura el comportamiento poco decoroso y carteles en muchos lugares turísticos requieren a los extranjeros que se abstengan de cogerse de la mano, besarse o adoptar actitudes excesivamente cariñosas. (EFE)

Y.U.

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