Jesús Torrealba: En la masacre de la parroquia El Valle triunfó el hampa

Aquí la situación se complica más aún: la crónica del excelente periodista Gustavo Rodríguez, que cubre la fuente de sucesos para el diario El Universal, recoge en el barrio la información de que el líder del “Cartel de Los Sapos”, un sujeto apodado “El Cartonero”, es en realidad “un funcionario activo de la Policía Metropolitana que decidió ejercer el control monopólico de las drogas, los robos y el cobro de peaje”. La señora Belkys Donaire declaró a ese mismo periodista que “El Cartel de Los Sapos no es más que malandros legales porque tienen chapas que les permiten matar y 'sembrar' a culpables e inocentes”. El hijo de la señora Donaire, Kelvis Arturo Betancourt (ex integrante de la Guardia de Honor Presidencial, cuerpo del que presuntamente desertó) fue una de las víctimas fatales de la masacre.

Además de éstas, seguramente existirán muchas otras versiones. Y en este país ultra-polarizado cada quien asumirá como cierta la que mejor le acomode. Unos preferirán creer que se trató de “una operación policial de combate al hampa, como lo está pidiendo el país”. Otros se escandalizarán ante la posibilidad de que la banda de “El Bachaco” haya salido a enfrentar al Cartel de Los Sapos y en vez de encontrarse con la banda rival se hayan dado de narices con varios centenares de efectivos de la fuerza pública, que de esa manera habrían inclinado la balanza no a favor de la justicia, como sería lo deseable, sino a favor de la otra banda, dentro del complejo mundo de la “ecología del hampa”.

Las costuras del sistema de justicia venezolano

En todo caso, hay algunas cosas que no tienen que ver con versiones, sino con hechos: Es un hecho que en Venezuela no existe pena de muerte. Es un hecho también que la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela establece que un ciudadano puede ser detenido sólo cuando la aprehensión ocurra en el mismo momento y lugar en que esté cometiendo un delito (lo que se conoce como “flagrancia”) o cuando exista una orden emanada de un juez. Es un hecho también que no se conoce que en la “razzia” de El Valle hayan habido ordenes judiciales de detención o de allanamiento, o que fiscales del Ministerio Público hayan estado presentes para garantizar los derechos humanos y constitucionales de las personas afectadas por este peculiar “enfrentamiento” en que del lado de los “presuntos malos” no hubo heridos ni detenidos… sólo muertos.

Si en el Barrio “El 70” quedaba alguien que confiara aun en que las instituciones funcionan, en que los tribunales, la fiscalía y la defensoría del pueblo sirven para algo, en que se puede aspirar a que el derecho constitucional a la vida, a la inviolabilidad del hogar y a la presunción de inocencia sean respetados, si alguien quedaba en el barrio que confiara más en la Ley que en las balas, seguramente ese alguien hoy debe estar pensando en forma distinta. Porque en la batalla del martes 22 en El Valle lo menos importante es saber si el bando que ganó tenía “chapa” o uniforme. En realidad, la “lógica” que ganó fue la de la violencia. Que la policía haya ganado esa noche es una circunstancia, un incidente, casi un accidente, porque todos sabemos que incursiones así se producen sólo muy de vez en cuando. De resto, el más fuerte en el barrio es el hampa. Por eso, al actuar de acuerdo a la “Ley del Más Fuerte” en realidad se esta fortaleciendo social y culturalmente la Ley del Hampa.

La Voz
Jesús Torrealba
http://www.diariolavoz.net/seccion.asp?pid=18&sid=1050&notid=309474

YU

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