La tribu que rechaza (violentamente) todo contacto externo y mató a un misionero

La tribu que rechaza (violentamente) todo contacto externo y mató a un misionero

La noticia, con su carácter tragicómico, recorrió la web: un joven estadounidense de 27 años viajó hasta la isla Sentinel del Norte, perteneciente al archipiélago de las islas Andamán en el océano Índico, con la intención de establecer contacto con la tribu local, los sentineleses.

Cuando arribó a la playa, fue recibido con una lluvia de flechas por parte de los recelosos locales, una comunidad primitiva que se ha mantenido aislada del resto del mundo en su isla desde hace 60.000 años y ha rechazado violentamente cada intento de contacto exterior.

John Allen Chau, el estadounidense que los medios locales dijeron que era un predicador evangélico que quería llevar la palabra de Dios a los sentineleses, aunque en sus redes sociales parecía más interesado en el turismo y la aventura, murió en la playa y su cuerpo quedó allí, abandonado por los locales.

Una misión ilegal

El viaje de John Allen Chau a la isla era ilegal.

El gobierno indio ha prohibido todo contacto con los sentineleses, e incluso acercarse a más de 5 kms. de la isla está penado por las autoridades.

Tomar fotografías o grabar videos de la isla y sus habitantes puede significar una pena de hasta tres años de prisión en India, según una ley de 2017.

Como se evidencia con la muerte del joven estadounidense, estas medidas pretenden preservar la seguridad de los eventuales visitantes, pero, sobre todo, la seguridad de los propios sentineleses.

Aislada del resto del mundo, la tribu no ha desarrollado la inmunidad genética para sobrevivir a enfermedades comunes como la gripe o el sarampión.

La presencia de alguien ajeno a la comunidad en la isla puede acarrear gérmenes con el potencial de acabar con toda la tribu, que se cree cuenta con entre 50 y 150 miembros, aunque algunos reportes aseguran que pueden ser hasta 400.

El gobierno indio ha arrestado a siete pescadores sospechosos de haber llevado ilegalmente al joven estadounidense hasta la isla, quien finalmente llegó hasta la playa en un kayak y llevando de regalo para los sentineleses una pelota de fútbol, lo que no evitó que lo atacaran a flechazos. O ya tenían pelota o no les interesa el fútbol.

No te queremos aquí y no queremos tus regalos

Este incidente es el último de una serie de hechos similares que ocurrieron cada vez que alguien llegó a la isla y quiso contactar con los sentineleses, aunque en los primeros intentos conocidos no hay registro de un ataque violento.

Un oficial británico y ¿un secuestro?

Quizá la animosidad del pueblo sentinel con el resto del mundo se pueda rastrear al primer intento conocido de entablar contacto con ellos, llevado a cabo en 1880 por el oficial británico M. V. Portman, que trabajaba como administrador colonial en las islas Andamán.

Con las consabidas buenas intenciones de los colonizadores británicos, Portman lideró una expedición a la isla Sentinel del Norte y cuando llegó los isleños huyeron asustados, escondiéndose entre los bosques. Pero los europeos permanecieron varias días en la costa hasta que lograron capturar a seis miembros de los sentineleses: un hombre y una mujer ancianos, y cuatro niños.

Cuando los trasladaron hasta Port Blair, el principal puerto de entrada a las islas Andamán, los ancianos no demoraron en morir, posiblemente al exponerse a virus o gérmenes que sus sistemas inmunes no resistieron.

Los británicos les hicieron algunos obsequios a los niños y los llevaron de regreso a la isla, con la esperanza de que esto sea visto como un gesto amistoso por los sentineleses.

Sorprendentemente, la tribu no consideró muy amistoso que hayan llegado agresivamente a la isla, se hayan llevado a seis de ellos y hayan regresado solo cuatro cargando con un montón de objetos inútiles. También se cree que por la diferencia cultural, los cuatro niños no hayan interpretado a los objetos que recibieron como regalos.

En 1967, un antropólogo llamado T. N. Pandit, comenzó a viajar periódicamente a la isla, acercándose a la playa para dejar allí más regalos a los sentineleses y así poder establecer un contacto amistoso.

Los sentineleses seguían sin aceptar regalos, quizá sin siquiera conocer el concepto mismo de obsequio. Pandit abandonó sus esfuerzos años después.

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