Los budistas no le temen a la muerte: “No es un drama sino un cambio de estado”

“Han aumentado notablemente las personas que practican el budismo en nuestro país, pero no existen cifras exactas. Hay centros budistas en Santiago y en distintas regiones. En nuestra cultura no se habla de la muerte, excepto cuando nos golpea, como con la muerte de los 21 en Juan Fernández. Muchas veces la gente piensa que es pájaro de mal agüero hablar de ella, que está lejos de nosotros, y quizás por eso nos pilla desprevenidos. ¿Qué hacemos con la muerte en esta vida? Siempre nos deja con cuentas pendientes, cosas que no hemos hecho. En algún momento inventamos que hay que morirse en orden, eso es lo justo: los viejos primero y al final los más jóvenes. Todo lo que no tiene ese orden lo sentimos como injusto, ‘seguramente fue un castigo’; hasta se dice que los buenos no deberían morirse, porque los que mueren fracasaron o son enfermos que perdieron la pelea”, reflexiona Verónica.

La tradición oriental la incluye, y no la pierde de vista. “Lo importante es preguntarse cómo me viviría la vida si no perdiera de vista que me puedo morir en cualquier momento, sin la necesidad de vivir asustada. Si cualquiera de nosotros realiza ese ejercicio, comprendiendo que este momento puede ser el último, hay cosas que uno haría, y otras que dejaría de hacer; fortalecer relaciones, cambiar de trabajo, disfrutar a los seres queridos, y seguramente se enredaría en menos tonteras. Nosotros creemos que tenemos la vida asegurada, así que dejamos cosas para mañana, tiempo que quizás no existe. Si uno pone la muerte delante, necesariamente cambia cómo vives la vida. Es distinto cómo te despides de tus hijos en la mañana. Si le pongo conciencia a la muerte, le pongo conciencia a la vida”.

“Felipe Camiroaga era inmortal; muchos piensan ‘nada que ver que muera, no corresponde’. Quizás nuestra fantasía es que la muerte está lejos, y que le toca a los menos desfavorecidos, a los que viven en otro contexto. El único problema de la gente que tiene cáncer es que le entregan el certificado de defunción antes, y ellos no se pueden hacer los lesos con la muerte. Ahora, estas 21 personas murieron antes que muchos de los que tuvieron cáncer, y si a ellos se lo contaban antes, nunca pensarían que morirían después que Felipe”.

Para el budismo, después de esta vida la conciencia transmigra de una vida a otra. Lo que se muere es el cuerpo, pero la conciencia se va a otro cuerpo. La muerte no es un drama, sino un cambio de estado. “Todo esto no niega la pena, pero uno sabe que no muere porque algo anda mal, sino porque es parte de, y porque a todos nos va a pasar. Todos envejeceremos, y es un drama en nuestra cultura, que se caracteriza por negar cosas que son evidentes. El budismo pone delante lo evidente, para que a uno no se le olvide: nacemos, crecemos, enfermamos, envejecemos, morimos”, describe la budista.

Con respecto a morir de improviso, para el budismo de un momento a otro la conciencia se encuentra sin cuerpo, y probablemente no alcanza a enterarse que se murió, así que los primeros días son difíciles. “Es diferente cuando haces un proceso de enfermedad. A los 21 seguramente les costará saber que están muertos. Uno no sabe si acompañarlos en el tránsito para allá, porque quizás todavía están acá”, explica.

En el budismo se supone que hay 41 días en que probablemente puedan encarnar en el próximo cuerpo, o en iluminarse y salir de las encarnaciones. En esos días se les ayuda en el proceso a través de ritos, en vez de llorar la propia pena o el vacío que deja. ¿Qué se les dice? “Cuando el alma trasmigra todavía tiene conexión con la tierra, y por lo tanto uno les trasmite que vaya tranquilo, que aquí todo está bien, que no tengan miedo, en vez de retenerlos con la pena. En el tránsito están solos al principio, después pueden ser ayudados por maestros”.

Para reencarnar, Verónica explica que entre más entrenada se encuentre la conciencia, el transitar será mejor, e incluso se podría escoger mejor la reencarnación. Con respecto a las imágenes, se habla de llegar a la tierra pura, y si se llega alcanzar la iluminación, es el momento que se trasciende la dualidad que caracteriza al mundo humano. Cuando uno logra su propia iluminación, y hace un voto de servicio, se vuelve a encarnar hasta que todos hayan logrado la iluminación; se viene a servir.

No existe el infierno en el budismo; un violador o asesino pasa el mismo proceso. Lo que recibirá son las reacciones de la vida anterior, pero también es importante saber que hoy generaré mi mundo de mañana, así que es vital ser conciente del ahora, para crear un futuro mejor. “El karma se relaciona sólo con la acción-reacción; si uno planta tomate, tiene tomates. Dependiendo de lo que siembre, cosecharé. En general en el budismo se creman los cuerpos”.

Hay que aclarar que en el budismo no coexiste la imagen externa de alguien que castiga. El buda no es un Dios; es un ser humano común que hizo un camino, y mostró sus resultados para que otros probaran. “No niega a Dios, pero Buda enseñó sobre la vida en la tierra, nos entrega respuesta sobre por qué sufrimos. Es una noción de religión totalmente distinta. No es un sistema de creencias, se relaciona con las leyes de la vida, se puede creer en Dios y practicar el budismo, se acerca mucho a la sicología”.

Fuente: http://mujeres.grupopublimetro.cl/los-budistas-no-le-temen-a-la-muerte-n...

DJ

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