Los israelíes celebran el Año Nuevo judío confinados y con pesimismo

Los israelíes celebran el Año Nuevo judío confinados y con pesimismo

Los israelíes dieron hoy la bienvenida al Año Nuevo judío, Rosh Hashaná, confinados por un nuevo cierre con restricciones de movimiento, limitaciones de aforo en sinagogas y un pesimismo generalizado por la crisis del coronavirus.

Como todas las festividades judías -que comienzan al caer el sol-, el año hebreo 5781 arrancó ayer viernes al atardecer, pocas horas después de que Israel iniciara un segundo confinamiento nacional de al menos tres semanas para frenar su imparable segunda ola de COVID-19, con tasas de contagio de las más altas del mundo.

Desde ayer por la tarde, las calles del país están vacías, la población encerrada en casa y solo comercios esenciales pueden abrir. La ciudadanía no puede ir más allá de un kilómetro de sus casas y se prohíbe visitar a otras personas en sus domicilios, lo que hace que esta festividad se celebre en tono menor y con poco ánimo.

Un "Shana tová" descafeinado

"Shaná tová" (Feliz año, en hebreo) es la felicitación propia de la celebración -que se prolonga hasta mañana por la tarde-, pero esta vez los israelíes se tienen que conformar con trasladar sus mejores deseos a amigos, parientes o allegados por teléfono.

El año nuevo suele arrancar con una cena festiva en la que tanto religiosos como seculares se reúnen con sus familiares, pero el confinamiento impidió ayer los grandes encuentros. Ante esta situación, hubo familias que se adelantaron: cenaron juntas el jueves por la noche o comieron ayer por la mañana, antes del cierre.

Otros, pese a las restricciones, se juntaron con amigos de su misma área para no pasar solos esta fecha señalada. Este es el caso de Elad Shpindel, estudiante de arquitectura en Jerusalén, que no pudo cenar con sus padres, residentes en la ciudad de Rehovot.

Drante el cierre del pasado abril ya no pudo visitar a su familia por la festividad de Pésaj (Pascua), pero consideró entonces que era el precio a pagar para contener la pandemia.

Un confinamiento "sin lógica"

Sin embargo, igual que gran parte de la opinión pública, ve este segundo confinamiento "innecesario", fruto de un Gobierno sin rumbo "que no sabe qué hacer y no tiene un plan para luchar" contra la fuerte segunda ola vigente desde finales de mayo.

"Recurrieron al cierre porque no sabían qué hacer" y era "lo más sencillo, pero no parece una solución", declara Shpindel a Efe.

Esta mañana, en una protesta en la playa de Tel Aviv, unas 200 personas se manifestaron contra el cierre, que consideran ilógico.

Las normas de este confinamiento están repletas de excepciones: entre otras, se permiten las manifestaciones (manteniendo distancia social y separándose en grupos de un máximo de veinte personas), se puede hacer deporte sin restricciones de distancia e ir a trabajar si se respetan las limitaciones de aforo en puestos laborales.

Sinagogas abiertas, pero con restricciones

Una de las preocupaciones entre los religiosos de Israel -sobre todo entre los sectores ultraortodoxos judíos- era que se les vetara rezar en las sinagogas por Rosh Hashaná y las dos festividades que le seguirán, Yom Kipur (Día del Perdón) y Sucot (los Tabernáculos).

Aún así, el rezo se permite con aforo limitado, separaciones entre fieles y normas higiénicas.

En el interior de las sinagogas puede haber un máximo de entre 10 y 25 asistentes, con plásticos de separación y dos asientos vacíos entre cada fiel. En el exterior, el máximo es de 20 personas, sin pantallas de plástico y dejando un asiento vacío entre fieles.

Un año nuevo amargo

Entre los productos más vendidos por Rosh Hashaná están las manzanas y la miel, que encarnan el deseo de tener un "dulce" año nuevo, pero se trata de un período amargo para muchos.

La economía está debilitada -hay en torno a un 10% de paro, alto en comparación al 3,3% de febrero-, y sectores que eran clave para el dinamismo económico del país están muy afectados.

El turismo, que creció mucho estos años, quedó reducido a cero. Bares y restaurantes -que durante el cierre están clausurados y solo pueden servir a domicilio- también recibieron un duro golpe, y la mayoría de pequeños negocios y empresas están en situación precaria.

Ante ello, el Ejecutivo de Benjamín Netanyahu -deslegitimado por su gestión de la pandemia- intentará reducir la alta cifra de infecciones con este confinamiento para recuperar cierta normalidad.

Israel registra unos 177.000 contagios y casi 1.200 fallecidos desde el inicio de la pandemia. Tras días de máximos, este jueves superó de nuevo los 5.000 casos diarios, un número muy alto para sus nueve millones de habitantes.

Las autoridades buscan reducir los positivos a unos mil por día para comenzar a levantar restricciones, pero el panorama es incierto y mucha gente ve el futuro próximo con poca esperanza.EFE

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