Polémica reforma de la jubilación en Francia a punto de ser aprobada

Dos días antes de la séptima jornada nacional de huelgas y protestas contra la reforma, que provocó masivas manifestaciones en todo el país, y ante una menor adhesión a las huelgas en el sector petrolero y transportes, el gobierno intentaba pasar la página.

"La expresión (del rechazo a la reforma) está cambiando", afirmó el martes la ministra de Economía, Christine Lagarde, interrogada sobre si considera que la movilización social entró en una "etapa de final de conflicto", pese a que evitó pronunciar esa frase.

"En esto no hay ganadores o perdedores", afirmó la ministra que el lunes estimó las pérdidas causadas por las huelgas en "200 a 300 millones de euros diarios (280 y 569 millones de dólares).

Cinco de las 12 refinerías de Francia reanudaron el martes sus actividades, según el ministro francés del Interior, Brice Hortefeux, que prevé una "vuelta a la normalidad progresiva".

Una decena de depósitos de combustible seguían bloqueados y "entre el 20 y el 25%" de las gasolineras registraba escasez de combustible, según fuentes del sector petrolero.

El secretario general de la CGT, primera central obrera francesa, Bernard Thibault, advirtió que la movilización social "no ha terminado" y afirmó que "pase lo que pase en los próximos días... la movilización "continuará.

Sin embargo, escaso respaldo obtuvieron el martes los estudiantes universitarios que habían convocado a manifestaciones contra la reforma de las jubilaciones que elevará de 60 a 62 años la edad mínima de jubilación y de 65 a 67 años la edad para cobrar una pensión completa.

En París, tan sólo un millar de estudiantes se concentraron frente al Senado, donde tuvo lugar la votación solemne del proyecto de ley impulsado por el gobierno del presidente conservador Nicolas Sarkozy que pondrá fin al símbolo de la jubilación a los 60 años vigente desde la presidencia de Francois Mitterrand. "Hoy no sirve de nada hacer huelga contra la jubilación", sostuvo el martes el ministro francés de Trabajo, Eric Woerth, pues la reforma ya está "en la última línea recta", sentenció.

A la luz de la manera en que Sarkozy entabló esta reforma mostrándose inflexible y con la mirada puesta en la presidencial de 2012, algunos analistas estiman que corre el riesgo de "generar una temible amargura" en una parte de la población.

El 42% de los franceses interrogados para una reciente encuesta afirman que esta reforma los incitará a votar en contra de Sarkozy en la próxima elección presidencial. Hasta entonces esta reforma seguirá dando que hablar.

"Una reforma puede ocultar otra... Un hombre puede ocultar a otro", sostuvo en la cámara Baja un diputado comunista que interrogó al gobierno sobre el papel de Guillaume Sarkozy, hermano del presidente y número uno de un grupo de jubilaciones y pensiones complementarias. AFP

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