Porches y techos son las "camas" de los Zulianos durante apagones

Porches y techos son las "camas" de los Zulianos durante apagones

Ya su cuarto dejó de pertenecerle. Y quizás también su casa. Así lo siente. Cuenta cada segundo a oscuras, casi hasta desgastar su reloj, pero el tiempo parece estático. Desde el sector los Estanques, en Pomona, Paula Hurtado pide por un milagro que no le conceden desde hace más de un mes: que llegue la luz para descansar.

“Me la paso toda la madrugada de la cama al piso, después me voy al patio, termino en el frente. Es una pesadilla sin fin. Donde quiera que me meta, los zancudos me persiguen, son demasiados. No me dejan dormir. Lo peor es que solo dan tres horas de luz al día, en la mañana, cuando estoy trabajando. Este es el resumen de mi vida”, contó la joven de 24 años, que delata su agotamiento con sus acentuadas ojeras.

Como ella, los zulianos se han convertido en noctámbulos en medio de los severos apagones que no pierden ni una sola cita nocturna y pueden prolongarse hasta el amanecer. Para entonces, las aceras de diversas comunidades permanecen repletas de personas que buscan algo de fresco.

Durante la penumbra, Johana Rondón, de la urbanización La Paz, se acuesta mojada y sin ropa sobre el piso “medio frío”, empeñada en paliar la insoportable ola de calor que hace más cuesta arriba el colapso eléctrico que golpea a la región de una manera implacable. A ratos, el sueño la vence.

“Mi niño de un año se despierta con crisis de llanto por este calorón infernal. Me perturba que duerma en esta incomodidad y eso me desvela”, dijo Rosana León, de la primera etapa de los bloques de Raúl Leoni.

Agobiada por la misma preocupación, Arelis Araujo, de El Potente, mantiene adoloridos sus brazos por la jornada de ‘ventilación’ manual que ofrece cada noche a su pequeña de 18 meses. Aseguró que, en ocasiones, debe quedarse encerrada en la habitación porque muy cerca de su vivienda encienden basura.

A una distancia cercana, en el barrio Cerro Pelao, Ronny López y su familia intentan reponer energías. Instalados en el techo, unos dentro de una carpa y otros en colchonetas, se organizan desde el 7 de marzo, cuando ocurrió el primer apagón nacional. “Ya no sabemos si quedarnos abajo o mudarnos para arriba. Es inhumano seguir sometidos a este desastre”, reclamó.

“Se fue la luz en la noche y nos dormimos. Cuando despertamos, comenzamos a hacer el café y el almuerzo, calculamos que estaba amaneciendo, pero resulta que eran las 11:00 pm”, es una experiencia que vivió Renato Pérez, habitante de Nueva Democracia, a quien se le hace infinita la espera.

Los ciudadanos caminan por las calles del Zulia aletargados y contagiando bostezos. Buena parte debe cumplir con sus obligaciones laborales o académicas, independientemente de su estado físico.

Por ejemplo, Ana Suárez se desempeña como contadora y expresó: “Siento que no rindo en mi oficina. Todo me cuesta más. Si hacía algo en dos horas, ahora me puedo tardar hasta cinco. Me resulta difícil concentrarme”.

Mientras que Mauricio Perozo ha invertido su rutina, pues se activa para adelantar trabajo desde las 2:00 am, tras la desconexión del sector Santa Clara, donde vive. “Solo a esa hora ‘resucita’ el Internet”, indicó.

La zozobra por la inseguridad es otro de los factores que atormenta las anormales noches en el estado. “La delincuencia es atroz. Tenemos que recoger todo cuando, en pleno apagón, se escuchan tiros. Las cercas eléctricas no funcionan y sentimos miedo de que se metan a hacernos daño”, manifestó Thebsil Hurtado, vecina de Pomona.

Un temor similar experimentan en La Gloria. Allí, denunciaron que “delincuentes armados entraron a una de las casas y se llevaron de todo”.

Igualmente, en el sector Cuatricentenario y en otros tantos, los hombres se distribuyen en grupos para hacer rondas, a fin de evitar el robo del cableado eléctrico.

A las 4:00 de la mañana, puntual como un reloj suizo se encienden las luces en el barrio 23 de enero, al sur de Maracaibo. “Nos levantamos como robots a conectar los electrodomésticos, cargar lo celulares y llenar las jarras de agua. Cerramos los ojos; enseguida suena el despertador. Es mentira que los supuestos horarios son rotativos. Eso aquí no se cumple. La electricidad se va antes de tiempo y regresa siempre a esa hora. Pasamos más de 15 horas (en dos bloques) desconectados”, explicó Irma Ortega.

En fin, una de las necesidades básicas del ser humano, indispensable para su bienestar físico y emocional, está desplazada por los cortes, al menos en el territorio zuliano. Noches de vigilia, incertidumbre, angustia y calamidades se han instalado en las agendas. ¿Descanso?, parece un sueño.

Fuente: Panorama / EB

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