Sudor y empujones para conseguir el mejor selfi con Ramsés II

Sudor y empujones para conseguir el mejor selfi con Ramsés II

El sol iluminó hoy el rostro del faraón Ramsés II en el interior del templo de Abu Simbel, un fenómeno que ocurre dos veces por año, en las celebraciones del 50 aniversario del traslado pieza por pieza de este colosal monumento egipcio.

Cientos de turistas llegados a Egipto procedentes de todo el mundo madrugaron o no durmieron para poder ver cómo el sol penetraba hoy al amanecer en el templo de Abu Simbel e iluminaba la cara de Ramsés II... y sacarse una foto con el faraón tres milenios después de su reinado.

Desde China, Nueva Zelanda, Canadá o España turistas y curiosos desembarcaron en la pequeña localidad de Abu Simbel, en el extremo sur de Egipto, para presenciar un fenómeno que sólo pasa dos veces al año, el 22 de octubre y el 22 de febrero, fechas que a los egiptólogos les gusta creer que coinciden con el cumpleaños y la coronación del faraón.

"Tuvimos la oportunidad de venir hasta aquí, nos dijeron que iba a ser un día especial ¡pero no pensaba que iba a ser tan especial!", asegura a Efe Mikel, un estadounidense que navegó por el río Nilo hasta Asuán y luego recorrió en autobús los cerca de 300 kilómetros que separan esta ciudad de Abu Simbel.

El templo de Abu Simbel es conocido no sólo por su majestuosidad y buena conservación, sino por la inmensa obra de ingeniería que supuso su desmontaje y traslado para evitar que quedara sumergido en las aguas del lago Naser tras la construcción de la presa de Asuán, en una exitosa campaña liderada por la UNESCO hace 50 años.

Después de su mudanza, Ramsés II recibe los rayos del sol un día después que en su emplazamiento original, pero los expertos consiguieron reproducir este milagro de la ingeniería faraónica que sigue asombrando en el siglo XXI.

"Todo lo que hizo Ramsés II era espectacular, con las dimensiones más grandes", explicó a Efe el egiptólogo Nigel Hetherington.
"Evidentemente su propaganda funcionó bien, porque todavía nos acordamos de él", agrega sobre este faraón que estuvo en el poder 70 años y buscaba ser venerado y pasar a la posteridad.

Al igual que Mikel, muchos sufrieron horas de carretera y espera a las puertas para entrar al templo, tomado por la policía militar en esta ocasión especial para evitar altercados, aunque los uniformados no pudieron controlar el furor y el deseo de tomar la instantánea perfecta y hasta una selfi con Ramsés II.

En torno a las 6.00 de la mañana (4.00 GMT), en medio de la expectación y el murmullo, el sol se asomó finalmente desde el lago Naser y la luz reptó los 60 metros que hay hasta el pequeño nicho en que la efigie de Ramsés II, sentado junto a tres dioses, permanece todo el año en penumbras.

Después de que las autoridades disfrutaran de los primeros instantes del espectáculo sin molestias, el cordón policial empezó a dejar fluir a la masa de visitantes en un ambiente sofocante y ajeno al cuidado de los relieves que adornan el templo y relatan las batallas de Ramsés II al frente de su Ejército.

En medio de los gritos de los vigilantes egipcios, que pedían a los turistas que pasaran rápidamente frente al santuario y no se detuvieran a hacer fotos, el sol se fue posando lentamente sobre el dios Rah, a la izquierda del faraón, y luego sobre Amón, dos de los más importantes y asociados en su momento con el culto a Ramsés II.

En el extremo izquierdo del conjunto de estatuas, Ptah, que se mantiene en la sombra en todo momento debido a su relación con las tinieblas, fue el único que se salvó de los flashes de los turistas.

A pesar de la prohibición de usarlos, la luz de las cámaras, los móviles, incluso con soporte alargado para selfis y las peleas por conseguir una buena foto en medio del caos acabaron con la magia de un momento que fue ideado hace más de 3.000 años para honrar al faraón.

"Mucha gente y muchos empujones, pero vale la pena", dijo a Efe Justine, procedente de Nueva Zelanda, al destacar que esta era una de sus excursiones principales de su itinerario por Egipto. EFE / RA