Trabajadores sin agua ni casco construyen los edificios de la India moderna

Pero el mayoritariamente informal sector de la construcción, el segundo que según datos oficiales más empleo proporciona tras la agricultura, es hoy una muestra de las carencias que aún presenta el desarrollo económico del gigante asiático.

Lo reflejan humildes trabajadores como Adith Pandit, que abandonó su aldea en el estado indio norteño de Bihar, uno de los más depauperados, y trabaja trece horas al día en un edificio de cuatro plantas de un barrio céntrico de Nueva Delhi desde hace ocho meses.

Pandit enseña la obra a Efe mientras junto a él corretean menores de entre dos y siete años, que juegan descalzos junto al hueco del ascensor y se columpian entre los andamios de caña, mientras varias mujeres suben las escaleras cargando ladrillos sobre sus cabezas.

Los trabajadores no llevan cascos ni uniformes, ni tienen acceso a agua corriente. Trabajan con las ropas que luego tienden entre sacos de tierra y cemento junto a los toldos que hacen las veces de dormitorios y que se levantan al lado de los escombros de la obra.

"La situación es bastante cruda en las zonas rurales, así que buscan mejores oportunidades en las urbanas. La construcción es uno de los mayores reclutadores de mano de obra no cualificada", explica a Efe la directora de la oenegé local Mobile Creches, Mridula Bajaj.

Cada año, decenas de miles de personas abandonan la crisis del campo en regiones como Bihar, Uttar Pradesh, Bengala o Chattisgarh y se desplazan a las urbes indias, que en 2030 generarán el 70 por ciento del PIB del país, según un estudio del Instituto McKinsey.

"Se trasladan con su familia, de manera que tengan cuatro manos para trabajar. Cuando es así, los niños pequeños también vienen", expone Bajaj.

Y la esperanza de una mejor vida en las ciudades, se convierte en algo que no pensaron: bajo la disciplina de múltiples contratistas y subcontratas, pasan de unos a otros tras periodos breves, de obra en obra, y a menudo después de pagar comisiones de sus exiguos salarios.

El mínimo estipulado por la ley para un trabajador no cualificado es de apenas 166 rupias diarias (unos 3,7 dólares) pero, según Mobile Creches, la mayoría cobran menos de cien, lo que se debe en parte a que "apenas hay mecanismos de supervisión".

Y aun así, no es tan poco como parece: esta cantidad es hasta tres veces superior a lo que obtenían previamente en el campo, según un estudio de la oenegé.

"No hay salida para ellos, están muy explotados. Son iletrados. En el momento en que se quejen serán echados porque hay muchos niveles de contratación", argumenta la activista, cuya organización cuenta con 35 centros en la capital india y sus alrededores.

En los últimos años, la falta de suelo en Delhi ha propiciado el desarrollo vertiginoso de nuevos núcleos urbanos como Gurgaon, donde son continuos los nuevos proyectos de pisos, edificios de empresa e infraestructuras públicas.

Allí, Mobile Creches dispone de varios centros y trabaja codo con codo con algunas de las pocas constructoras (en torno a un 10% en el territorio capitalino) que además de hacer negocio aportan un granito de arena para dotar de un bienestar mínimo a sus empleados.

Es el caso de una obra de varios edificios en el barrio de Nuevo Palam Vihar, donde los trabajadores son obligados a llevar casco, cuentan con una colonia de habitáculos separada, acceso a agua corriente y electricidad y pueden enviar a sus hijos a la escuela.

La escuela, a la que asisten unos 60 menores de hasta doce años, es gestionada por la oenegé, que recibe fondos mensuales de la empresa para cada menor con los que parcialmente costea la manutención, la educación y la atención médica.

Esta ayuda es esencial, sobre todo para los más pequeños, dice la ONG, consciente de que los obreros bajo su radio de acción son, en cierto modo, unos privilegiados. EFE

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