Vuelven los tiempos de oro para el guano, excremento de aves, en Perú como fertilizantes

La isla es el reino de las aves. El ruido es un incesante concierto de graznidos y chillidos y batir de alas. Los alcatraces se pelean por espacio a golpes de sus afiladas alas. "Es un trabajo solitario y se extraña a la familia, pero es lindo trabajar con las aves", dice Juan Méndez, guardián de la isla, que pasó los últimos 13 años de su vida cuidando algunas de las 21 islas guaneras que tiene Perú en sus 3.000 kilómetros de costa.

Él permanece en la isla incluso cuando el periodo de recolección de guano (abril a noviembre) termina, pues debe repeler a los cazadores furtivos que vienen a matar por cientos a estos pájaros para vender su carne en los mercados populares, donde la hacen pasar por 'patillo', que es un ave de buen sabor.

Los trabajadores están forzados a adaptarse a un trabajo de muy duras condiciones. Martín Pizarro, de 44 años, dice que "el ser humano es la máquina más adaptable jamás creada. Somos capaces de adaptarnos a cualquier tipo de condición o de trabajo".
Es uno de los pocos trabajadores que viene de la costa y no de las altas montañas del Perú. Generaciones de curtidos campesinos vienen desde hace décadas a recoger guano.
Los trabajadores ganan en un mes 1.200 soles (unos 430 dólares) que es más del doble del salario mínimo. En la isla, donde hay 284, también se les provee de alojamiento y comida.

Los trabajadores se levantan a las 04H30 de la mañana, toman una sopa de quinua -un grano andino famoso por sus propiedades nutritivas- y antes del amanecer escalan los caminos donde una gran montaña de guano los aguarda.
Meten el guano en costales con capacidad para 50 kilos, que luego son transportados por los llamados 'corredores', que se los ponen a la espalda y los llevan al lugar donde serán embarcados. Cada corredor, viejo o joven -y varios de ellos tienen edades avanzadas- carga unos 120 costales en una mañana de trabajo.

El guano que se produce en las islas va a 24 bodegas a lo largo de Perú y, de ellas, cinco están estratégicamente localizadas en el Valle de los Ríos Ene y Apurímac (VRAE - la zona donde más se produce cocaína), donde sirve para estimular los cultivos alternos de café, cacao o palma.
Sobre la extracción de guano, Rodolfo Beltrán, director de la agencia de desarrollo agrario en Perú, señala a la AFP que este producto "es un recurso único y el gobierno está tomando todas las medidas para protegerlo".

Méndez señala que en la isla, el número de aves ha subido en los últimos cuatro años de los 3,2 millones a los 5, muy lejos sin embargo de los 60 millones durante el boom del guano del siglo XIX.
"En el siglo XIX hubo la amenaza de Estados Unidos al Congreso peruano de invadir las islas guaneras, porque el gobierno peruano subió el precio al guano", dice, mientras recuerda que la negativa de compañías chilenas a pagar un impuesto sobre el guano a Bolivia fue un detonante de la guerra del Pacífico en 1870. "En esa época anualmente se podían exportar entre 200 y 300.000 toneladas, actualmente sólo se comercializan entre 18 y 20.000 toneladas al año".

Ya no hay una lucha por el guano. Los peligros en cambio vienen de la sobreexplotación en altamar de la anchoveta, el alimento de las aves guaneras.
Durante décadas, las aves siguieron anidando, reproduciéndose y produciendo toneladas de excremento.
Quedaron atrás los tiempos de los conflictos por este recurso, ya conocido por los Incas, para quienes el guano ('wanu') era tan importante que se castigaba con la muerte a quien perturbaba a las aves. AFP

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