Elogios unánimes para el filme Post Mortem del chileno Larraín en Venecia

"Chile se postula al León con la autopsia de Allende", titula por su parte Il Corriere della Sera, cuya especialista, Guiseppina Manin, "presagia un premio" frente a "los aplausos y los consensos" recibidos por la cinta.

La idea de narrar el golpe militar de 1973 desde la morgue donde practicaron la autopsia a Allende resulta "terrible y necesaria" para el reconocido crítico cinematográfico Roberto Pugliese.

"El cineasta chileno regresa con su lenguaje impecable, la ética y estética fija, la intransigencia técnica llevada hasta el extremo estético, que inclusive suscita rechazo, para narrar la tragedia del pueblo chileno en modo elíptico, más directo con respecto a su filme precedente (Tony Manero)", escribió.

Es la historia "de un hombre pequeño capaz de transformarse de víctima en verdugo alcanzando una espantosa sintonía con lo que le sucede a su alrededor", agregó.

Menos entusiasta resulta el comentario del enviado del diario español El País, Carlos Boyero, quien considera que "la inquietud que provoca una historia tan depresiva es nula".

"Imagino que hay pretensiones alegóricas y simbolistas, pero no logro captar esas esencias", reconoce.

La posibilidad de que la cinta convenza a los jurados, entre ellos tres reconocidos directores de cine --Quentin Tarantino, Guillermo Arriaga y Gabriele Salvatores-- es bastante alta, según algunos observadores.

"La escena final no puede no gustar a Tarantino", comentó un cinéfilo, al mencionar el amor por el cine anticonvencional del presidente del jurado.

"Con una de las escenas más angustiantes que haya visto, Larraín nos obliga a reflexionar sobre la desidia de quien cierra los ojos ante la realidad, --comenzando por los chilenos que aceptaron la dictadura-- y prefieren borrar la propia moral en vez de enfrentarse con el Mal", sostiene Mereghetti.

Se trata de la última y larga escena en la que el oscuro funcionario de la morgue entierra bajo una montaña de escombros a su amor platónico, enterrando simbólicamente su propia conciencia. AFP