El "Robin Hood" de Ridley Scott y Russell Crowe desata polémica en Cannes

Para algunos, el ritmo es dinámico e incluye buenas dosis de acción, en escenas tan espectaculares como realistas. Para otros, el diálogo es excesivo y la película se excede en su duración. Otros alabaron sus escenas comparándolas con los mejores momentos de Gladiador, estelarizada también por su actor fetiche, Russell Crowe, quien esta vez fue quien contrató al realizador británico, para quien ha trabajado en Un buen año, Gangster americano y Red de mentiras.

Scott marca la diferencia poniendo énfasis en la génesis del protagonista y su conversión en proscrito. Se sumerge en la revisión de las peripecias de un personaje que procede de la tradición oral anglosajona. La trama no cuenta la historia tradicional, sino, en cierto modo, su “precuela”.

Con Robin Hood, Ridley Scott eligió volver a la épica, un terreno en el que sabe moverse. Por otro lado, el director de otros títulos fundamentales del buen cine, como Alien, Blade Runner y Thelma and Louise, aborda en su Robin Hood una denuncia contra el despotismo de los gobernantes que en nombre de grandes ideales cometen todo tipo de tropelías (¿les suena conocido?). Es claramente un alegato a favor de la democracia y de la igualdad de derechos para todos los hombres. Lo valioso es que consigue divulgar este mensaje, sin que la película resulte para nada pretenciosa.

Russell Crowe interpreta a Robin Longstride, un intrépido soldado que apoya al rey Ricardo Corazón de León en las Cruzadas. Cuando están a punto de volver a Inglaterra, el monarca decide asaltar un castillo francés y muere en la refriega. Robin y varios de sus compañeros desertan y acaban regresando a la ciudad de donde proceden, Nottingham, tras suplantar a la comitiva que lleva la noticia de la muerte del monarca.

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Una vez en su destino, nuestro héroe conoce casualmente a Lady Marian (Cate Blanchet), de la que se enamora. Además, descubre que el sheriff despótico trata a la población con crueldad, por lo que decide reunir a sus compañeros para hacerle frente.

La historia no narra cómo era la vida de Robin y sus compinches en los bosques de Sherwood, sino cómo un hábil arquero del ejército inglés que regresaba de las Cruzadas quedó en el centro de una disputa política en la que juegan la muerte de un rey, las ambiciones de un príncipe, la quiebra financiera de Inglaterra tras las Cruzadas, la rebeldía de los señores feudales oprimidos y las ansias de los franceses por conquistar Londres.

El elenco no pudo haber sido mejor escogido. Todos lucen ideales en sus papeles: desde la gran Cate Blanchett en su rol de Lady Marion hasta Danny Huston como Ricardo Corazón de León, pasando por Max von Sydow como Sir Loxley, William Hurt como el consejero Marshall, Mark Strong como el villano Godfrey, Kevin Durand como el Pequeño Juan y Mark Addy como el fraile Tuck y Oscar Isaac en el papel del príncipe Juan Sin Tierra.

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Llama la atención que durante toda la película, el personaje de Russell Crowe será Robin Longstride o (bajo una falsa identidad) Robert Loxley. Sólo en dos oportunidades se lo mencionará como Robin Hood: cuando comete su primer saqueo para favorecer a las víctimas de la opresión y en el final, cuando el arquero pasa a convertirse en leyenda.

AQUILINO JOSÉ MATA
Informe21.com

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