Venevisión estrena "Los Imposibles"

En su potestad están las interrogantes sobre la vida, las curiosidades, las virtudes, las debilidades y las anécdotas de otros. Leonardo Padrón, el poeta, el escritor, el ensayista, ocupa por placer ­desde hace casi cuatro años­ el asiento del entrevistador.

Se dejó seducir por el arte de entrevistar a través de las ondas hertzianas. Pero se trazó un reto: no hablaría con cualquier persona, sino con aquellas a las que es más difícil tener acceso por sus responsabilidades o fama, como artistas, científicos, políticos, por nombrar algunos.

Algunos de esos encuentros los recopiló luego en tres libros. El siguiente paso era dar el salto a la televisión.

Luego de meses de producción, Los Imposibles llegará a la pantalla de Venevisión el próximo domingo, a las 10:00 pm.

Será una temporada larga, con la emisión de 26 entrevistas. Hay personajes tan disímiles como Mario Vargas Llosa, Fito Páez, Carmen Maura y Juanes.

--¿Se siente diferente al hacer las entrevistas frente a la cámara de televisión?
--Sólo en un sentido. En el obvio. En el de saberte visible, literalmente visible. Todo el aparataje que implican tres cámaras, una plantilla de iluminación, la balita del micrófono que mete ruido, el maquillaje, en fin... Claro, yo he estado más de 25 años detrás de las cámaras y, sin duda, ponerte delante es una vuelta de tuerca notable. Pero tampoco ha sido traumático ni mucho menos. La meta ha sido llevar el programa de radio, con su misma estructura, al idioma del video. Y creo que lo logramos.

--¿Cuál es su reto como entrevistador?
--Lograr una entrevista honesta, atractiva y distinta.

No tiene gracia entrevistar a María Conchita Alonso o el Puma si vas a llover sobre mojado. La idea es traspasar la máscara que todo personaje público asume frente a un micrófono. Y no se trata de perseguir lágrimas o titulares escandalosos. El reto es lograr la versión más genuina que se atrevan a ofrecer de ellos mismos. Repito algo que dije una vez: preguntarle la vida a alguien siempre es difícil; corres el riesgo de que te digan la verdad.

--¿Tiene alguna herramienta para romper el hielo?
--No. Cada personaje entraña una huella digital distinta y, por lo tanto, su propio abordaje. Sólo te queda ser tu mismo, plantearles las reglas del juego sin emboscadas, verlos a los ojos con frecuencia, y que se den cuenta que la idea es pasarla bien. De hecho, nunca sabes de qué humor te los vas a encontrar. O si las condiciones te serán adversas. Con Vicente Fernández, por ejemplo, fue inaudito. Lo esperamos siglos y ya se acercaba la hora de su concierto. Se apareció vestido de charro, en tono mostaza, y con su pistola al cinto. Una visual estupenda para la entrevista. Pero apenas empezamos, a los 15 minutos, su manager empezó a apurar a mis productores. Los otros 30 minutos fueron exasperantes: mientras yo lo entrevistaba, detrás de él casi se caían a golpes productores, manager y escoltas. Eso no lo veía él, pero yo sí. Lo providencial fue que el hombre me dio una entrevista extraordinaria.

--¿Hay algún tema que no puede dejar de preguntar?
--Sí. La gran mayoría son personajes inmensamente famosos. Me gusta explorar cómo manejan ese monstruo tan peligroso llamado ego. A veces siento que, en el fondo, le estoy haciendo una larguísima entrevista a La Fama, en 80 versiones distintas. Y cada vez sigo agregando más versiones. Suelo preguntarles, también, cómo llegaron al papel que desempeñan en la vida. Como escritor, me llama la atención ver cómo escribieron su propio destino.

--¿Cuál fue el encuentro más difícil?
--Hasta ahora, en esta temporada, no me ha tocado vivir episodios tan "difíciles" como los que viví con José Vicente Rangel o con Hebe de Bonafini, la líder de las Madres de la Plaza de Mayo.

Y digo difíciles por lo controversiales de sus ideas y su actitud de confrontación, más allá de que Rangel se portó como un caballero. Quizás, esta vez, una de las que más me impresionó fue la de Lucía Méndez, una diva químicamente pura, con una conciencia brutal de cómo manejar el show.

--¿Cuál cree que fue el personaje más revelador? ¿Por qué?
--José Luis Rodríguez, que suele ser muy escurridizo, terminó soltando frases realmente reveladoras. No digamos María Conchita, que confesó algo muy fuerte que jamás había dicho, algo francamente íntimo.

Por otro lado, Fito Páez ­por ejemplo­ fue un alarde de inteligencia y demostró cuánto se parece a su música. Y a Montaner lo verán reflexionando, como pocas veces, sobre su vida y su oficio.

--¿Hay alguna frase o algún momento que guarde para el recuerdo? --Curiosamente, el primer programa que grabé para televisión fue en Los Ángeles y nada menos que con Andy García, una estrella neta de Hollywood. No me creí que se iba a dar la entrevista ni siquiera estando ya con las cámaras instaladas. De pronto, lo vi acercarse a través de las ventanas del lugar y entendí que estaba ante una verdadera prueba de fuego. Hay famas de famas. Y ésta resultaba particularmente intimidante. De hecho, el estrechón de manos estuvo cargado de recelo y escepticismo por parte de él. Felizmente, a mitad de entrevista, ya había logrado ponerlo a tocar bongó.

--¿Anastasia Mazzone sería un imposible?
--¡Jajaja! Quién sabe. No me gusta jugar a las especulaciones. La respuesta está en manos del tiempo y de su talento y determinación, que los posee en alto grado.

Pero el coctel implica, además, rigor, perseverancia, suerte, disciplina y viento a favor.

--¿A qué jóvenes talentos venezolanos le gustaría entrevistar? --Casualmente, en esta temporada están los dos primeros jóvenes que he entrevistado bajo el rótulo de Imposibles. Y ambos son venezolanos: Gustavo Dudamel y Edgar Ramírez. En general, entrevisto a gente que tiene una hoja de vida extensa y relevante, con décadas de fragua y un historial incuestionable. ¿Pero quién puede dudar de que ambos han superado los límites de lo previsto?

ANDREÍNA MARTÍNEZ
EL NACIONAL
anmartinez@el-nacional.com