Catalina de Cambridge se blinda contra el acoso de los paparazzi

La localización de la propiedad en un recóndito y pequeño pueblo del condado de Norfolk (este de Inglaterra), donde no existe ni un solo bar o tienda y con una población de 63 personas lo convierten en el lugar ideal para huir de miradas indiscretas y del teleobjetivo de los fotógrafos. No obstante, la casa resulta demasiado visible desde la carretera y para extremar las medidas de precaución, se ha aprobado un plan de reformas orientadas a subsanar esta serie de deficiencias que podrían turbar la intimidad de la familia.

En primer lugar, se plantarán decenas de árboles, arbustos y frondosa vegetación de crecimiento rápido que blindará todo el perímetro de la vivienda haciéndola prácticamente invisible desde el exterior. Respecto al acceso, se redistribuirán las puertas, situando la principal tras un sendero de cien metros. La entrada común que compartía el inmueble con la Iglesia de St. MaryŽs quedará cerrada el público y será de uso restringido de la pareja real.

Interior de la finca
En el interior de la finca, el arquitecto Charles Morris será el encargado de rehabilitar el jardín, construir una pérgola y reubicar la piscina en un lugar interior más discreto apartada de las entradas o de los límites de la finca. Unos almacenes de madera situados en el patio central se transformarán en una habitación extra en la que está previsto que se aloje el personal de seguridad. Además, se construirá un nuevo parking.

Todo parece estar planeado al milímetro para proporcionar el mayor nivel de intimidad y el entorno más cercano de la pareja considera que han tomado la decisión acertada refugiándose en esa casa solariega apartada del trasiego de las grandes ciudades. «Ha sido una idea excelente, es un lugar en contacto directo con la naturaleza, ideal para criar a los niños y seguro que a Guillermo le tras muy buenos recuerdos, ya que veraneaba aquí de niño», comentó el excorresponsal de Casa Real para la BBC, Michael Cole.

La casa, que cuenta con diez habitaciones y varias pistas de tenis, es una de las mansiones con más encanto de las 150 que posee en la Reina en Sandringham y se encuentra a tan sólo tres kilómetros de la residencia donde Isabel II tradicionalmente celebra las Navidades.

El linaje Real Anmer Hall se remonta a 1972 cuando fue arrendada a los duqes de Kent como su casa de campo. A partir de 1990, se convirtió en el refugio donde el Príncipe Carlos y su entonces amante Camilla Parker Bowles, ahora duquesa de Cornualles, disfrutaban de citas secretas, cuando fue arrendada por el amigo del príncipe Hugh van Cutsem.

Actuales inquilinos
El inquilino actual es James Everett, el dueño de la compañía maderera, The Old Stable, en Norfolk, que vive con su esposa y sus tres hijos y su contrato de alquiler vence en 2017, aunque está previsto que abandone el inmueble con anterioridad para proceder a los trabajos de reforma.

Mientras se ejecuta este plan de mejoras y ampliación, los duques continuarán residiendo en su pequeña casa en Anglesey, en el norte de Gales, donde se mudaron tras su enlace en 2011.

Aunque gran parte de la finca de Sandringham, propiedad de la Reina desde su ascenso al trono en 1952, se encuentra abierta al público para visitar, no está permitido que los periodistas fotografíen a la familia real allí, lo que hace este lugar aún más atractivo para el joven matrimonio.

Fuente: ABC.es

EA