Delicadeza y euforia, la fórmula mágica de Jamie Cullum en Montreux

EFE

La delicadeza y la euforia controlada se convirtieron hoy en el binomio perfecto de la mano del joven artista británico Jamie Cullum que emocionó a un entregadísimo público en la recta final del Festival de Jazz de Montreux (Suiza).

El artista demostró tener un excepcional dominio musical y escenográfico con canciones interpretadas únicamente a voz y piano pero también con otras con mayor instrumentación, acompañado por su banda y las voces de Shanna Goodhead y Aisha Stuart en el coro.

El músico, insaciable y carismático, ofreció un concierto explosivo que requirió de varios bises para satisfacer a un público maravillado por el espectáculo visual y sonoro.

Cullum, fiel a Montreux desde 2004, recordó que desde entonces ha actuado cinco veces en este evento musical, que calificó como "uno de los mejores festivales del mundo".

El británico presentó por primera vez algunos de los temas que forman parte de un nuevo álbum todavía inédito y que representa su trabajo más personal, ya que el 100 % de los temas han sido compuestos por él.

Entre las novedades destacaron "Mankind" y "Taller", que fueron bien recibidas por el público que llenaba el Auditorio Stravinski, con capacidad para 4.000 personas, aunque tampoco faltaron algunos temas del trabajo que le consagró como artista a los veintipocos, precisamente llamado "Twentysomething" ni su último sencillo publicado, "Work of art".

Pero sin duda uno de los momentos más aplaudidos de la noche fue la original interpretación del tema "Don't stop the music". En ella Cullum tocó el piano de múltiples maneras, incluso utilizando la madera como percusión, y demostró sus habilidades con el "beatboxing".

El primer turno de la noche fue para la cantante irlandesa Imelda May, que demostró ser una artista versátil con un concierto que progresó de menos a más; con una primera parte más acústica e íntima, que contrastó con los temas más rockeros y enérgicos de la segunda.

Su repertorio incluyó temas con influencias de jazz y blues así como de rock y de rockabilly, un género cuyo auge se encuentra en los años cincuenta, pero que la artista ha recuperado y convertido en uno de sus sellos de identidad.

Uno de los momentos más especiales de su actuación ocurrió cuando interpretó "Love and fear", una canción que compuso después del ataque terrorista en la sala Bataclán de Paris, en la que murieron dos compañeros de su productora.

Según May, "el amor y el miedo" son los dos sentimientos básicos de los que parten el resto, aunque dijo: "Yo me quedo con el amor".

Antes pidió al público que se presentaran unos a otros y se saludaran o se dieran un beso. "Seáis quienes seáis quiero que os llevéis bien y que nos olvidemos de los problemas que ocurren ahí fuera", agregó.

Su actuación terminó con una dosis importante del rock más descabellado que dejó al público con ganas de más antes de ceder el escenario a Jamie Cullum.

La cantante aseguró estar encantada de volver a pisar el escenario "de este fabuloso festival" que bajará el telón mañana, después del concierto de la banda británica Jamiroquai. EFE

ST