Mariaca Semprún: "Venezuela es mi mayor dolor"

Mariaca Semprún: "Venezuela es mi mayor dolor"

Desde que vive fuera del país con su pareja en situación de exilio, afronta un nuevo comienzo, que arrancó satisfactoriamente con el monólogo “Piaf, voz y delirio”

Como “muy dura emocionalmente” califica la actriz Mariaca Semprún vivir fuera de Venezuela con su pareja, el escritor Leonardo Padrón, en situación de exilio. “Creo que para todos los venezolanos es inédita esta sensación de desarraigo, pero nos obligó a salir de nuestra zona de confort como artistas y nos ha llevado a retos que quizás antes no hubiésemos enfrentado”. Y así como él logró insertarse en la industria mexicana de la televisión con su exitoso proyecto dramático "Amar a muerte", ella no ha dejado de trabajar, sobre todo en teatro, donde ha logrado la aclamación de crítica y público con su unipersonal "Piaf, voz y delirio", con el que acaba de recorrer por segunda vez el país azteca.

-Fue una experiencia estupenda, llena de mucho trabajo y meses de esfuerzo, pero afortunadamente resultó un éxito -remarca Semprún-. El público siempre muy cálido, como la primera vez. Hicimos un total de 34 funciones, la mayoría en Ciudad de México, y pudimos visitar Guadalajara y Monterrey. En cuanto al trayecto completo de la obra, podemos contar ya cinco ciudades en cuatro países diferentes: Caracas 2017 (30 funciones), Miami 2018, Orlando 2018, Ciudad de México 2018, Madrid 2018, México 2019 y actualmente estamos trabajando en la reposición en Madrid, de junio a agosto próximos, y Houston, Estados Unidos, donde iremos en septiembre. Hemos hecho unas 162 funciones acumulando más de 50 mil espectadores de habla hispana y público americano, al que le presentamos la obra en inglés en los Estados Unidos.

-¿Tiene en mente protagonizar otro espectáculo teatral, aún con el recorrido que imaginamos todavía le queda a Piaf…?

-Al decidir interpretar a Piaf siempre saltó la idea a mi cabeza de completar una trilogía de cantantes en mi vida. Aún no tengo muy claro quién será la tercera, pero sigo esperando que entre tantas que he pensado, venga y me dé una señal o me “toque el hombro”. Creo que la experiencia de interpretar a grandes artistas me ha hecho mejor performer y quisiera cerrar este ciclo con una cantante que no tenga que ver con las dos anteriores, ni en idioma, ni en estilo. Por los momentos vendrá de nuevo la vida de La Lupe ("La reina del desamor", otra de sus laureadas interpretaciones teatrales) para 2020, ya que trabajé por todo este tiempo en el disco tributo a esta cantante con un Big Band latino (casi todo grabado y hecho en Venezuela) y planeamos un lanzamiento de la mano con el monólogo.

-¿Cuáles fueron sus principales retos para encarnar a La Lupe y Edith Piaf, dos personajes muy diferentes y todo un desafío histriónico?

-Ambas han sido universos y procesos muy diferentes. Si bien tienen varios puntos en común: son cantantes, tuvieron vidas tormentosas y dejaron un importante legado musical, son mujeres muy lejanas en cuanto a estilo musical, espíritu, origen y contexto sociopolítico. Efectivamente, han sido los mayores desafíos en mi carrera como cantante y actriz. Me han obligado a estirarme a registros que no me pertenecen naturalmente como cantante y a explorar energías y exigencias físicas como actriz por las que nunca me había paseado. Creo que lo que más me une a ellas como artista no son las similitudes, sino todo lo contrario, por eso han sido procesos tan determinantes y transformadores en mi vida.

-¿Le ha sido difícil abrirse paso profesionalmente fuera del país?

-Sí, porque significa un nuevo comienzo. Como se sabe, un artista siempre depende de su público y mi público era básicamente venezolano. No me ha faltado trabajo desde que salí, pero tiene que ver principalmente con que yo soy la promotora de mi propio proyecto y Piaf es un personaje internacional y con muchos fanáticos aún en el mundo. El resto de las cosas que he podido hacer son gracias a la inmensa comunidad de venezolanos que sigue haciendo vida artística y me han hecho parte de ella.

-¿Cuán duro resulta vivir fuera de Venezuela con su pareja exiliada?

-Nos ha llevado a retos que quizás antes no hubiésemos enfrentado. Afortunadamente ambos teníamos trabajo cuando salimos por “un ratico” del país. La razón del no retorno fueron las amenazas del régimen de apresar o anularle el pasaporte a Leonardo por manifestar abierta y públicamente su desacuerdo con el grupo criminal que ha secuestrado el poder en el país. No pudo ni siquiera ir despedir a su madre, que falleció hace poco.

-¿Cómo transcurre un día en la vida de Mariaca Semprún?

-La verdad es que depende de cuando me lo preguntes, ¡jajaja! Creo que nunca tengo una rutina muy fija o estable. Desde que salimos de Venezuela no hemos vivido más de cuatro meses en una sola ciudad. En cada una me toca aclimatarme, asentarme, acostumbrarme y generar rutinas de ejercicios o entrenamientos para poder aguantar el trote y que mi voz y mi salud estén intactas para poder hacer todas las funciones sin riesgos. En este momento me encuentro en etapa de “descanso” (nutrición, ejercicios, horas de sueño, preproducción y planificación de todo lo que viene) para salir pronto a la gira de Madrid.

-¿Cómo la ha cambiado su vida en pareja?

-La verdad es que ya Leonardo y yo tenemos más de nueve años y hemos sido excelentes compañeros de trabajo y de vida. Ha sido una relación muy atípica, por nuestra diferencia de edad; sin embargo, desde que estamos juntos siempre he tenido una sensación de certeza absoluta de que nacimos para estarlo.

-¿Cómo califica la situación extrema a la que ha llegado Venezuela? ¿Le ve solución? ¿Hay finalmente luz al final del túnel?

-La situación del país ha sido mi mayor dolor desde hace muchos años ya. Incluso cuando muchos pensaban que no llegaríamos a estos extremos, ya yo sentía el peligro inminente del derrumbe total de nuestra institucionalidad. Mi familia salió del país hace 16 años ya, y yo me quedé luchando y resistiendo porque siempre tuve fe en que los iba a recibir de vuelta. Por los momentos no pareciera haber solución, ya que es un pueblo secuestrado por una banda criminal y dependemos del apoyo extranjero, pero el hecho de que se mantenga la lucha en las calles y que aparezcan nuevos liderazgos de lucha por la libertad, me hacen ver esa pequeña luz al final del túnel.

-¿No vacilaría en regresar si se instaura la democracia?

-Siempre será un sueño poder regresar en algún momento, cuando las mínimas condiciones de vida estén garantizadas. Creo que como profesional sí agradezco la posibilidad de poder explorar otras audiencias y otros mercados, ese es un deseo natural de cualquier artista en cualquier país normal.

-¿Podría hablarnos de su personaje en la telenovela "Amar a muerte"?

-Fue una pequeña participación que hice en los últimos 10 capítulos. Era una “transmigrada” que en su vida anterior fue cantante lírica y ahora ocupaba el cuerpo de una estudiante de antropología. Fue una muy bonita experiencia, conocí actores de mucho nivel y trabajé con un equipo de producción muy importante en México (Lemmon Studios).

-¿Qué tipo de personajes le atraen histriónicamente?

-Los que son atormentados, sedientos de vida, con muchas cosas que decir, los ambiguos, los que no se parecen a mí, los que marcan un antes y un después en la vida de la gente, los que vibran.

-¿Qué es lo que más le hace falta de Venezuela?

-Su alegría, pero desde hace varios años ya. Extraño el Ávila, el clima caraqueño, las empanadas, la tierra fértil en donde no era tan difícil emprender algún proyecto; extraño la movida musical caraqueña en donde cantaba todas las semanas, extraño a la poca familia y amigos que me quedan por allá y extraño a mi público.

-¿Cómo visualiza el país que desea?

-Reconstruido, próspero y alegre.

-¿Algo que la haga inmensamente feliz?

-Un teatro lleno. La playa. Un vodka. La música. Las montañas rusas.

-¿Y qué la saca de sus casillas?

-El chavismo.

-“Nadie olvidará este tiempo de ignominia. Este sótano de nuestra historia”. ¿Suscribe esta frase de Leonardo Padrón?

-La suscribo y espero poder suscribirla siempre. Prohibido olvidar.

Fuente: El Universal

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