Méndez: Ferocidad de la violencia es lo que explica al venezolano

El escritor Juan Carlos Méndez Guédez se sube a un taxi en Caracas. El conductor inicia una conversación casual sobre la situación del país y asegura que, de tener la oportunidad, “robaría dinero, mucho, mucho dinero, y escaparía de este lugar con mis hijos”. Sólo una frase que quedó grababa en la memoria del autor venezolano hasta transformarla en su última novela: Los maletines. Un libro que, enmarcado en la actual sociedad nacional, ha buscado describir “la terquedad con la que algunos son capaces de pretender la felicidad, incluso si en ella van contenidas la violencia y la codicia”.

Méndez Guédez describe su novela como la historia de dos amigos que, al estar atrapados “por la ferocidad de un universo lleno de ladrones, espías, paramilitares, oficiales corruptos y bandidos, de toda calaña, deciden dar un golpe para darle un gran giro a sus vidas y salvarse en medio del horror de la Venezuela del chavismo militar”. Un enfoque que, además de ganarse a la crítica española, ha generado una gran aceptación entre sus lectores dentro y fuera de Venezuela.

Con casi 20 años en Madrid, el autor venezolano sigue en contacto con sus raíces. “Los lectores venezolanos de la novela me dicen que tengo el pulso exacto y muy preciso de la ciudad”, una cercanía por la que afirma que los líderes del Gobierno “funcionan como si estuviesen frente a la letrina de un cuartel que se ha quedado sin General, dando gritos, sacando las pistolas para orinar antes que el resto y luego robarse el papel higiénico”.

Tu libro Los maletines muestra una Caracas violenta, caótica y con ese toque de humor típico caraqueño, ¿consideras que tu obra es un reflejo de la sociedad actual?
Es muy posible que lo sea. Pero toda obra de arte lo es. Una novela como Paradiso de Lezama Lima, en su opacidad, en su rareza, es también un modo de reflejar una sociedad. Lo mismo sucede con otras obras que no señalan, de manera concreta, un tiempo y un lugar vistos a través de los mecanismos propios de una ficción realista.

Cuando Amos Oz publica esa hermosa fábula De repente, en lo profundo del bosque, también está reflejando a su manera la sociedad y la época en la que surge su libro. No importa que no exista una referencia muy concreta a su país, al mundo contemporáneo.

Lo que tal vez suceda en el caso de mi novela es que, en Los Maletines, he construido una historia en la que el lector se siente muy colocado dentro de las claves cotidianas de la Venezuela del militarismo chavista. Hay lectores que me dicen que, al leer la novela, sienten rabia, sienten miedo, sienten un placer culpable, sienten necesidad de escapar y acompañar a los personajes en su intento de salvación. Y no son sólo lectores venezolanos lo que viven esas sensaciones…

Has asegurado que era un libro que le debías a la ciudad, ¿por qué? ¿Qué mensaje has buscado darle a Caracas?
En esencia, quise decirle a Caracas: me produces mucho miedo, pero no puedo dejar de quererte. Eres la ciudad del susto, del pánico, de la arbitrariedad, del odio, pero también eres mi ciudad de los abrazos, de los encuentros, de los olores, de las memorias, de los jugos de parchita bebidos bajo la luz del mediodía y de la música del carrito de helados. Eres mi ciudad de las autopistas que ronronean, de las canciones de salsa que no aprendí a bailar y de las calles que parecen conquistadas por árboles…

La obra, que está ambientada en una Venezuela gobernada por el chavismo, muestra la corrupción de las instituciones pública, ¿estas menciones no han recibido críticas desde el oficialismo?
En mis obras puedes encontrar referencias a tiempos siniestros y a personajes miserables como Francisco Franco, Pinochet, Hugo Chávez, Mussolini, Juan Vicente Gómez… por sólo pensar en algunos. Podría recibir muchas críticas desde muchos lados y es algo que me tiene sin cuidado.

Por poner un ejemplo, imagino que una maravillosa novela de Osvaldo Soriano como Cuarteles de invierno debe haber recibido críticas muy feroces de los que simpatizaban con los militares argentinos, y entiendo que a Soriano esas menciones no le habrán generado mayor preocupación.

Pues digamos que me sucede algo similar con los simpatizantes de los militares venezolanos.

¿Ese tono político ha llevado a ser vetado por un nicho de lectores?
Los Maletines no es una novela política, al menos, desde mi perspectiva.

Por ejemplo, en una obra maravillosa como Las bicicletas son para el verano, de Fernán Gómez, se narra una historia en ocasiones tierna y en ocasiones dolorosa de una familia española que vive la guerra civil en Madrid. No es una obra política, pero transcurre en un gravísimo y terrible momento político, que no es exactamente lo mismo.

Allí ubico yo mi libro Los Maletines. Es una novela de dos amigos que al verse atrapados por la ferocidad de un universo lleno de ladrones, espías, paramilitares, oficiales corruptos y bandidos, de toda calaña, deciden dar un golpe para darle un gran giro a sus vidas y salvarse en medio del horror de la Venezuela del chavismo militar. Y así se ven envueltos en acciones trepidantes, llenas de promesas e ilusiones.

Los lectores a quienes les gusta la novela o que la excluyen de sus planes de lectura, lo harán por otro tipo de razones, creo yo. En esencia se trata de una novela de aventuras, de una novela picaresca, de una novela negra y lo que llamo una novela ‘tecnomerengue’, porque combina muchos ritmos y sonidos. Una suerte de novela oscura con momentos luminosos y en la que se ríe llorando y se llora riendo.

¿Cómo consideras que sería la reacción de un oficialista y de un opositor luego de haber leído Los maletines?
Imposible hacer esas predicciones. Tengo la impresión de que el entusiasmo de los lectores y la crítica aquí en España están siendo excelentes y no tienen ese sesgo. Recibo comentarios muy emocionantes todos los días desde que salió la novela.

En todo caso, hablando del caso venezolano, presupones en el liderazgo oficialista el interés por leer novelas; más aún, presupones el interés por leer y, más interesante aún, presupones una correcta alfabetización en todos ellos. Pero cuando oigo a sus líderes vomitando odio, consignas, mentiras y topicazos para ocultar su miseria intelectual y el desastre de sus políticas de gobierno, comprendo que por esos ojos cuartelarios no pasó completo ni un libro de Isabel Allende.

Para el chavismo sigue muy vigente aquel rugido bárbaro de Millán Astray: ¡Muera la inteligencia, viva la muerte! Por eso, los chavistas celebran los cumpleaños de un militar muerto que dejó un país arruinado, mientras encierran, torturan y golpean a miles de estudiantes que piden democracia.

¿A qué representantes políticos del país recomendarías la lectura de tu obra?
A todos recomendaría leer, pero no necesariamente mis novelas.

Sugeriría a los políticos venezolanos que se escuchen menos a sí mismos y que disfruten de Teresa de la Parra, de Meneses, de José Balza, de Enriqueta Arvelo Larriva, de Hanni Ossot, de Francisco Massiani, de Israel Centeno, de Silda Cordoliani, de Federico Vegas, y de Eugenio Montejo… para sólo hablar de la ficción y de la poesía.

Pero también les recomendaría que lean a Antonio Muñoz Molina, a Blanca Riestra, a Clara Usón, a Manuel Longares, a José María Merino, a JJ Armas Marcelo, a Eloy Tizón, a Adolfo García Ortega, a Hipólito G. Navarro, a Lorenzo Silva, a Javier Sáez de Ibarra, a Cristina Fernández Cubas, por sólo nombrar algunos.

Y estas sugerencias las hago a los líderes políticos opositores, porque los del Gobierno han demostrado que funcionan como si estuviesen frente a la letrina de un cuartel que se ha quedado sin General, dando gritos, sacando las pistolas para orinar antes que el resto y luego robarse el papel higiénico.

La violencia podría considerarse como el hilo conductor de la obra, ¿crees que también es el hilo conductor de la sociedad venezolana?
En este momento lo es. Lo venezolanos nos juntamos y, en tres minutos, el tema de conversación es el último atraco, el último secuestro, la última andanada de tiros de los paramilitares chavistas. Y eso sucede no por azar o masoquismo, es que estamos hablando de un país donde asesinan a mucha más gente que en Gaza.

La ferocidad de la violencia es lo que nos explica en este momento. No olvidemos que las revueltas populares y estudiantiles de este 2014 se inician porque un grupo de muchachos en San Cristóbal protestan por el intento de violación de una compañera. La respuesta gubernamental, yo creo, que debe figurar en la historia universal de la infamia. Las fuerzas que fueron incapaces de proteger a esa muchacha, salieron a reprimir a quienes pedían justicia. El estado venezolano atacó a quienes protestaban por esa violencia sexual, y de hecho, violó estudiantes, torturó muchachos con electricidad, asesinó a más de cuarenta personas en todo el país.

Y al mismo tiempo que se celebraban los entierros de estos jóvenes a quienes disparaban los militares y los paramilitares del Gobierno, en la televisión Nicolás Maduro aparecía bailando, o Gustavo Dudamel dirigía un concierto mientras sonreía y movía sus rizos, para que los violines ocultaran el sonido de las ráfagas de la Guardia Nacional.

Así que sí, todo esto que resumo es muy violento, muy miserable.

Pero también los venezolanos somos otros espacios, otras maneras de lo vital. Intenté que mi novela también reflejase la amistad, la ternura que sucede en medio del sonido feroz de una Caracas, de una Venezuela donde ocurren muchas tragedias, pero donde la gente contrapone a ese discurso de la muerte que viene desde el poder, la fuerza de su vitalidad, la risa y la picardía erótica.

Tras más de 15 años radicado en Madrid, ¿cómo se mantiene en contacto con el sentimiento más ‘de calle’ del venezolano?
Yo soy calle.

Viví siempre en un lugar bien duro de Caracas y, de noche, las serenatas me las daban los tiroteos de los malandros. Al regresar a casa en transporte público podían subir hombres acuchillados que rogaban al chófer que los llevasen al hospital, así que tocaba saltar por encima del charco rojo que dejaban en el suelo.

A mí, Caracas no necesitan contármela, yo me la sé y la llevo encima. Yo viví la revuelta de 1989, donde murieron cientos de personas, no a través de la televisión o de los análisis de los periodistas, sino en el suelo para que no me cazara una bala perdida, sin luz, ni agua durante tres días, escuchando cómo los malandros intercambiaban tiros con los soldados que disparaban a los edificios sin control.

Así que puedo estar seguro de que no se acercarían a mi casa, de noche, ninguno de esos señores de la izquierda caviar que, desde Europa, apoyan a los militares venezolanos.

Viajo con frecuencia a Venezuela, me pateo mucho la ciudad y la vivo a plenitud. La escucho y la miro. También la leo mucho, en los libros, en las redes, en las voces amigas. Son casi 20 años los que tengo fuera, pero jamás me he desvinculado de mi país. Eso lo saben muy bien quienes me conocen. Y los lectores venezolanos de la novela me dicen que tengo el pulso exacto y muy preciso de la ciudad.

La imagen del maletín recuerda, inevitablemente, el caso de Antonini Wilson y otros tantos que han puesto en evidencia la corrupción nacional, ¿considera que los maletines serán el símbolo que represente la corrupción de este período histórico?
El maletín como imagen es muy cinematográfico, muy nítido para transmitir un clima de suspense, de intriga, de aventura. Cierto es que sabemos que el chavismo ha regalado montones de maletines hinchados de dólares para comprar lealtades internacionales, pero la corrupción de estos 16 años de militarismo es tan salvaje que no sabe uno cuál puede ser el símbolo que la represente.

¿Cuáles son los próximos proyectos en los que está trabajando?
Estoy cerrando dos proyectos. Uno es un libro de relatos: La noche y yo, un volumen con tres historias vinculadas con la lectura, con personajes que leen, transforman su vida y la memoria de su existencia a partir de lo que leen. Ese es un libro que publicará el año próximo la maravillosa editorial Páginas de espuma.

También voy cerrando una nueva novela sobre una ladrona de joyas y obras de arte; un libro con un tono diferente a Los Maletines. Una especie de rara historia de amor... No puedo dar más detalles porque estoy en pleno proceso y no sé cuándo acabaré este texto. Quizás en un par de meses, quizás un año… quién sabe…

¿Ha considerado la opción de llevar su obra a la gran pantalla? ¿Cómo cree que sería la reacción del público?
Esa no es una opción que pueda contemplar un novelista. Esa opción la toman directores de cine que ven en una historia la posibilidad de convertirla en imágenes.

¿La reacción del público? Sería acorde con la película en sí misma. Hablamos de una historia vertiginosa, con suspense y un enfoque sobre la humanidad profunda de un par de personajes pícaros y confundidos… Si el director logra desarrollar eso, me encanta pensar que le gustaría a la gente.

El secreto del maletín

Si la historia de los últimos 15 años de Venezuela fuera un libro, ¿cómo lo titularías?
El engaño o El regreso del gorila con botas.

¿Y a los 40 años anteriores?
Cuando éramos un poco felices.

¿El lugar de Caracas donde se puede encontrar más inspiración para escribir?
Cada quien tendrá el suyo. El mío, la autopista Valle Coche.

Si usted pudiera dar un gran golpe y escapar lejos, ¿lo haría? ¿Dónde se iría?

Claro que sí. Escaparía muy lejos, al comienzo de la Venezuela civil: la Venezuela que permitió que muchas personas humildes, de muchas partes, lograran con su esfuerzo estudiar en la universidad, vivir dignamente, ser prósperos, ejercer los oficios para los que se sentían capaces, consolidar un país donde el talento y la inteligencia tenían un sentido y una recompensa. La Venezuela que logró poner a los militares en los cuarteles, el sitio que les corresponde. Porque cuando salen de allí han demostrado lo que saben hacer: aplastar, saquear, exprimir al país.

Si me permites otra opción de fuga, me iría al 20 de noviembre de 1975 en Madrid. Me gustaría escuchar en vivo la noticia de la muerte de ese monstruo llamado Francisco Franco y asistir luego al despegue cultural, económico, político y social de la España que vino después. Y que, le duela o no le duela a los extremistas, es un ejemplo de superación y progreso como creo que pocas veces puede haberse visto en la historia contemporánea.

¿Cuál es, a su parecer, el sueño de la mayoría de los venezolanos?
Reunirse una noche con muchos amigos, bailar, beber, comer mucho rato y nunca más tener miedo.

Si pudiera convertir de carne y hueso a uno de los personajes del libro, ¿a quién daría vida?
A Donizetti y a Manuel.

Les pediría que miremos un buen rato las grandes peleas de boxeo de los años setenta y ochenta, y que luego escuchemos muchas versiones de un par de arias: E lucevan lo stelle y Una furtiva lagrima… Todo acompañado de buenas arepas con queso amarillo y un roncito seco para cerrar.

Después daríamos un paseo por La tierra de nadie de la UCV y por el bulevar de Sabana Grande, para luego pasar por la Carrera 17, ir al Parque Ayacucho y caminar por Menéndez Pelayo, hasta terminar bebiendo un mosto en una terracita de El Retiro.

@JosePuglisi para Informe21