Mónica Fernández, la inspiradora jueza detrás del derecho alternativo

A Mónica Fernández no le tiembla el pulso al momento de sentenciar un veredicto, ni para asegurar que el sistema judicial venezolano “es una institución penetrada por la corrupción y la ineficiencia”. Una situación que ha llevado a los venezolanos a no creer en la justicia, ya que “no da respuesta, sino que por el contrario fomenta la impunidad”, aclara la abogada, quien considera de gran importancia para el país el desarrollo de la justicia alternativa, la mediación y la conciliación, aspectos que ha combinado en un proyecto que está triunfando en la televisión nacional por casi dos años, su programa Se ha dicho.

Fernández, que se desempeñó como jueza de la Primera Instancia Penal del Área Metropolitana de Caracas y directora nacional de Prisiones del Ministerio de Justicia, ha utilizado todos sus conocimientos en materia legal para crear un programa que, mientras soluciona los problemas más comunes de la sociedad venezolana, sirve para educar a la población, ofreciendo conocimientos jurídicos de una forma entretenida y atractiva tanto para un espectador promedio, como para estudiantes de Derecho y profesionales vinculados al sector.

Se ha dicho se ha convertido, de esta manera, en un nuevo modelo de justicia alternativa que rompe con la tradicional lentitud de los procesos nacionales y que, apegándose a lo establecido en la ley, encuentra una solución a desacuerdos personales, familiares, laborales y vecinales. Lamentablemente, su éxito se ve limitado en algunas ocasiones ante la falta de modernidad en el poder judicial venezolano, el cual no admite en los juicios el acuerdo que firman ambas partes antes de aparecer en el programa como libertad probatoria.

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Se ha dicho cumplirá el 14 de febrero su segundo aniversario al aire, ¿qué regalo de San Valentín le dará al programa?

Creo que el programa ha tenido dos años de San Valentín, porque le he entregado todo: tiempo, dedicación y mucho amor. Es un programa que, día a día, se rodea de eso que evoca San Valentín: amor, amistad, compromiso. De alguna manera, se eligió ese día con un carácter simbólico y ha quedado determinado en esa misma onda.

¿Cuál ha sido la clave del éxito para que Se ha dicho cuente con gran popularidad entre la audiencia nacional?

Primero, ser un programa de producción nacional en su totalidad. El hecho de estar hecho en Venezuela, nos da una total cercanía con las personas y sus problemas. En segundo lugar, la gran necesidad de los venezolanos de creer en algo, la búsqueda permanente de la justicia, la búsqueda de una autoridad, de la transparencia y de encontrar una respuesta a sus problemas. La gente ve en el programa un espacio real de solución y además consideran que aprenden y se educan. Tercero, creo que mi personalidad ha influido en una conexión especial con la audiencia, al no existir guión ni pauta, todo fluye de manera natural y se recibe espontáneo.

Antes de Se ha dicho, Julio Borges también tenía un programa similar con Justicia para todos, ¿en qué aspectos han buscado diferenciarse y cómo lo han logrado?

Realmente no hemos buscado ni semejanzas ni diferencias con ningún programa, ni los de antes ni los de ahora. Una de las cosas que logramos con menos de dos meses al aire fue diferenciarnos de todos los programas. A pesar de ser un formato común, somos diferentes. En comparación con Justicia Para Todos, creo que eran otros tiempos, el formato era más rígido y la personalidad de Julio era más seria, al ser hombre quizá le era más difícil la interacción más humana. En Venezuela, a pesar que la mujer no está liderando en cargos de elección popular, siempre es vista como fuente de poder y eso te permite ser duro pero a la vez humano.

También hemos logrado el equilibrio para ser un programa de televisión tipo TV Talk Show, pero con alto contenido educativo. Es muy significativo saber que la gente lo refiere como “mi clase en televisión”, “la hora de aprender” y “mi espacio para educarme”, entre otros gratificantes calificativos que se leen en las redes sociales.

Este modelo también ha tenido gran impacto en Estados Unidos (Caso cerrado y Veredicto final) y en Chile (La jueza y Veredicto). A su parecer, ¿qué permite que un juicio transmitido en televisión tenga tanta aceptación entre la audiencia?

Ha sido un formato exitoso también en España e Italia. Creo que ser latinos nos da una pizca de picardía y de intromisión en los problemas de los demás. Es como el éxito de las novelas, nos gusta ver el sufrimiento de otros, juzgar, criticar y ver la vida de alguien desnudada en la televisión. Yo siempre fui muy crítica de esos formatos, sobre todo los que mencionas de USA. No quería parecerme a nada de ello y, cuando llegó la propuesta del proyecto, tuve muchas reservas en aceptarlo. Luego que entendí que no tenía condiciones y que podía hacerlo verdaderamente educativo― siendo siempre yo misma― me di cuenta del poder de influencia que esto te da sobre la población.

Saber que la gente quiere defenderse, exigir sus derechos, que reaccionan, toman medidas, empiezan a demandar, a exigir y a comprar la ley, es sumamente importante para un país como el nuestro.

¿Considera que las célebres imágenes de juicios en películas y series norteamericanas han ayudado a la popularización de este modelo?

Sin duda, eso ha influido hasta el cambio del sistema inquisitivo en el sistema acusatorio. Es un sistema atractivo, que implica habilidades orales, corporales y argumentativas. Evidentemente, la oralidad y la publicidad en los procesos te dan una gran opción de entretener y de apasionarte frente a lo que estás viendo. En mi caso, profesores universitarios y de liceos lo recomiendan a sus estudiantes. Tenemos una gran audiencia de estudiantes que consideran que los casos les sirven para entrenarse y aprender.

En el caso venezolano, ¿cuáles son los casos que se presentan con más frecuencia y bajo qué leyes son regidas sus sentencias?

Aquí la manutención es lo que más se repite. Es impresionante saber que más del 60% son paternidad irresponsable, también violencia doméstica y deudas entre conocidos, así como problemas de convivencia vecinal y laboral. En realidad llega de todo, pero hay un patrón común y es una burla constante de la paciencia de los demandantes, ninguno acude a tribunales, todos suplican que les cumplan, como si no fuera un derecho sino un favor.

En cada caso se usa una ley que corresponda, la más común es el Código Civil porque regula las actividades entre las personas y la LOPNNA para el caso de los menores.

¿Cómo ha logrado que los veredictos del programa tengan un valor legal fuera del estudio?

Simplemente hay un compromiso, un acuerdo entre partes. A aquellos casos que hemos hecho seguimiento hemos visto que han funcionado, en otros no tenemos capacidad de seguirlos porque implican judicialización del conflicto. En todo caso, esa acta conciliatoria tendría un valor probatorio en un juicio si el poder judicial venezolano fuera moderno y admitiera libertad probatoria, porque implicaría reconocimiento de algo más que confesión del conflicto.

¿Cuál es su valoración del sistema judicial nacional?
Lamentablemente, es una institución penetrada por la corrupción y la ineficiencia. No hay justicia oportuna y es una justicia burocrática, no de acceso real a los ciudadanos. Muchos de los casos que llegan al programa serían imposibles de litigar ante los tribunales por lo insignificante de los montos o de los conflictos, que son más domésticos. De allí, la importancia de la justicia alternativa, la mediación y la conciliación. La gente no cree en la justicia, porque la justicia no da respuesta, por el contrario fomenta la impunidad.

En comparación con otros sistemas judiciales internacionales, ¿qué aspectos cree que Venezuela debería adoptar de otros países? ¿Son los juicios en una corte y frente a un juez un modelo que agilizaría los trámites legales venezolanos?
Aquí lo que hace falta es honestidad, compromiso, profesionalismo y una mística real de trabajo. En la ley está todo. En el caso penal se planteó ―y en principio sirvió para agilizar, igual como ha sucedido en el ámbito laboral― pero lamentablemente ahora el caos judicial ha pasmado los procesos. No obstante, en estructura y forma son procesos que ayudarían y que deberían extenderse a todas las jurisdicciones.

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Antes de incursionar en la televisión, usted fue jueza de la Primera Instancia Penal del Área Metropolitana de Caracas (2000-2005), ¿qué recuerdos tiene de esta etapa y qué aprendizajes le aportaron a su trayectoria?
Muchos, fue una etapa de gran crecimiento y aprendizaje. Fue imponer la gerencia privada a la administración pública, saber que sí hay tiempo para tener un tribunal al día, para responder solicitudes y para desarrollar jurisprudencias con un alto contenido intelectual que sirvieran para desarrollar un derecho penal y procesal penal moderno e innovador.

Fueron años de aprender y aplicar los conocimientos académicos. Aprendes además mucho sobre la administración pública, sus males y sus defectos. Ves a las víctimas, a los victimarios, a los protagonistas del proceso en una forma integral y creces tanto profesional como humanamente.

También fue directora nacional de Prisiones del Ministerio de Justicia (1997), ¿cómo valora la actual situación de los centros penitenciarios y la labor realizada por la Ministra del Poder Popular para el Servicio Penitenciario de Venezuela, Iris Valera?

Estas son otras cárceles de otros tiempos, no las que yo conocí. Son dos sistemas distintos en tiempos distintos. El control absoluto de los establecimientos por los pranes, les convierte en dictaduras que confrontan el poder legítimo, yo les llamo “la dictadura de los pranes”. Es un proceso de total deslegitimación de las autoridades, que han concedido beligerancia a estos grupos y, lamentablemente para todos, se ha perdido el control. Las drogas, armas, prostitución y corrupción se han adueñado del sistema.

Con respeto a Iris Valera, creo que es trabajadora y que constantemente va de una cárcel a otra. No podría jamás decir que un ministro no tiene voluntad, porque yo lo viví en carne propia. Mi cargo era el mismo que el que ella tiene ahora, pero con otro nombre y uno hacía el mejor y mayor esfuerzo, pero la realidad arropa a la voluntad. No obstante, en este caso, falta realmente sancionar a los que se corrompen, que son autoridades totalmente identificadas.

Las prisiones siempre han estado rodeadas del silencio cómplice de la impunidad…

A su parecer, ¿qué medidas deberían implementarse en 2014 para mejorar el sistema penitenciario nacional?

Siempre he dicho que la solución no está en las cárceles, sino fuera de ellas. No es construir más ni hacerlas mejores, sino evitar que haya presos. La prevención es la clave. Los que lleguen al control de las prisiones no deben buscar rehabilitarlas, ya que es algo imposible dentro de la cárcel, sino que tendrán que habilitarlas para que los reclusos tengan tiempo útil para ellos y sus familias, evitando que se conviertan en víctimas.

La clave para solucionar lo que sucede en las cárceles radica en sancionar la corrupción y acabar con la impunidad, un reto casi imposible en Venezuela.

¿Qué recomendaciones ofrecería para promover el cese de la delincuencia y la violencia en Venezuela?

Esto serviría para todo un tratado y es la materia que dicto en el postgrado. Pero la visión integral del problema ―desde la prevención, pasando por el sistema de policía, sistema de justicia, sistema penitenciario y post penitenciario― es esencial. La educación y la cultura es lo único que podría, a largo plazo, contribuir a disminuir la violencia y, en el ámbito represivo, hacer que la ley se cumpla y esto sólo se logrará sancionando la corrupción.

Si tuviese la oportunidad de volver a ocupar alguno de sus antiguos cargos o de seguir en Se ha dicho, ¿qué opción tomaría?

(Risas)… Buena pregunta, no me lo he planteado. Creo que cada cosa tiene su magia, su momento y su impacto. El poder de la televisión es global, desinteresado y de alto impacto en la gente, llegas a muchos y cambias muchas cosas de manera constante. He tenido inmensas satisfacciones en la televisión que me demuestran que aún quedan esperanzas, pero estoy clara en que la televisión es temporal y que, en algún momento, el proyecto llegará a su fin.

En todo caso, de volver al sistema de justicia lo haría en la Fiscalía General o el Tribunal Supremo, para cambiar cosas con alto impacto, lo que se debe hacer desde más arriba que un tribunal de instancia.

¿Cuáles son los próximos pasos que tiene previsto en el programa de cara al segundo aniversario?

Por ahora, no hay cambios de formato. Ha sido exitoso y aún no es el tiempo de cambios. Quizá más interacción con la audiencia que escribe, responder correos de consultas cortas al aire y un poco más de calle, con casos que ameriten inspecciones y participación de las autoridades.

Hay un hermoso proyecto que está en marcha y que espero que se concrete. Implicará a abogados de todo el país para atender casos solidariamente, a bajos costos, que ayuden a los que no pueden llegar al programa o donde una de las partes no quiere acudir.

¿Cuáles son los planes a corto y mediano plazo que se plantea detrás de las cámaras?

A corto plazo seguir en Se ha dicho y en la radio con Para que te defiendas, un proyecto que he retomado desde enero y es una marca registrada. La idea es seguir haciendo el derecho humano y cercano a la gente, menos burocrático y clasista. Así como ejecutar el proyecto de los abogados solidarios que me permitirá ayudar a mucha gente, darles trabajo a los abogados menos expertos y recordar la labor social que debería estar siempre como norte en una ciencia como es el Derecho.

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Se levanta la sesión
¿Qué sintió al ser galardonada con el Premio Mundial Joven Sobresaliente del Mundo 2003 acreditado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU)?
Es una emoción indescriptible. Fue una competencia cerrada a través de la JCI (Junior Chamber International), cuyas actividades y premio se acreditan ante la ONU, con lo cual miles de jóvenes concursan y son evaluados por jurados de altísimo nivel. Fui la primera venezolana en ganarlo y realmente es maravilloso saber que alguien valora tu trayectoria, estudios y esfuerzos por cambiar las realidades de tu país. Algo realmente reconfortante.

¿Cuál es la parte más difícil al momento de decretar un veredicto?
Creo que no es difícil, ya que en el momento estás convencido que hay una infracción a la ley. Siempre digo que la ley no tiene sentimientos y debes decidir. Después de que sentencias a un hombre a pena de 30 años, no hay nada difícil. Pero siempre con equidad, para lograr la objetividad necesaria para que sea simplemente parte de tu función y de tu competencia.

Uno de los casos que más le ha conmovido durante la realización de Se ha dicho

Hay muchos, he llorado, reído y molestado. Recientemente, una mujer que se inyectó los labios vaginales en una peluquería por tres mil bolívares con biopolímeros y a causa de esto tiene años viviendo de médico en médico. Es un caso espantoso que, aunque aún no ha salido al aire, me permitirá insistir en mostrarles a las mujeres lo grave de hacer este tipo de cosas.

También los casos de embarazos no deseados y de violencia doméstica me han mostrado una realidad que, si bien conocía, no sabía en qué magnitud y profundidad existía la sed y hambre de justicia. Cada tuit, correo y caso es un aprendizaje, que a la vez se suma a la impotencia de entender y comprender que no puedo solucionarlo todo y que urge la cultura jurídica.

Un mensaje a aquellas personas que se dedican a las actividades delictivas o criminales
Lo hice en una carta en mi libro Una Gestión por la Justicia, Cárceles Venezolanas. Allí escribí todo para ellos. Sé que tienen familia, que tienen madres, hijas y mujeres que aman y protegen. Apelaría al valor de la vida y de la libertad, así como a Dios como mensaje y a la posibilidad de hacerles entender que hay otras maneras de vivir y de surgir. Les diría que no vale la pena el consumismo, las drogas y, menos aún, la muerte antes de los 25 años.

Creo que les mostraría un video de cómo sería todo desde el momento que deciden delinquir hacia adelante, para que, como espectadores, supieran todo lo que les viene por delante; entre eso, las lágrimas de sus madres. A algunos ya no hay nada que decirles, lamentablemente se los traga el sistema, su sentencia es la muerte y ellos lo saben.

Por Informe21.com/ @JosePuglisi