Tres momentos estelares de Daniel Alvarado

Tres momentos estelares de Daniel Alvarado

Daniel Alvarado protagonizó “La Dueña”, la mejor telenovela venezolana, interpretó “El negrito fullero”, una de las gaitas más populares y actuó en “Mi gorda bella”, un dramático que rompió esquemas.

Si algún rasgo característico tuvo la carrera de Daniel Alvarado durante sus más de 45 años de trayectoria, fue el de la notoriedad en todos y cada uno de los papeles que interpretó, tanto en televisión, como en teatro y cine. En ninguno de ellos pasaba inadvertido, tal era la fuerza de su talento interpretativo y la consistencia que le imprimía a lo que hacía.

Los roles de “duro” o de hombre recio le calzaban a la perfección y en ellos brillaba con probidad y buen hacer, sin apoyarse en los artificios histriónicos que permanentemente suelen asediar a quienes asumen este tipo de personajes y caen en la tentación, llevándolos generalmente por la senda del estereotipo.

En su faceta como cantante, con la cual se inició en el medio artístico, pero que dejaría años después para centrarse en la actuación, que era su verdadera pasión, también ostentaba esta cualidad de hacerse notorio. Comenzó como gaitero en 1973 y con Los Cardenales del Éxito interpretó “ El negrito fullero ”, una de las gaitas más populares de todos los tiempos, que aún hoy, 47 años después, nunca deja de sonar en la radio en época navideña.

Ya como actor tuvo otro importante hito, al protagonizar con Amanda Gutiérrez, en el Canal 8 de Venezolana de Televisión, “La Dueña” (1984) , de José Ignacio Cabrujas, considerada, según una encuesta realizada por el diario El Nacional diez años después de su emisión, como la mejor telenovela hecha en Venezuela hasta entonces, compitiendo con otros emblemas del género como “La Señora de Cárdenas”, “La hija de Juana Crespo”, “Cristal”, “Señora”, “Leonela” y “La Dama de rosa”, entre otros.

Pero no solo eso, el actor zuliano, fallecido ayer 8 de julio como consecuencia de un accidente doméstico, al caerse en una escalera en su casa, lo cual le ocasionó una fractura de cráneo, también formó parte del elenco estelar de “Mi gorda bella” (2002), telenovela de Rctv, escrita por Carolina Espada, que rompió esquemas, al ser su protagonista una antiheroína pasada de kilos. Allí el actor interpretó al capitán José Manuel Sevilla, “Josema”, uno de los personajes claves, en una subtrama, en la cual tenía como pareja a Hilda Abrahamz. Su actuación fue tan convincente y tuvo tanta resonancia, que prácticamente competía de igual a igual en popularidad con Natalia Streignard y Juan Pablo Raba, los protagonistas de la historia.

90 telenovelas, 30 obras de teatro y 17 películas engrosaron su curriculum y le dieron peso específico a su trayectoria de más de cuatro décadas, situándolo como uno de los actores venezolanos de mayor arraigo y envergadura, de esos que sobresalen y jamás dejan mal a ningún elenco.

Dos de sus tres matrimonios fueron con actrices, ambas muy talentosas, Carmen Julia Álvarez y Emma Rabbe, y de su unión con la primera de ellas nació Daniela Alvarado, sin ninguna duda una de las actrices jóvenes más destacadas de la pequeña pantalla nacional, antes de que nuestra industria televisiva decayera ostensiblemente, presa de la gravísima crisis económica del país y la represiva Ley Resorte que agobia al medio, ambas causadas por el nefasto régimen que hoy sufrimos los venezolanos.

Por cierto, Daniel Alvarado nunca evadió hablar ni pronunciarse políticamente. Votó por Hugo Chávez cuando ascendió a la Presidencia de la República, pero luego se arrepentiría de hacerlo, razón por la cual fue un entusiasta partidario de la votación para revocarle el mandato en 2004, elección que, como es sabido, ganó Chávez. Años después, y hasta su muerte, volvería a apoyar al chavismo, aunque con una actitud bastante distanciada y muy diferente a la de algunos artistas colegas suyos, que, “rodilla en tierra”, sólo se acercaron al gobierno para obtener prebendas y cargos. Daniel Alvarado siguió viviendo de su trabajo, el mismo que tantas satisfacciones le brindó por su comprobada calidad interpretativa, que hará que siempre lo recordemos.

Aquilino José Mata/ Informe 21