Una máquina del tiempo a cuatro cuerdas

Viajar al pasado ya es posible. En un abrir y cerrar de ojos se puede retroceder hasta el siglo XVII y disfrutar de una esplendida pieza de la música barroca. Lamentablemente, los avances en la ciencia tienen sus limitaciones y sólo es posible recuperar las tonadas del pasado, mientras que las imágenes y olores quedan a la imaginación del espectador. ¿La clave?, un grupo de músicos experimentados que, tras largos años de estudios y práctica, reviven los sonidos de antaño con fidelidad, fuerza y nitidez.

Uno de estos virtuosos de la música histórica es Guillermo Turina. Un madrileño que, a los tres años, comenzó sus estudios de violoncello. Una pasión que le llevó a viajar por toda España y obtener el diploma del conservatorio superior de Zaragoza y un Máster en interpretación orquestal en la Fundación Barenboim-Said de Sevilla; así como el título de Formation Superieur de la Jeunne Orchestre Atlantique de la localidad francesa de Saintes.

Su interpretación le permitió ser violoncelista principal de reconocidas orquestas, como la Joven Orquesta Nacional de España y la Nederlands Orkest en Ensemble Academie. Sin embargo, su amor por la música antigua le regresa a las aulas para aproximarse a la interpretación histórica, conocimientos que recibió en la Escola Superior de Musica de Cataluña, de la mano de brillantes profesores como Bruno Cocset, Emmanuel Balssa o Andrew Ackerman.

Es la suma de estos conocimientos y años de práctica los que permiten que, desde sus manos, surja una música capaz de romper con las barreras del tiempo.

¿En qué consiste la interpretación musical histórica?

Se trata de una manera diferente de interpretar la música del pasado. Buscamos aproximarnos a cada obra a través de su contexto, tanto musical como social y cultural.

¿Todos los viajes al pasado musical son iguales?

Una interpretación histórica será muy diferente, si está bien realizada, dependiendo de la procedencia de la música. No es lo mismo tocar música francesa que música italiana o alemana, de la misma manera que será muy diferente si hacemos sonar alguna página de la música de finales del siglo XVII o de mediados del XVIII. Intentamos buscar información que nos ayude a hacernos una idea de cómo se interpretaba la música en cada momento de la historia.

¿Cómo nace tu pasión por la recreación de la música antigua?

Nace de la época en que me sentía más espectador de la música que profesional de ella. En aquel momento, llegó a mis manos un disco del maravilloso violoncelista francés Christophe Coin junto a The Academy of Ancient Music, donde había conciertos de Haydn para nuestro instrumento. No sabía por qué, pero aquella música sonaba distinta a las demás, había colores y texturas que yo no había oído nunca antes.
Al leer el librito que acompañaba el disco, me di cuenta de qué se trataba y despertó en mí un interés el tipo de interpretación que no había aparecido hasta aquel día.

¿En qué se diferencia la interpretación moderna a la histórica?

Desde mi punto de vista, la diferencia radica en cómo el intérprete se aproxima a la música que va a interpretar. Casi ningún músico clásico es autodidacta, todos nosotros hemos pasado por conservatorios en los que uno o varios profesores nos han dicho cómo debíamos tocar. El problema empieza cuando el alumno no cuestiona lo que le han contado dentro del aula y se limita a repetir y a pertenecer a una escuela musical.

Existe la información necesaria escrita de cada época como para que todo músico pueda sacar conclusiones de cómo ha de interpretarse la música. Esa opción es perfectamente válida, no digo que no, pero en ese caso la interpretación resultante será lo que consideramos “moderna”.

¿Cómo logran perfeccionar y recrear los sonidos del pasado?

A través de la utilización de instrumentos construidos a imagen y semejanza de los que se utilizaban en cada época o incluso con instrumentos construidos en aquel entonces.

Por ejemplo, en los instrumentos de la familia del violín hoy en día se utilizan cuerdas fabricadas en metal mientras que, antiguamente, se hacían con tripa de cordero. Éste cambio, que puede parecer algo poco importante, aporta muchas diferencias en el tipo de sonido resultante. Además, hay pequeños retoques en el montaje final de cada instrumento que también varían.

¿En qué basan sus estudios para recomponer el espíritu y cuerpo de la música?

Casi de cada época tenemos suficiente documentación que nos ayuda a imaginar cómo debía de sonar la música. Ya en el mundo de la música medieval y barroca encontramos muchos ejemplos, pero se han encontrado aportes especialmente significativos gracias a la época del enciclopedismo que vivió Francia a mediados del siglo XVIII.

Sólo referido al violoncello, encontramos la publicación de hasta 18 métodos escritos entre 1800 y 1850. Toda esa información nos ayuda a recrear el sonido casi de cada autor. El propio sentido del conservatorio (creado por primera vez en París a partir de la Revolución Francesa) pretendía “conservar” la música del momento para que no se perdiera con los años.

¿Cuántos músicos se necesitan usualmente para interpretar una de estas piezas?

Pues es curioso, hay que inspeccionar el contexto de cada obra para tomar la decisión de cuántos músicos han de participar. En partituras en que, por ejemplo, encontramos una voz principal y un acompañamiento (lo que antiguamente era conocido como “bajo continuo”), puede ser interpretado por un número indefinido de músicos, dependiendo de lo que queramos aportar a la música.

En el caso de las orquestas, sabemos por ejemplo que Haydn quedó muy sorprendido en sus viajes a Londres al encontrarse frente a orquestas de unos 60 músicos tocando sus obras, mientras lo habitual en otros lugares de Europa era disponer de más o menos la mitad de intérpretes.

¿De dónde obtienen o cómo adaptan los instrumentos para lograr la mayor similitud con las piezas musicales originales?

Se conservan algunos instrumentos originales que, en el caso de la cuerda, siguen tocándose o sirven como modelo de otros de nueva construcción. En el caso de los instrumentos de viento, casi todos son réplicas de los construidos en cada época ya que cualquier daño que hayan recibido por el paso del tiempo es irreparable.

La búsqueda de instrumentos es parte del negocio que existe alrededor de la música y nunca sabes donde poder encontrarlos; desde los Luthiers, expertos fabricantes de instrumentos, hasta en anticuarios o en Ebay, hay que estar muy alerta porque cada uno es una pieza única e irrepetible.

¿Qué organizaciones o empresas apoyan a estas iniciativas?

La verdad me encantaría ofrecer una lista de organizaciones muy numerosa, pero tristemente no es así. El mundo de la música clásica es minoritario y, desde la crisis económica, casi todos los gobiernos y las empresas han dejado de ayudar a la cultura.

Es comprensible que se haya rebajado el apoyo institucional. Si se están cerrando hospitales a lo largo del país, ¿cómo no van a retirar subvenciones a la música? Sin embargo, algunos bancos aún tienen ciertos ciclos de conciertos dentro de su obra social, pero también esto se ha reducido en los últimos años.

Podríamos decir que estamos un poco “desamparados”, nos ha tocado vivir una época de profundo pesimismo y, aunque la música sería un perfecto bálsamo para la gente, hoy en día es difícil captar público.

¿Cuánto tiempo puede tardar el proceso de recrear una pieza antigua?

Creo que no hay una respuesta correcta. Lo más acercado que se me ocurre es “toda una vida”, pero sería un poco pretencioso…

La preparación de un músico, sea cual sea su especialidad o su corriente, no cesa nunca. Tocar un instrumento es como una relación de amor humana: hay días buenos, días malos, días en que preferirías no hacer lo que estás haciendo y momentos inolvidables que, aunque duren un segundo, los recordarás toda la vida y son por los que el sacrificio de ser músico compensará para siempre.

¿Cuáles son las épocas o años que suelen interpretar?

Las especialidades que se consideran parte de la música histórica abarcan generalmente desde la edad media hasta el clasicismo (principios del siglo XVIII). Sin embargo, las ganas de mostrar la autenticidad musical a los melómanos nos han llevado a ir mucho más allá. Con algunos grupos, como la Academia de las Luces, estamos basando nuestras líneas de investigación en la música clásica y romántica.

En otros casos he tocado música del periodo impresionista también con instrumentos contemporáneos a la época. He tocado música de Wagner o de Xenakis (siglo XX) con criterios historicistas. Como ya he dicho, lo que marca la interpretación es la forma que tenemos de aproximarnos a la obra y no la época a la que pertenece.

¿Cuáles son las más complicadas?, ¿por qué?

Cada obra tiene sus complicaciones pero quizás, por no disponer de tantos datos como posteriormente, cuanta más antigua es una obra, más difícil nos es encontrar referencias que nos ayuden al proceso de la interpretación.

¿Qué buscan con esta iniciativa?

La autenticidad de la música. Personalmente, no me gusta nada cuando se “modernizan” los clásicos. Esas películas de Romeo y Julieta en las playas de Miami persiguiéndose en un Ferrari o, la típica producción de romanos en que la mayoría de los extras llevan un reloj de pulsera, hacen que el contenido pierda valor. Habiendo los textos necesarios y los medios como para aproximarnos a cada época, creo que merece la pena hacer el esfuerzo.

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¿Cuál es el nivel de aceptación en España de la música histórica?

Ésta corriente cada vez tiene más adeptos y un público que demanda más y más música que desconoce. Ahora es posible hacer estudios oficiales dedicados, exclusivamente, a la interpretación histórica, cosa que hasta hace unos años era impensable en algunas especialidades.
Además, hay una especie de “moda” de la música antigua, lo cual hace que casi en cada auditorio cada vez más se programe música con una estética perteneciente al movimiento de los instrumentos originales.

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Tu apreciación del desarrollo musical de Venezuela y de su Orquesta Sinfónica

Las noticias que llegan a España del desarrollo orquestal que se está produciendo en Venezuela son impresionantes. No sólo la labor musical, sino también la concienciación social que se está produciendo entre la población y lo que ello ha provocado en otros países. Por lo que tengo entendido, países como México y Brasil están aplicando sistemas parecidos en las escuelas.

Además, el nivel al que ha llegado la interpretación es muy elevado. Habrá que tener cuidado, pues no sé si laboralmente va a haber cabida para tantísimos músicos en el mundo profesional, pero que hoy en día casi se pueda hablar de superpoblación de intérpretes de música clásica en un país, es una magnífica noticia y debe considerarse como un brote verde de la cultura mundial.

¿Qué recomendarías a los venezolanos para conquistar nuevos peldaños musicales?

Pues ya que hemos hablado en toda la entrevista a cerca de ello, insistiré en la práctica y el estudio de la música desde su contexto. Poco a poco van teniendo gran acogida en Latinoamérica las agrupaciones dedicadas a la interpretación musical histórica, pero es un mundo interesantísimo que se ha explorado poco por allí. Seguro que hay muchísima música en los archivos musicales venezolanos aún por descubrir y, posiblemente, haya páginas maravillosas de la historia de la música esperando a ser redescubiertas.

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¿Cuáles son los nuevos retos por asumir para la música histórica y para ustedes profesionalmente?

La música del periodo impresionista no se ha mirado todavía intensamente bajo la lupa del historicismo. Creo que ese será el siguiente paso: la música de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Además, contamos con muchísima información de ese periodo y no es difícil acceder a ella. Mucha gente piensa que, por ejemplo, las cuerdas de metal llevan usándose desde entonces y no fue hasta más o menos el final de la Segunda Guerra Mundial cuando se introdujo totalmente su uso. Toda la música de Mahler, Wagner, Ravel o Debussy debería tocarse con cuerdas de tripa. Eso le aportaría una cantidad de colores y texturas a esa música espectaculares.

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Escuchar con cuidado

La pieza que más disfrutas interpretar

Cualquier música de Bach, pero al ser violoncellista he de decir que las seis suites para violoncello solo son especiales. Es música que me acompañará toda la vida y que podría tocar cada día.

El instrumento que mejor se adapta a todas las épocas.

Seguramente el violín. Da la sensación de que siempre estuvo ahí y la música compuesta para el instrumento abarca desde el fin de la edad media hasta nuestros días.

Un sonido que permita viajar en el tiempo

El sonido del piano forte, el antecesor del piano moderno. Al escucharlo te das cuenta de que toda la música que Haydn, Mozart, Beethoven y tantos otros compositores es completamente diferente a como se suele interpretar hoy en día.

Grupos con los que colaboras

Hasta el momento he colaborado con grupos como Sphera Antiqva, La Tempestad, Regina Ibérica y Atrium Ensemble

¿Una fuente constante de inspiración musical?

La propia vida. El día a día y los sucesos más comunes son la mejor fuente de inspiración. Cualquier gesto puede tener un reflejo musical y es un ejercicio muy bueno crear una historia o un cuento entorno a la música que interpretas..

Un autor que todos deberían escuchar

Luigi Boccherini. Tomo las palabras de Anner Bylsma, uno de los grandes violoncellistas de la corriente historicista: “Si todo el mundo escuchara la música de Boccherini, se acabarían las guerras y los conflictos en el mundo”

Por: José A. Puglisi / @Josepuglisi

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