Dimisión de Stark en el Banco Central Europeo golpea a la zona euro

La salida de Juergen Stark de la junta directiva del BCE, frustrado por la política de compra de bonos para impedir que la crisis se extienda, se produjo mientras los legisladores en Berlín y el resto de Europa se preparan para la creciente posibilidad de una suspensión de pagos griega.

Parece que su marcha complicará la próxima ronda de gestión de la crisis, porque ha sembrado el veneno de las políticas internas de los Estados, además de la división ideológica en el independiente banco central.

"El BCE es el que mantiene la máquina en marcha, así que cualquier cosa que debilite al BCE son malas noticias", dijo un funcionario europeo implicado en la gestión de la crisis financiera.

La salida de Stark socavará aún más la credibilidad del BCE ante las conservadoras autoridades financieras alemanas, que vieron la compra de bonos como un método inapropiado de financiar deuda pública, y ante los votantes de la mayor economía europea.

Eso podría hacer más difícil de conseguir el aumento de la integración fiscal de la zona euro, al tiempo que la canciller Angela Merkel se está dando cuenta de que hace falta un gran salto hacia delante en la directriz europea para conservar la moneda única.

También plantea el riesgo trasladar al banco central la división norte-sur, entre los países que se consideran cumplidores de sus créditos y los Estados periféricos percibidos como despilfarradores e irresponsables.

En el peor escenario, la salida de Stark podría reducir la capacidad del BCE de actuar con decisión en los próximos meses, cuando la crisis de deuda entre en una fase aún más peligrosa.

ATADOS DE PIES Y MANOS

"Esto viene en un momento muy, muy malo, y desde luego es grave", dijo Jean Pisani-Ferry, director del grupo de pensamiento económico Bruegel en Bruselas.

"Si el BCE está atado en su capacidad de comprar bonos españoles e italianos y al mismo tiempo necesitamos hacer una reestructuración de verdad de las deudas griegas, con un corte apropiado, nos arriesgamos a un contagio a otros países. Si el BCE está atado de pies y manos por una falta de consenso, ése es el peligro", explicó.

Un creciente número de legisladores, así como economistas del mercado, están convencidos de que es sólo cuestión de tiempo antes de que Grecia, que sigue incumpliendo sus objetivos fiscales, entre en suspensión de pagos.

Una fuente en la reunión de jefes de Finanzas del G-7 celebrada en Marsella dijo que la troika de inspectores de la UE, el BCE y el FMI, que suspendió las conversaciones con Atenas, probablemente hallará en una fórmula en su informe de progresos para permitir que el próximo tramo de ayuda de 8.000 millones de euros del fondo de rescate se pague en octubre.

Eso mantendría Grecia en marcha durante unos pocos meses hasta que los parlamentos europeos aprueben nuevos poderes para que el fondo de rescate EFSF ofrezca líneas de crédito preventivas a los Estados miembros del bloque, compre bonos en el mercado secundario y preste dinero para recapitalizar los bancos.

La fuente señaló que el Ministro alemán de Finanzas está cada vez más convencido de que Grecia no podrá evitar la suspensión de pagos por mucho más tiempo, así que cercar al deudor más débil de la zona euro y limitar el contagio será crucial.

Incluso cuando el EFSF tenga sus nuevos poderes, se requerirá el acuerdo unánime de los 17 Estados miembros de la zona euro para utilizar el fondo, y el Parlamento alemán acaba de obtener una supervisión mayor de esas decisiones. Los obstáculos políticos abundan.

Fuente: Yahoo

EA

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