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Zapatero, la nueva herramienta de Podemos en Venezuela

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Las coincidencias no existen, aún menos en política. El partido español Podemos, que ha buscado desesperadamente desvincularse del gobierno de Venezuela para intentar ganar las elecciones del próximo 26 de junio, sigue interesado en garantizar la permanencia en el poder de Nicolás Maduro. Para lograrlo, están empleando como herramienta a uno de los hombres que, discretamente, fue un gran apoyo para Hugo Chávez: el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.

Amor platónico con el “Imperio”

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Hipócrita. Así son las relaciones internacionales que se han venido consolidando durante los años de la 'revolución'. Especialmente, cuando de Estados Unidos se trata. Durante la primera etapa de Hugo Chávez, el 'Imperio' era un ícono empleado para transmitir en la población las ideas de luchar contra un Estado opresor que, desde hace décadas, venía robando los recursos del país para satisfacer sus necesidades de crecimiento y control mundial.

Desafortunada política económica

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Curar con la enfermedad. Esa es la técnica implementada por el Gobierno de Venezuela para resolver la economía nacional. Es decir, ha anunciado cinco medidas financieras que, lejos de ofrecer una salida a la crisis, son el resumen de los motivos que generaron los actuales problemas del país. De ahí, que todos los analistas insistan en que, en solo unos cuantos meses, los índices inflacionarios se volverán a disparar, mientras que el Producto Interno Bruto (PIB) se contraerá drásticamente.

Tumbas hospitalarias

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La sanidad venezolana se despedaza. El mayor lujo que puede ofrecer el sistema público de salud es una vieja camilla en medio de uno de los pasillos más transitados del centro de atención sanitaria. El resto, está echado a la suerte. La falta de los insumos médicos, la intermitencia de los servicios básicos y una infraestructura insuficiente hacen que, lo que en cualquier otro país podría curarse en dos horas, sea una complicación que lleva, de forma innecesaria, a muchos a una muerte prematura.

Las mentiras “revolucionarias”

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Ustedes mienten, las cifras no. Durante los últimos años, el ‘Socialismo del Siglo XXI’ ha sido la excusa perfecta para desmantelar la estructura de un país que, aún joven y con grandes perspectivas, soñaba con convertirse en uno de los más grandes del mundo. Con un mar de promesas incumplidas y culpables imaginarios, la “revolución” infectó todas las bases estratégicas nacionales, extendiendo sus tentáculos hasta las zonas más nobles del país y nutriéndose con gula de ellas.

El Gobierno regresa a su mundo de fantasía

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Poco duró la autocrítica oficialista. A pocas semanas de haber perdido la Asamblea Nacional, los representantes "revolucionarios" han vuelto a su mundo de la fantasía, donde la situación del país es perfecta y las críticas sociales pertenecen a las labores "geopolíticas del imperio y de los enemigos de Venezuela".

El tufo chavista de Podemos

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Dudar sobre la vinculación entre el partido Podemos con el gobierno de Venezuela es similar a continuar creyendo que la tierra es plana. Los hilos que les unen escapan de la asesoría e intercambio económico a través de la Fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS) para constituirse en un tufo chavista que rodea a la tolda política de Pablo Iglesias, dejando en evidencia su deseo de acceder al poder a casi cualquier precio y con la única finalidad de, así como ha hecho la ‘revolución del siglo XXI’, afianzarse de forma indeterminada en el poder.

La “emergencia” del chavismo

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El chavismo convulsiona. Las políticas erradas de 17 años consecutivos ahora tambalean, como la espada de Damocles, encima de la cabeza de un régimen que sólo se ha preocupado por aferrarse al poder. El fracaso acumulado ha generado en una anarquía que se vive en las calles con el rostro de la delincuencia y la escasez, haciendo imprescindible la necesidad de un cambio que solo puede alcanzarse por medio de una oposición que, lejos de anhelar poder, sueña con la oportunidad de reconstruir un país.

Más allá de la efervescencia

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La toma de posesión en la Asamblea Nacional ha sido un acto muy mediático. Las dos grandes fuerzas políticas del país han aprovechado la oportunidad para, por primera vez tras las elecciones, mostrar músculo de cara a lo que será el futuro del 2016. No es para menos, se trata de un hito histórico para los venezolanos, quienes analizarán como serán las sesiones parlamentarias ahora que la oposición cuenta con una mayoría muy amplia sobre el oficialismo.

Economía, el gran reto de 2016

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La llegada de Año Nuevo es una oportunidad para hacer balances y nuevos planes. En el caso de Venezuela, el 2015 ha dejado poco méritos económicos que recordar, pero sí un largo listado de tareas por afrontar durante los próximo 12 meses. La resolución de los problemas no será fácil, ya que provienen de 17 años de pésimas políticas económicas y de un Gobierno enfocado en convertir el modelo productivo en una maquinaria de votos que se ha quedado seca ante la caída del precio del petróleo y la descomposición del sector privado.

Agridulces navidades

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Las navidades venezolanas tienen un sabor agridulce. A pesar de que los resultados de las elecciones daban la esperanza de comenzar el 2016 con una nueva fórmula nacional, la apuesta firme del oficialismo de consolidarse a cualquier precio en el poder hace que las perspectivas sean, de nuevo, poco alentadoras. La Navidad, por lo tanto, es un breve tregua antes de que, aprovechando los últimos días en control de la Asamblea Nacional, el Gobierno movilice su maquinaria que permita la ingobernabilidad por parte de los nuevos diputados electos.

Una oportunidad para Venezuela

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Venezuela ha recibido una bocanada de oxígeno. Los resultados electorales ofrecen una buena noticia para una población que, durante 17 años, fue testigo de una Asamblea Nacional que solo era utilizada con la finalidad de mantener un modelo político en el poder, así como construyendo un muro legal que les permitiera el control total sobre los ciudadanos, medios de comunicación y controles internacionales. Ahora, una grieta en una de las instituciones más sólidas de la “revolución” abre la oportunidad para iniciar un cambio.

Cuando nos olvidamos de quienes somos

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Los venezolanos se han olvidado de su identidad. Cada día, la imagen ciudadana queda un poco más distorsionada, más distante de su realidad. La división política sembrada por más de 15 años ha ido calando en las costuras de un país, removiendo sus bases y erosionando su superficie, hasta lograr crear una caricatura de sí misma que es incapaz de reconocerse ante el espejo.

La política del miedo

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Cuando los razonamientos se acaban, se enciende la mecha del terror. Los últimos hechos ocurridos en París son una demostración del uso intencionado del miedo para alcanzar un fin que, por otros canales, resultaría imposible. Sin embargo, pensar que las organizaciones terroristas son las únicas que emplean este método, sería ingenuo. En una menor medida, la intimidación también ha estado presente en las últimas campañas oficialistas del Gobierno de Venezuela. Una técnica que, de cara a las elecciones del 6 de diciembre, están siendo desempolvadas.

Cuenta regresiva para comprar conciencias

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El Gobierno ha comenzado su habitual práctica preelectoral. Así como ha realizado desde el inicio de su historia, y copiando modelos de los que tanto critica de épocas anteriores, la ‘revolución’ se ha lanzado a las calles para intentar convencer, en menos de 30 días, de los beneficios de un sistema político que ha venido mostrando sus fracasos de forma sostenida. Conscientes de que las palabras no son suficientes, han optado por lo material, es decir, por regalar cualquier cosa a cambio de un voto en los próximos comicios electorales.

La miopía de los observadores internacionales

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Las elecciones son uno de los aspectos que más condicionan el destino del país. Venezuela afrontará, en diciembre de 2015, unos comicios electorales que definirán cuál será la nueva estructura de la Asamblea Nacional. Un cambio que determinará el panorama político del país y que representa una prioridad para los representantes del gobierno (quienes buscarán mantener la mayoría de los diputados) y de la oposición (quienes intentarán convertir todo el descontento nacional en una fuerza electoral que les permita dominar, por primera vez, la Asamblea Nacional).

Nostalgia tricolor

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Nací en una generación que soñaba con un futuro en Venezuela. Una que creció con la idea de que sus amigos les acompañarían a lo largo de los años y, cuando fuera el momento, sus hijos compartirían las navidades e, incluso, las aulas de clases. Creíamos ser la punta de la lanza que traería un cambio y que seríamos recordados por comenzar una recuperación que nos podrían a la cima de Latinoamérica y del mundo.

Latinoamérica despierta tarde y sin fuerza

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Tarde. Así ha sido la reacción de los países latinoamericanos ante la condena de Leopoldo López. A pesar de que durante más de un año se conoció que se trataba de un juicio carente de todas las garantías jurídicas y sometido meramente a intereses políticos, los miembros de la región no han sabido tener márgenes de movilidad para denunciar de forma contundente una violación a los Derechos Humanos y un atentado contra las garantías democráticas de todo ciudadano.

El delito de informar

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La información es poder. El gobierno de Venezuela lo sabe y, por eso, ha destinado grandes esfuerzos en el control absoluto de todos los medios de comunicación (indiferentemente de su formato). El silencio es el mejor aliado para un régimen que necesita moldear la realidad a la figura de sus intereses políticos, disfrazando los acontecimientos cotidianos y sacando la mayor rentabilidad políticas a sus mentiras. En pocas palabras, adoptando lo que decía el autor George Orwell: “Si los hechos demuestran otra cosa, habrá que cambiar los hechos”.

Un mosquito, dos realidades

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El conocido Efecto Mariposa asegura que “el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo”. Sin embargo, han sido las alas de un mosquito en Europa las que han puesto, una vez más, en evidencia la incapacidad gubernamental del régimen venezolano. Específicamente, se trata del primer caso de chikunguya en España y en la evidente capacidad de respuesta entre dos países ante una misma problemática.

La nueva devaluación… tras las elecciones

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El gobierno de Venezuela hará una de las cosas que mejor saber hacer: empobrecer el valor de la moneda nacional. El canal para lograrlo es a través de una nueva devaluación, pero como es costumbre lo harán de una forma disfrazada: a través de puesta en marcha de un nueve billete. Específicamente, se trata de una iniciativa del Banco Central de Venezuela en la cual se crearía un billete de 500 bolívares que entraría en circulación en 2016. Es decir, justamente después de las elecciones parlamentarias.

La falsa piedad, una estratégica "revolucionaria"

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El Gobierno ha vuelto a jugar una de sus cartas preferidas: la falsa piedad. A solo meses de las elecciones y ante el anuncio de una previsible caída en los precios del petróleo (lo que profundiza la crisis económica y social que ya atraviesa el país), el Ministerio Público está intentando mostrar un gesto de tolerancia a la población al otorgar casa por cárcel a Daniel Ceballos. Una medida que, en solo horas después, fue aplaudida por sectores oficialistas al destacar el carácter ‘democrático’ de la justicia venezolana.

Con la cabeza en pajaritos preñaos…

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Nicolás Maduro sigue con la cabeza en pajaritos. Mientras Venezuela padece uno de sus momentos más delicados, el presidente aparece en televisión asegurando que todos los males que afectan a la población forman parte de un plan desestabilizador promovido desde el Pentágono de los Estados Unidos. Incluso, afirma tener toda la documentación que lo demuestra.

Cementerio automotriz

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El sector automotriz ha sido uno de los bastiones económicos más perjudicados por las políticas económicas implementadas por el gobierno de Venezuela. Durante los últimos años, ha sido evidente el continuo deterioro de una industria que se ha visto coartada por las regulaciones de divisas, trabas en la importación y siembra de protestas sindicales que solo han servido para paralizar la producción en diversas ocasiones y poner en jaque a un grupo de compañías que ofrecen trabajo y aportación al Producto Interno Bruto (PIB).

Silencios de derrota

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Las trincheras están silenciosas. El sonido de las balas ha cesado y sólo se escucha el lento paso del ensordecedor fracaso. No hay banderas blancas o firma de rendiciones, pero todos son conscientes de que la batalla se ha terminado: la economía venezolana, ha perdido la guerra. Sí, esa que ella misma comenzó con metrallas de expropiaciones, dinamitando las bases del sistema productivo y disparando a toda iniciativa privada que tuviese la osadía de brillar por encima de los alambres de las normativas y regulaciones ‘revolucionarias’.

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