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Maduro y Asamblea: Matrimonio obligado

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Nicolás Maduro, bien se sabe, posee el control de todas las instituciones del Estado, en la práctica, instituciones del gobierno rojo, excepto de la Asamblea Nacional. Pareciera que bastara una resolución de los amanuenses del Tribunal Supremos de Justicia para que al Parlamento le sean colocados unos candados; o, si se quiere mantener algunas fórmulas representativas, para que los diputados opositores sean inhabilitados y proscritos, y la AN sea ocupada únicamente por la bancada oficialista, tal como ocurrió el año pasado en la Nicaragua sometida a la voluntad de Daniel Ortega.

¿Acuerdo de Convivencia Democrática?

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El Acuerdo de Convivencia Democrática (ACD) propuesto por los mediadores -Ernesto Samper, Leonel Fernández y Omar Torrijos, con el apoyo del representante del Vaticano- incluye un conjunto demasiado amplio de temas que no deberían aparecer en un documento, cuyo propósito fundamental debería consistir en resolver la crisis institucional y política que sacude al país.

Rescatemos la descentralización: elecciones de gobernadores ¡Ya!

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Algunos dirigentes opositores plantean como objetivo para este año la realización de unos comicios generales de todas las autoridades del Poder Ejecutivo y representantes populares ante los órganos deliberantes. Esto incluye, desde luego, al Presidente de la República.

Él abandonó el cargo

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La decisión de la mayoría opositora de la Asamblea Nacional en la cual se declara, mediante una interpretación literal del artículo 233 de la Constitución, “abandono del cargo” por parte de Nicolás Maduro, me parece inobjetable desde el punto de vista constitucional y político. El Parlamento estaba obligado a parársele firme a un déspota que desde el 6 de diciembre de 2015 ha agredido a la AN, desconociendo la voluntad de ocho millones de venezolanos que votaron a favor de los candidatos de la MUD.

2017: La deriva militarista y cuartelaría

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El discurso de Nicolás Maduro el 28 de diciembre -con motivo de la salutación de fin de año y la inauguración del “Batallón de Honor 24”- transmitido en cadena nacional desde el Campo de Carabobo, pasó desapercibido. El hombre habla tanto gamelote, es tan fastidioso y desangelado, que resultaba un acto de masoquismo inaudito escucharlo en medio de las fiestas navideñas, opacadas por la inflación y la escases, pero fiestas al fin y al cabo.

Velocidad de la crisis y oposición

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El régimen ha logrado controlar todo el aparato de Estado, con la excepción de la Asamblea Nacional. Desde el Tribunal Supremo de Justicia hasta los modestos tribunales de provincia, el Poder Judicial se encuentra sometido al férreo dominio del gobierno central. Lo mismo sucede con el Poder Moral y el Poder Electoral. En el Estado rojo nada se mueve sin el permiso o la orden directa de Nicolás Maduro o alguien del entorno presidencial.

MUD: la reconexión con sus bases

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Luego de un año del espectacular triunfo del 6 de diciembre de 2015 para la elección de los diputados de la Asamblea Nacional, se ha producido, si no un divorcio al menos una separación entre la Mesa de la Unidad Democrática y sus bases sociales de apoyo. Hoy llueven las críticas a la conducción de los líderes opositores, incluso en grupos y analistas que durante los últimos años se han batido a favor de la plataforma unitaria en distintos escenarios: artículos de prensa, foros, programas de opinión en la radio y la televisión.

Fidel Castro: líder de la reacción conservadora

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Fidel Castro pudo haber sido, junto a Rómulo Betancourt, el líder de la implantación y fortalecimiento de la democracia republicana en América Latina, en momentos en los cuales campeaban las dictaduras militares en buena parte del continente. Sin embargo, optó por convertirse en un tirano comunista omnipresente y omnisciente. Luego de fracasar, a comienzos de los años 60, en su intento de exportar su modelo revolucionario, afincado en la guerra de guerrillas, a otros países de la región, entre ellos Venezuela, pasó a convertirse en un político conservador.

El miedo del Gobierno al diálogo

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El Gobierno, utilizando como excusa el debate sostenido el martes pasado en la Asamblea Nacional sobre el juicio por narcotráfico donde fueron declarados culpables los sobrinos de la primera combatiente, se levantó de la mesa de negociaciones. Se congelaron las conversaciones, dijo Chúo Torrealba. Cualquier treta era buena para evitar el careo con la oposición. Las razones del régimen para impedir una salida electoral a la crisis son demasiado débiles.

La MUD: Borrar la huella del fracaso

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En Venezuela se instaló un régimen de facto a partir del 20 de octubre pasado, cuando Nicolás Maduro y su camarilla, tras una larga lista de atropellos a la Constitución, decidieron acabar con el referendo revocatorio (RR), valiéndose de unos tribunales penales de provincia. El régimen es autoritario e impopular, ya no representa a las masas, pero tiene el poder de fuego y el del dinero, escaso para muchos fines, pero suficiente para arrollar a la oposición. En ese contexto hay que discutir la dinámica de la mesa de negociación.

El juicio político a Maduro

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La posibilidad de que la Asamblea Nacional en ejercicio de sus facultades constitucionales inicie un juicio político contra Nicolás Maduro ha sido condenada por los dirigentes oficialistas y, desde luego, por el propio afectado. En la alternativa democrática también se han escuchado voces que rechazan la iniciativa. Tal contingencia no está prevista en la Constitución nacional, es el argumento fundamental que esgrimen unos y otros.

Maduro: centro de la crisis

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El centro de la colosal crisis global que vive el país se encuentra en Nicolás Maduro. Desde que asumió la Presidencia de la República, primero de forma interina y luego de manera definitiva, se convirtió en el factor fundamental del deterioro general de la nación y en la traba más poderosa para impedir que las dificultades se superen. Sin duda que el entorno que lo rodea está integrado por ineptos y gamberros iguales o peores que él. Sin embargo, el verdadero responsable de los males que aquejan al país es el primer mandatario.

Firmar por la democracia

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La jornada del próximo 26, 27 y 28 de octubre será la más importante organizada por la MUD y los demócratas desde las elecciones del pasado 6 de diciembre. El régimen ha sido llevado a pulso hasta esa instancia, a pesar de todas las amenazas y obstáculos que ha interpuesto. Sin prisa, pero sin pausa, la dirigencia opositora logró sortear las dificultades y arrinconar al Gobierno hasta colocarlo en el candelero. Las maniobras diseñadas por los asesores cubanos y por sus propios expertos podrían resultarle nocivas.

Perdió el Acuerdo, puede ganar la Paz

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El Acuerdo de Paz firmado por el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC no logró convencer a la mayoría de los electores colombianos. Algo más de 60% de los votantes se abstuvo, y de la franja que acudió a las urnas, la porción más alta se inclinó a votar por el No. Esto ocurrió a pesar de la abrumadora propaganda orientada a atraer los ciudadanos a las urnas y a votar a favor del Sí.

Todo el poder a la MUD

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Las decisiones de las señoras del CNE orientadas a levantar barreras inconstitucionales al referendo revocatorio (RR) perseguían dinamitar la MUD. Exacerbar las contradicciones internas inevitables en toda alianza política amplia que reúne visiones diferentes del Estado y la sociedad. El peligro fue conjurado el 26 de septiembre, luego de unos primeros momentos de incertidumbre.

Margarita: el fin de la diplomacia chavista

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La Cumbre del Movimiento de Países No Alineados en Margarita fue un fracaso, tal como se había pronosticado. El Gobierno constató el aislamiento y desprestigio internacional en el que se encuentra. Solo unos cuantos presidentes y jefes de Estado, algunos de ellos dictadores que dan vergüenza, verbigracia Robert Mugabe (quien durmió como un lirón) y Raúl Castro, atendieron la invitación de Nicolás Maduro. Comparada con la cumbre anterior, en Teherán, la de Margarita fue un espectáculo penoso. La reunión no llegó a ser ni siquiera nostálgica.

Los sí alineados con el atraso y la dictadura

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La XVII Cumbre del Movimiento de Países No Alineados (MPNA) en Margarita fue convertida por el régimen de Nicolás Maduro en un escenario en el cual trata de recomponer su deteriorada imagen internacional, tan disminuida que ni siquiera pudo asumir la Presidencia, cargo absolutamente formal e intrascendente, de Mercosur, organización con escaso peso dentro de los organismos multilaterales en escala planetaria.

Verdugos con toga

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La respuesta del régimen ante su aislamiento e impopularidad, puestas de manifiesto con la fenomenal marcha del 1-S y el cacerolazo en Villa Rosa, ha sido en tres planos distintos y complementarios. El primero es el bufo. Aquí la cómica va desde la negación de la grandiosidad de la concentración hasta la revelación de golpes de Estado fantasiosos.

La pandilla salvaje al ataque

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La pandilla que controla el Estado, acorralada por el descontento de la gente ante la crisis nacional, decidió amenazar y reprimir sin rubor con el fin de impedir el éxito de la Toma de Caracas.La horda sacó la guadaña para degollar a modestos empleados públicos que firmaron solicitando la activación del referendo revocatorio, allanar la casa de Daniel Ceballos, secuestrar a Yon Goicoechea y a Carlos Melo, perseguir a Lester Toledo, impedir la marcha de los indígenas que salieron de Amazonas y bloquear todas las manifestaciones de apoyo a la gran concentración en la capital, registradas los

¡Todos a tomar Caracas el 1-S!

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El Referendo Revocatorio y la Toma de Caracas, impactante consigna propagandística con la cual se ha identificado la movilización-concentración del 1 de septiembre, removió las pocas tuercas fijas que le quedaban a esa maquinaria destartalada que es el gobierno de Nicolás Maduro. Los jerarcas del régimen perdieron las chavetas. Se consideran la reencarnación de Stalin, quien creía salir fortalecido con cada purga que acometía. Amenazan con destituir a los funcionarios que firmaron la solicitud para iniciar el RR. Disparate mayúsculo.

Nicolás Maduro no es Daniel Ortega

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El golpe que le propinó Daniel Ortega a la bancada opositora y a los electores, al sacar de forma arbitraria de la Asamblea Nacional de ese país a la minoría de 16 diputados principales y 12 suplentes, todos del Partido Liberal Independiente (PLI), cuyo líder es Eduardo Montealegre, ha llevado a pensar a algunos sectores de la oposición venezolana que Nicolás Maduro puede repetir ese esquema en Venezuela.

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