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Una consulta por el apoyo mundial

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Ahora son tres en vez de dos. Las inquietudes siguen siendo variadas, así como los problemas insondables. La oposición atisba su consulta popular con unas respuestas sabidas; un conocimiento sereno de que los resultados son predecibles. Para muchos es una tarea innecesaria y un esfuerzo que no ayuda en nada al desparpajo nacional.

Y cómo está el mundo…

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Estamos vulnerables a creer cualquier cosa. La verdad la camufla nuestro entorno con sinsentidos y a veces hasta con epopeyas rancias. A diario jugamos con fuego o con el temor de no saber si estamos completamente engañados; si somos carne de caño de nuestras propias alucinaciones noticiosas. Deseamos reconocer quiénes son nuestros paladines para las gestas; los reales precursores para los cambios necesarios.

La elección más alocada del mundo

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No hay certidumbre sobre los comicios norteamericanos. Fueron días enteros y confusos en una espera interminable sobre los resultados. El mapa colorido tuvo cansadas las pupilas de un mundo expectante. Un debate casi agónico sobre quién tenía la razón. Eso demolió mis ímpetus para opinar y sería una gran irresponsabilidad no hacerlo, cuando los más expertos en el área comunicacional se la han jugado con uno u otro bando.

Cómo cambiar la jungla de lo inaudito

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Siempre me he negado a creer en pretextos y en casualidades sorpresivas. Tampoco creo en frases alarmantes y en racionamientos efímeros. Para eso existen las bases de la lógica y los hechos sustentados en la legalidad, complicada o no. En Venezuela se perdió la normalidad del Estado de Derecho, las proclamas estremecedoras y las esperas festivas. Nuestras alegrías de antaño las cambiamos para vivir en la jungla de lo inaudito.

En la búsqueda de un pueblo para la libertad

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Hace unos días me involucré en una diatriba sana en las redes sociales. Leí el texto con detenimiento, sin saltarme las frases precisas y enteras sobre el análisis. Lo había redactado un historiador amigo, con sus argumentos certeros y una capacidad innegable para conocer las estructuras del tiempo. Me dolió no tener sílabas para contradecirlo. Escribió sin reservas, tan dolido como yo por los juicios sueltos y coherentes: el pueblo en Venezuela no protesta por su libertad.

No hay ley para el bloqueo racional

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Las arcas van perdiendo sus encantos. Los ingresos han disminuido y los revoltijos políticos siguen sin resolverse para el régimen. No son días placenteros, pues hay inconformidad en las definiciones. No hay forma de comprar los veredictos internacionales, evidente en el derrumbe hasta de los apoyos fieles.

Con bases suficientes para creer

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Se está rodando una película distinta a nuestro favor. Ya el mundo no está enroscado de brazo y viendo sin opinión alguna, a un país trepidante, demolido y con gemidos perdidos e inconcebibles. Costó hacerle entender al planeta que no eran figuraciones ni meras diferencias políticas.

No sé si utilizó un espionaje institucional o se basaron en una investigación con métodos científicos, pero el resultada llega hasta a ser sorprendente. Vimos convicciones y propósitos firmes.

Los hechos sobrepasan las corazonadas

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Hay motivos suficientes para creer. Sobran las razones para entender que hay más de una corazonada y que la libertad no es subalterna. Hay tiempo para presenciar un gran pedazo de la historia. Es la etapa crucial para soñar en condiciones reales. Lo he dicho a mil voces y convencido sobre todas las maniobras conjuntas para devolverle la paz a una nación en desvelo.

Una tiranía que carece de combustible

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Las sanciones sirven y siguen mellando en el equilibrio del régimen. Aquellas frases premonitorias sobre caídas estrepitosas o políticos moribundos solo fueron utilizadas para avivar falsas esperanzas y elevarnos en un morbo poco provechoso. Los seudomonarcas fallecen cuando les toca y abandonan el poder cuando quieren. Solo la presión continua y las estrategias precisas logran en su momento girar el destino y cambiar la historia.

En dictadura la oposición debe ser única

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La política no puede verse con simplicidad. Los acalorados debates de la opinión pública y el sabor metálico, nauseabundo y agrio de la pobreza forzada, no nos da pie a inventarnos nuevas teorías. No estamos para filosofar en el fango. Este no es un juego de idear consignas infantiles o enfilar los batallones a la orilla de la confusión.

En búsqueda de la verdadera libertad

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La dictadura no escatima en acciones para mantener la fachada. Sabe que siempre contará con comentarios positivos, tras liberar a un preso político. Es su dádiva para la apariencia, su habilidad para manejar las emociones; no su brazo a torcer. Ahora lo han hecho de nuevo, soltando a Juan Requesens de su cautiverio injusto. No hay manso cordero en Miraflores y siguen con su insana experiencia de darnos un pasatiempo, para continuar con sus demás procesos.

La diplomacia del misil y la confusión

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Los últimos cartuchos pueden ser los más terribles y despiadados. Se achican las alternativas y hasta el reflejo del espejo se vuelve turbio. Se acaban los ingenios para esconder la maldad. No hay forma de rehusar a la contienda. Hay un temor sincero esparcido en el palacio de gobierno. Se apela a los aliados sin miramientos, con la cara entrenada para pedir por la urgencia y explicar el riesgo.

El temor a que “no pasará nada”

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Mi país es una portada complicada de titulares para ensombrecernos. Duelen los párrafos estropeados y las reflexiones pesimistas. Nos tiran migajas para que forcemos sonrisas o aceptemos que nos debe ir mal como norma. Pero depende de nuestra propia carga de fe para contemplar lo que vendrá.

¿Dónde estará el detestable personaje?

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Recuerdo aquel juego ingenuo que algunos periódicos hicieron suyo. Era de localizar a un individuo con vestimenta a rayas, espejuelos grandes y un sombrerillo de tela. La trama era medio perversa para la capacidad visual. Todo consistía en hallar al personaje en una maraña aterradora de elementos. Lo circundaba un sinnúmero de acompañantes. Se podía estar minutos interminables para poder localizar al pequeño ser entre una vasta cantidad de cosas. Muchos podrían darse por vencidos.

Dime quiénes son tus socios y te diré cómo caerás

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Saltamos del asiento cuando nos hablan de diálogo y elecciones. Como si nos cayese una bomba de hidrógeno. Un insulto casi a nuestra propia dignidad y a aquellos esfuerzos interminables del pasado por seguir soñando. Para esos temas no existen más iniciativas. Vacías pretensiones para mantenernos en ascuas. Ya son cuentos triturados y el resultado previsible.

La libertad no es una cúspide tan elevada

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En Venezuela se lucha contra dos sentimientos atroces. El primero es una sensación tangible de tristeza. Saber que mañana será peor que ayer. Que las fechas pasan como espanto sin rumbo, así como la ineficiencia y el caos son irreductibles. Una pesadez instantánea, voraz y ruda. Abruma una incapacidad para entender los sinsentidos. En qué momento nos cambiaron la combinación mágica de la sonrisa citadina, para generar una nación asolada, turbia y gris; tan irreconocible.

El último intento en Cabo Verde

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Se han buscado a Baltazar Garzón. Existe un impulso al chantaje desmedido. El dinero no es impedimento. Alguien tiene que ceder. El riesgo es inmenso y puede correr mucha sangre. Están desaforados y el tiempo se achica. El Gobierno de Cabo Verde aprobó la extradición. Lo demás queda en la diafanidad de la justicia del archipiélago.

Una tos que abruma a Miraflores

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Venezuela vive el sentimiento de naufragio que genera el coronavirus. Se percibe como si fuese la primera vez. Quizá nunca se entendió como tal. Siempre se consideró como una excusa detestable para mantenernos encerrados. Un claustro impuesto para ocultar las carencias. Pero está enfermedad es verdadera y duelen sus estragos.

Una cacería de brujas sin magia

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La apoteosis del poder ya no les permite pensar. Imprimen ráfagas de brutalidad. Imponen con solemnidad, sus caprichos desordenados. Se inventan los miembros de las instituciones y las reglas. Poco les importa que el planeta sepa -con asombro interminable-, que manejan una dictadura inhumana, con teatro democrático. Así funciona el mecanismo. Lo ha hecho Cuba por años. Le ha servido a la usurpación en dos décadas. Pero esta vez los continentes abrieron los ojos y lanzaron al cesto de basura esa venda ingenua.

Lo sorprendente del santuario del mal

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En estos últimos años se han cambiado los conceptos de lo inimaginable. Hemos vivido un viaje extremo a lo inaudito, compungidos por el terror, la desolación y la miseria. Hasta se ha perdido la capacidad del desconcierto. Todo es posible y punto. Se puede estar peor y la vida rudimentaria se ha vuelto costumbre. Lo normal en otras naciones, en Venezuela es el privilegio de unos pocos.

La difícil tarea de creer en el mañana

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A veces me invento frases de aliento para no perder el ánimo. Como “el dormir es un compromiso y el soñar una necesidad”. Estamos obligados a cerrar los ojos por ocho horas diarias para subsistir. Pero andar con una meta que parece fantástica, resulta la verdadera razón para luchar y creer en que todo puede cambiar para mejor.

Un testaferro para develar los secretos

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Seguir las reglas del librillo ha sido infalible. Se sabe que habrá muchos enardecidos. A la gran mayoría la confusión solo les hará emitir la queja acostumbrada. Por eso se actúa sin piedad. Con una normalidad pasmosa. No se requiere darle vueltas a un dictamen roto. Simplemente funciona. No necesita explicaciones al uso.

El teatro absurdo del combustible

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Resulta notable cómo saben fabricar el caos sobre medida y no les importar las consecuencias. Edifican el problema desde lo recóndito, lo amplían, le dan soluciones extrañas y luego van midiendo los efectos como una prueba de bomba nuclear. La fórmula ha sido útil en 20 años. Poco quiebra el sistema. Las bolladuras son las esperadas. Les ha funcionado con maligna maestría, mientras nos contorneamos para resolver el enigma.

Una pandemia con buques iraníes

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El último escollo es Irán. La última balaustrada por quebrar. El país que trata con sus esquemas rebeldes de buscarle sostén al régimen. Esta encomienda por liberar a Venezuela debe contar con un buen estómago para estos fanáticos de la miseria. China y Rusia se quitan poco a poco los guantes, aunque sigan en la esquina roja del cuadrilátero. La batalla sigue ahí, con sus combatientes en línea.

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