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Con la fecha de vencimiento a cuestas

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La usurpación tiene a un costado de su envase de miseria -además de los ingredientes agriados de este sistema del caos-, la fecha de vencimiento. Ya no son suposiciones ni ansias contenidas de quienes deseamos con la tolerancia rebasada, que estos malandrines abandonen el trono de Miraflores.

No es en ningún caso un capricho de redacción. Mucho menos una proclama espiritual, aunque sea necesaria en estos tiempos en que a la fe la han empañado los acontecimientos.

Una acción quirúrgica por la libertad

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Estamos hambrientos por un resultado definitivo. Nos perturban las malas nuevas que llegan a diario como peñascos. Nos atosiga que aquel vocero se desmienta o si otro habla desde las vísceras, con una perorata interminable sin precisiones ni fechas exclusivas.

Nos hallamos tan atormentados por nuestra propia realidad apocalíptica, que no sabemos si enarbolar con justicia por lo constitucional o simplemente afirmar que esa carta magna no sirve para nada.

Antídoto para el desánimo

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Cómo exigir una sonrisa placentera, mientras las heridas emocionales se agudizan sin remedio. Todos se desploman y caen en un laberinto que parece interminable. Se cansaron de las ilusiones de felicidad y los paisajes perfectos. De las proyecciones interminables y ese país encapsulado que no termina de llegar. Le importa un rábano al pueblo el estar inmersos en días históricos y determinantes, si el país yace en llamas y con todos los medios de subsistencia revueltos.

Diseño para una oficina en Miraflores

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Debe ser cómoda, apropiada para las disertaciones amplias y pulcra para las acciones justas. Al entrar se percibiría un aroma de libertad y contaría con tomos enormes, libros suculentos sobre economía, finanzas y políticas públicas, para ilustrar el cómo erigir el gran país requerido.

Dominarían los colores tenues y discretos. Atrás quedarían las rimbombancias pictóricas y el rojo sangriento como estandarte. La justicia debe ser blanca y sin banderas ideológicas.

Los bocados de Godzilla

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He Tratado por horas interminables y grotescas, imaginarme tal operación y no he podido. Posiblemente irrumpirían en una acción tipo comando. Llevarían mochilas atiborradas de utensilios modernos, con artificios sofisticados y todos los artilugios necesarios para lograr su cometido. Tendrían linternas, aparatos para desencriptar sensores y, principalmente, una iguana dentada, con la capacidad perniciosa de entrar por los escondrijos más diversos y roer sin contemplaciones, el cableado del sistema de control automatizado de la otrora central hidroeléctrica más importante de Sudamérica.

El mapa de las mil y una posibilidades

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Un grupo incuantificable de seguidores le esperaba a las afueras de su reunión con Macri en Argentina. Los rostros se iluminaron al verlo con la mansedumbre acostumbrada y su buena voluntad para dar aliento. Le gritaron: “¡Queremos regresar!”, como una súplica enfebrecida y esperando una respuesta acorde para no debilitar las esperanzas entrañables en este proceso.

Realmente no hay vuelta atrás

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Fue un día terrible e inolvidable. Se quebraron nuestras expectativas y no podíamos reponernos de los sollozos. Ver los camiones en llamas resultó impactante. Contabilizar más de veinte muertos, casi 300 heridos y alrededor de 100 miembros de las Fuerzas Armadas convencidos de abandonar el bando del terror, no es suficiente para un régimen cuyo único interés es aferrarse al poder a costa de la sangre de tantos inocentes.

Una fecha para la posteridad

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La historia está atestada no solo de héroes, sino de fechas emblemáticas. Nos ha costado aprender de memoria nombre rutilantes y precisiones sobre batallas decisivas que forjaron nuestro destino como nación. Por eso, cuando el presidente interino anunció con la mayor parsimonia y seguridad discursiva que el 23 de febrero sería el día impostergable para la entrada al país de la ayuda humanitaria, entendí que estaba tallando el futuro y que lanzaba los dados con la franqueza de quienes han logrado las gestas más heroicas.

La estrategia perfecta antes de lo bélico

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Recuerdo haber elevado una exclamación instantánea. Mi asombro se volvió júbilo, con ribetes de pavor por su destino. Una mezcla rara de que todo podría suceder. Nunca pensé que la alegría pudiese tener algo de complejidad y consternación. Pero sí, Guaidó juró con el aplomo que tienen los grandes; de aquellos que edifican la gran historia contemporánea. Lo hizo ante una enorme concentración que esta vez no fue defraudada.

De Wikipedia a la silla presidencial

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El destino de Venezuela de los últimos años se ha convertido en un marasmo indescifrable, además de enigmático. Un perturbador rompecabezas de agravios, decisiones tormentosas y traiciones por doquier. Es ese complejo juego de mover fichas en un tablero insondable y abismal, que pese a manejarse las estrategias con sumo cuidado y darle cara a cualquier ataque del adversario, se tiene siempre el mismo resultado desalentador.

¿Y ahora quién es el presidente?

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Estamos tan urgidos por un presidente con las botas puestas, la conciencia recta y el cerebro en orden, que ahora tenemos dos mandatarios que tiene patas arriba a la propia constitución y en ascuas a toda la población, la cual sólo ansía un mendrugo de real democracia.
Lo cierto es que la ceremonia de asunción al más alto cargo del país fue de lo más grotesca. Los únicos presidentes que tuvieron la desvergüenza de asistir fueron los mismos de siempre, que reciben las dádivas de nuestro país y no les conviene que Maduro deje las riendas del poder.

Esta historia no califica con 10

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Le he perdido la pista. No sé si quedó entre las sábanas de mis sueños revoltosos o atragantada en una consigna gastada. Sé que la extravié tal vez en el rincón polvoriento de mis desvelos. Torció sus proporciones al transcurrir el tiempo y quedó hecha migas, vulnerable, petrificada en el olvido, hasta volverse inoportuna cuando trataba de retornar al pensamiento.

Un compromiso con Dios

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Estoy frente a frente con una realidad perturbable y difícil de desmenuzar. Cómo se puede mantener una sonrisa inmutable, chocando a diario con un campo minado de angustias. Siempre será de valientes el plantarle cara a la controversia. Pero es más complicado el hacerlo, esbozando una tranquilidad memorable y discreta, ante esta locura complicada en que se ha vuelto nuestro mundo.

Bombardeo de mentiras

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A veces pienso que la polémica en Venezuela es imperturbable. Que un tormento tapa otro, con los viles argumentos de la confusión y por lo grande del atrevimiento. Pareciera ser esa la estrategia irreprimible para mantenerse en el poder y lograr torcerle el rumbo a todo un país, con ese rigor deshumanizado, feroz y despiadado, de no importarle matar a quien sea por continuar en la usurpación del trono.

Por el camino inca de la incertidumbre

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Lo vi partir con el alma en vilo. Se cansó de guardar los sueños en el armario y de esa sensación terrorífica de no saber qué hacer al abrir los ojos. Sentía un miedo tortuoso al fracaso. Pero estaba hasta el hastío de andar sin rumbo y tener los días apretujados en el almanaque. Todos eran iguales, extraviados y complejos, reducidos a medio conseguir qué comer, a solventar las discusiones gastadas con la familia sobre las maneras para poder sobrevivir.

Más de 20 mil firmas contra el dictador

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Las noticias del planeta parecen girar en estos días, sobre dos eventos trastornados de gran impacto y un tanto inciertos en torno a sus desenlaces. Se está escenificando en Argentina la cumbre de líderes del G20, cuyo encuentro parece un menú disperso de controversias, declaraciones rigurosas y temas intangibles.

Nuestro terrible “black country”

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El consumismo que arropa a los últimos meses del año parece tan indómito, intransigente y de vértigo, que nos obliga a adquirir hasta lo que no necesitamos. Resulta inevitable no caer en ese tobogán de desquicio. De por sí, ya sabemos de antemano que provocará un sentido de culpa en los presupuestos vacíos de enero.

Crea fama y te arrastran hasta la salida

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El video recorrió las redes sociales como pólvora. Los gritos de auxilio, resonantes y confusos, saturaron el amplio pasillo de la elegante sede de la Unesco en París. Se observaba a un hombre arrastrado por funcionarios de seguridad, quien, ataviado de traje y corbata y con gestos desinflados, exteriorizaba una angustia irritante al ser expulsado del evento.

La permanente crítica contra nosotros

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Soy de quienes siempre han considerado a Venezuela como un territorio de orgullo. Posee planicies admirables, montañas exuberantes y hasta médanos primorosos como si tuviésemos al Sahara embotellado. Sus cascadas glamorosas y sorprendentes. Sus llanuras como un manto ecológico que abriga el grito inextinguible del contrapunteo y la armonía del arpa. Sus crepúsculos errantes y su comida ineludible. Amar a este país de encantos es una tarea nada complicada.

Las estrellas también se conmueven

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Posiblemente no era la primera vez que estaba frente a una historia sorprendente, con despilfarros de adrenalina y con relatos de interminables sollozos contenidos. La diferencia crucial es que esta vez todas estas sensaciones no pertenecían a uno de sus guiones pintorescos para una película de abultado presupuesto.

Presagios para una fiesta

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Deseo creer en cualquier vaticinio repentino. Hurgar en lo imprevisible y tener las suficientes agallas para defender algún postulado aventurero. No podemos seguir dudando hasta de nuestras propias creencias ancestrales. Bastantes sacudidas nos han dado los cabecillas del régimen para dudar siempre y perder la fuerza de la fe para esbozar una sonrisa futura.

Las huellas de las manos manchadas

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“No respira. Esta vez se nos fue la mano. A este no lo podemos ocultar”, posiblemente sentenció el funcionario, mientras extraía del gran balde de agua, la cabeza inerte, bailoteando entre sus manos, ya sin vida. Se habían detenido los burbujeos y los sobresaltos ante la necesidad de alguna bocanada de aire. Había llegado la rendición ante la asfixia y no soportó la presión para vomitar argumentos falsos.

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