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Por el rumbo complicado de la libertad

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Es ya de dominio público internacional que Venezuela vive escamoteada, turbulenta y triste. Que el pueblo no ha hallado las soluciones balsámicas para resolver su rara ecuación política, que le ha llevado a tener un incorregible camino de precariedades y una economía histórica de desolación.

¿A quién se le puede enderezar el humor ante cortes eléctricos diarios de prolongadas horas y calores extremos? ¿Cómo puede aplaudirse el humillante sistema de transporte, fraguado para llevar a los ciudadanos en camiones de carga y bajo el riesgo inconmensurable de perder la vida?

Curso intensivo de mandarín

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Si el sendero de los últimos acontecimientos sigue por la vía amarga de las decisiones torpes, no sería de desestimar el iniciar un curso intensivo de “Open Mandarín”, para sentirnos cómodos con estas nuevas condiciones nacionales.

El Gobierno de la bandera roja y los ojos rayados continúa concediendo préstamos interminables a nuestro país. A China no parece acabársele la paciencia ante tanto derrochador de oficio en Miraflores. Por supuesto, todo debe partir de una maquinación bien compuesta para aprovechar esta debacle económica y asumir algún tipo de jerarquía de poder.

En un sueño proverbial e imaginable

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Siempre la esperanza viene a cuento, cuando las nubes aciagas arropan el firmamento. Parece una frase hecha a medida para evitar el desplome de las emociones diversas, en una nación con tantos años ingratos y un futuro poco alentador ante los hechos.
Al primer golpe de vista, Venezuela parece un país irremediable. Es blanco de las habladurías, de los análisis desalentadores y de la preocupación extrema frente a tantos seres humanos sumidos en la miseria, el hambre y la burla.

Un estado de locura extrema

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He considerado desde hace tiempo, que en Venezuela se dan las teorías inversas y las lógicas revueltas. El anuncio de un aumento salarial debería de erigirse como un aliciente sin pretextos para esbozar una sonrisa y soltar algún suspiro de alivio. Pero en la calamidad nacional, este incremento sólo agrava la ruindad y decadencia social, económica y política a las cuales no les recetan escapatorias.

Una trastada de marca mundial

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A pesar que los ojos de los cinco continentes se hallan vertidos en conocer los resultados de los encuentros del Mundial Rusia 2018, se suscitaron esta semana varios acontecimientos respecto a nuestro país, para revolverle estómago a cualquiera y generar un interés como aliciente de un “por lo menos se está haciendo algo”.

Las dudas merecidas ante la farsa

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No es Presidente. Lo han dicho a voz en cuello y de forma enérgica los países que conforman la OEA. No han tenido reparo para actuar y no han creído las farsas montadas del pasado por parte de quienes usurpan Miraflores.

Ahora el hemisferio se ha puesto la corbata. Ya no se escuchan esas excusas desgañitadas ni se percibe ese temor a tomar decisiones precisas. Prevalece un fervor decidido por resolver los arreglos de una nación que, por justicia natural, merece contar con los privilegios de la bonanza y la tranquilidad económica, social y política de sus ciudadanos.

Las noticias de los miedos ocultos

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Venezuela parece un carnaval incierto de noticias encontradas. Mientras muchas naciones hacen causa común para entorpecer las acciones y la autenticidad de un Gobierno que hace lo imposible por arroparse con la cobija menuda de su legalidad, el fantasma de la contradicción parece zumbarle en los oídos a Miraflores e ir en contracorriente a sus propios puntos de vista.

Los extraños secretos del poder

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Los engaños pueden desprender polvaredas interminables. Los comicios de fantasía inventados por el régimen, cuya celebración minúscula y descarada sólo generó indignación en la comunidad internacional, tienen en conciencia enmarañada a Miraflores, pues ha tratado de escabullirse con unas decisiones repentinas en los últimos días.
Tras ese domingo electoral pasado al olvido, en el cual no votó nadie y los resultados se abultaron con la medida repetida de los antojos del Gobierno, las respuestas del planeta no se hicieron esperar.

El festejo de las urnas vacías

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Otro sufragio inservible más para la memoria. Esta vez tuvo una suerte de luto colectivo. Calles desérticas, como de algún trasnocho decembrino. Fue la oportunidad para el pueblo venezolano, de compartir con la familia en los hogares y el hacerse el desentendido con unas elecciones presidenciales que despertó más interés en el exterior, que en un país cansado de los mismos resultados falseados.

El descaro de “¡Vamos Nico!”

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Esta semana me escribió mi hermano vía WhatsApp, con un asombro desmesurado. Había descargado uno de esos juegos simplones y desabridos que abundan para celulares Android. Pero cuando me comentó de qué se trataba, me abrazó una impertinente conmoción de que el régimen debe de quedar exhausto, al no escatimar detalles hasta en las estupideces más detestables.

La desunión de un organismo inservible

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Existen mancomunidades e instituciones internacionales que tienen la mala idea de no servir para nada. No hacen falta ingenios superdotados para comprender que por variados intereses, pueden crearse organismos con la estampa detestable de sólo ser útiles, cuando se requiere de un apoyo para hacer daño a uno u otro bando, sin lograr apaciguar los problemas trascendentales.

Un país insólito y desentonado

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Por más que estas errantes modas sonoras, desentonen sus mensajes o carguen de estruendo las radios, con extraños compases, retumbos estridentes o sonidos imprecisos, no podemos prescindir de la música.

Un gran ejecutante de algún instrumento puede por sí sólo, ser capaz de llevar sensaciones impredecibles o fraternizar con algo celestial que sobrepasa la reflexión más aguda. Así como una canción de actualidad logra erigirse como un emblema imborrable con el tiempo, con momentos instantáneos de la vida, llevando un baúl de recuerdos que hace saltar lágrimas a través de los años.

Negreo de capitales

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Cuando leí el titular de la noticia -mostrada al mundo con el escándalo y el estruendo de lo inconcebible-, tuve la detestable sensación de saber el hecho de antemano: “El gobierno de Panamá acusó a 55 altos funcionarios venezolanos de blanqueo de Capitales”. Ojalá hubiese sido un mal comercial de algún detergente engañoso, con sus propiedades mágicas de blanquearlo todo. Pero era otra realidad tan simple como embarazosa para cualquier nación.

El valor de una vida en la carencia nacional

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Álvaro nunca pensó que podría sucederle. Sabía sí, que su alimentación y la de su familia, no era ni la más adecuada ni la más suculenta. ¡Pero un infarto en sus cuarenta y con tantos dilemas por resolver! El percance le ocurrió justo cuando su maleta se hallaba atiborrada de planes.

No puede borrar sus preámbulos y definiciones por una enfermedad. Sus metas están bordadas con el hilo fino del sacrificio. No puede darse el lujo ahora de seguir husmeando en la mugre del desconcierto.

Los dioses deben estar locos

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Recuerdo casi con una sonrisa comprimida, cuando en esos años ochenta de mis anhelos infantiles, pasaban repetidamente en la televisión, una película tan tonta como entretenida. Se llamaba “Los dioses deben estar locos”, cuyo título hacía honor más a un embrollo trastornado por una botella de refresco caída desde un avión en una recóndita tribu africana, que al hecho de jugársela con una trama compleja de mistificaciones.

Cuando la esperanza tiene tres colores

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Siempre he considerado que Venezuela es un país irremplazable. Creo que en aquellos años remotos de bolsillos repletos de refugios y de encantos económicos infinitos, todo turista que pisaba su tierra sentía una rara percepción de ver que el venezolano inventaba e improvisaba su propia historia a diario, con los acicates de una sonrisa de bienvenida.

Ustedes sin duda están peor

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La fila ya era algo larga en el Registro Civil de la comuna de Nuñoa en Santiago de Chile. José tenía pensamientos dispersos ante tantas experiencias en sólo seis meses en el país austral. Por fin obtendría su carnet de identidad que le permitiría eslabonar más oportunidades y ampliar ese camino tantas veces planificado. Había abandonado los percances más rigurosos en su amada Venezuela, a pesar que las añoranzas y costumbres pasadas, lo abrumaban en sus desvelos recurrentes.

Rechazo hemisférico

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La intransigencia de un gobernante puede llegar a límites irredimibles. Los empecinamientos del poder dan mucho más que cambiar constantemente de lugar las apariencias y efectuarle retoques cosméticos a un discurso de poco calibre.

El régimen venezolano sigue su andanada de argumentos herméticos. Su teatro de lo posible. Trata constantemente de camuflarse de legalidad, con sus instituciones artificiales y su pantomima de contar con sentido común.

Ocho columnas para la aflicción

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Uno de los puntos coincidentes entre mis amigos de pláticas esenciales y diatribas interminables es que en Venezuela las noticias se viven en mayúsculas. La conmoción se regala a diario en las páginas apretadas de los pocos diarios que todavía circulan, mientras las redes sociales en muchas ocasiones, se vuelven un revoltijo de incoherencias emocionales.

Como en una máquina del tiempo

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Muchos científicos afirman que el pasado no existe. Lo dicen con una convicción irrevocable, que deja en entredicho hasta los álbumes de fotos y las esquelas amatorias de aquellos años de noviazgos primerizos. Que es un invento del hombre para sus evocaciones divertidas y sus nostalgias irredimibles.

También se asegura que el futuro sufre la misma suerte, pues no puede existir algo que no ha llegado. Sólo el presente se salva de este proceso de evaporación analítica y de tantos postulados que tratan de develar las verdades para nuestro propio desconcierto.

No abandonar el poder

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Es un hombre más que macizo. Tiene una voz frágil, socavada por una actuación impuesta. El guión es el mismo. Riguroso, abigarrado de exclamaciones impertinentes e imperando emociones tramposas que ni su entorno directo cree. Exuda incertidumbre. Se topa con pensamientos inservibles, los vocifera y le da vuelta a la contradicción, como argumento para la confusión.

Una masacre más en la historia

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Cuando hizo ese video apresurado, se escuchaba el eco de las detonaciones. Oscar Pérez, con su rostro velado por una herida sangrante y su voz entrecortada, sabía que lo iban a matar. Las imágenes fueron explícitas y no había ni forma ni medida para evitar la acción sanguinaria, decretada con los augurios habituales del régimen.

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