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José Luis Zambrano P.'s blog

El festejo de las urnas vacías

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Otro sufragio inservible más para la memoria. Esta vez tuvo una suerte de luto colectivo. Calles desérticas, como de algún trasnocho decembrino. Fue la oportunidad para el pueblo venezolano, de compartir con la familia en los hogares y el hacerse el desentendido con unas elecciones presidenciales que despertó más interés en el exterior, que en un país cansado de los mismos resultados falseados.

El descaro de “¡Vamos Nico!”

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Esta semana me escribió mi hermano vía WhatsApp, con un asombro desmesurado. Había descargado uno de esos juegos simplones y desabridos que abundan para celulares Android. Pero cuando me comentó de qué se trataba, me abrazó una impertinente conmoción de que el régimen debe de quedar exhausto, al no escatimar detalles hasta en las estupideces más detestables.

La desunión de un organismo inservible

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Existen mancomunidades e instituciones internacionales que tienen la mala idea de no servir para nada. No hacen falta ingenios superdotados para comprender que por variados intereses, pueden crearse organismos con la estampa detestable de sólo ser útiles, cuando se requiere de un apoyo para hacer daño a uno u otro bando, sin lograr apaciguar los problemas trascendentales.

Un país insólito y desentonado

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Por más que estas errantes modas sonoras, desentonen sus mensajes o carguen de estruendo las radios, con extraños compases, retumbos estridentes o sonidos imprecisos, no podemos prescindir de la música.

Un gran ejecutante de algún instrumento puede por sí sólo, ser capaz de llevar sensaciones impredecibles o fraternizar con algo celestial que sobrepasa la reflexión más aguda. Así como una canción de actualidad logra erigirse como un emblema imborrable con el tiempo, con momentos instantáneos de la vida, llevando un baúl de recuerdos que hace saltar lágrimas a través de los años.

Negreo de capitales

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Cuando leí el titular de la noticia -mostrada al mundo con el escándalo y el estruendo de lo inconcebible-, tuve la detestable sensación de saber el hecho de antemano: “El gobierno de Panamá acusó a 55 altos funcionarios venezolanos de blanqueo de Capitales”. Ojalá hubiese sido un mal comercial de algún detergente engañoso, con sus propiedades mágicas de blanquearlo todo. Pero era otra realidad tan simple como embarazosa para cualquier nación.

El valor de una vida en la carencia nacional

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Álvaro nunca pensó que podría sucederle. Sabía sí, que su alimentación y la de su familia, no era ni la más adecuada ni la más suculenta. ¡Pero un infarto en sus cuarenta y con tantos dilemas por resolver! El percance le ocurrió justo cuando su maleta se hallaba atiborrada de planes.

No puede borrar sus preámbulos y definiciones por una enfermedad. Sus metas están bordadas con el hilo fino del sacrificio. No puede darse el lujo ahora de seguir husmeando en la mugre del desconcierto.

Los dioses deben estar locos

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Recuerdo casi con una sonrisa comprimida, cuando en esos años ochenta de mis anhelos infantiles, pasaban repetidamente en la televisión, una película tan tonta como entretenida. Se llamaba “Los dioses deben estar locos”, cuyo título hacía honor más a un embrollo trastornado por una botella de refresco caída desde un avión en una recóndita tribu africana, que al hecho de jugársela con una trama compleja de mistificaciones.

Cuando la esperanza tiene tres colores

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Siempre he considerado que Venezuela es un país irremplazable. Creo que en aquellos años remotos de bolsillos repletos de refugios y de encantos económicos infinitos, todo turista que pisaba su tierra sentía una rara percepción de ver que el venezolano inventaba e improvisaba su propia historia a diario, con los acicates de una sonrisa de bienvenida.

Ustedes sin duda están peor

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La fila ya era algo larga en el Registro Civil de la comuna de Nuñoa en Santiago de Chile. José tenía pensamientos dispersos ante tantas experiencias en sólo seis meses en el país austral. Por fin obtendría su carnet de identidad que le permitiría eslabonar más oportunidades y ampliar ese camino tantas veces planificado. Había abandonado los percances más rigurosos en su amada Venezuela, a pesar que las añoranzas y costumbres pasadas, lo abrumaban en sus desvelos recurrentes.

Rechazo hemisférico

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La intransigencia de un gobernante puede llegar a límites irredimibles. Los empecinamientos del poder dan mucho más que cambiar constantemente de lugar las apariencias y efectuarle retoques cosméticos a un discurso de poco calibre.

El régimen venezolano sigue su andanada de argumentos herméticos. Su teatro de lo posible. Trata constantemente de camuflarse de legalidad, con sus instituciones artificiales y su pantomima de contar con sentido común.

Ocho columnas para la aflicción

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Uno de los puntos coincidentes entre mis amigos de pláticas esenciales y diatribas interminables es que en Venezuela las noticias se viven en mayúsculas. La conmoción se regala a diario en las páginas apretadas de los pocos diarios que todavía circulan, mientras las redes sociales en muchas ocasiones, se vuelven un revoltijo de incoherencias emocionales.

Como en una máquina del tiempo

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Muchos científicos afirman que el pasado no existe. Lo dicen con una convicción irrevocable, que deja en entredicho hasta los álbumes de fotos y las esquelas amatorias de aquellos años de noviazgos primerizos. Que es un invento del hombre para sus evocaciones divertidas y sus nostalgias irredimibles.

También se asegura que el futuro sufre la misma suerte, pues no puede existir algo que no ha llegado. Sólo el presente se salva de este proceso de evaporación analítica y de tantos postulados que tratan de develar las verdades para nuestro propio desconcierto.

No abandonar el poder

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Es un hombre más que macizo. Tiene una voz frágil, socavada por una actuación impuesta. El guión es el mismo. Riguroso, abigarrado de exclamaciones impertinentes e imperando emociones tramposas que ni su entorno directo cree. Exuda incertidumbre. Se topa con pensamientos inservibles, los vocifera y le da vuelta a la contradicción, como argumento para la confusión.

Una masacre más en la historia

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Cuando hizo ese video apresurado, se escuchaba el eco de las detonaciones. Oscar Pérez, con su rostro velado por una herida sangrante y su voz entrecortada, sabía que lo iban a matar. Las imágenes fueron explícitas y no había ni forma ni medida para evitar la acción sanguinaria, decretada con los augurios habituales del régimen.

Tragando agua a lo cubano

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Una ráfaga de viento movió la paupérrima embarcación, como un cataclismo desconcertante, ineludible y repentino, entre oleajes de infortunios y un destino indescifrable. Un sol devastador parece chamuscar los rostros de 30 pasajeros turbados por su propio riesgo, quienes tratan de digerir su aventura de sobrevivencia.

El agua salada sobrepasa la lancha, que apenas logra sortear los vericuetos marinos. Cuántas gdudas pesan sobre sus cabezas para tomar la decisión de asumir un viaje de tanta incertidumbre.

Quiero inaugurar una nación valerosa

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Quiero que el mapa nacional se trastoque con los colores diversos del atrevimiento y el coraje. No deseo más rostros sombríos por el desencanto, pálidos por las sorpresas de los malandrines del poder, sino se cuente con una bocanada decidida para resolver esa encrucijada diaria que ya no escatima en malignidad y actuar con un plan sin reservas.

Quiero ver estómagos resueltos, con un presupuesto amplio para los gustos, adquiriendo en la diversidad de los anaqueles de la bonanza, todo lo que pueda caber en los carritos del supermercado.

Se va un año de espanto

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Desearle feliz y próspero año nuevo a un venezolano tiene más atisbo de ironía que de buenas intenciones. Después de tratar de zurcir los meses para no caer en la derrota estrepitosa del desaliento, sólo queda la sensación irreparable de haber emprendido un esfuerzo tan cruel y riguroso, en una nación carente del total sentido de la razón, que un brindis por el futuro se antoja como una bofetada burlesca.

La fe tiene un secreto impostergable

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Cuando llega la Navidad, parece que la vida se cambiara de vestimenta y nos devolviera un poco de aliento para sonreír en la mesa familiar. Es un juego alucinante, alfombrado de nubes de esperanza. Es un distintivo atornillado a la perfección en la costumbre del venezolano, que se hace de la vista gorda frente a los problemas, para celebrar la Nochebuena y cambiarle la hoja a un calendario amarillento de dificultades diarias.

La fe tiene un secreto impostergable

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Cuando llega la Navidad, parece que la vida se cambiara de vestimenta y nos devolviera un poco de aliento para sonreír en la mesa familiar. Es un juego alucinante, alfombrado de nubes de esperanza. Es un distintivo atornillado a la perfección en la costumbre del venezolano, que se hace de la vista gorda frente a los problemas, para celebrar la Nochebuena y cambiarle la hoja a un calendario amarillento de dificultades diarias.

Un plato inmolado en Navidad

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No imagino una realidad más cruel, detestable y patética que un plato navideño deshabitado de lo tradicional y lo congruente con las fechas. Pero tristemente, no quedan ni siquiera filamentos en la memoria de los años de suculentos manjares, sobre una mesa atiborrada de antojos de la cocina venezolana.

Este año va mucho más lejos, que sustraerle algún exceso a los brindis o que se haga en falta algún insumo cotidiano. Simplemente, no existe un bolsillo familiar que sostenga esta rutina festiva, con un presupuesto pulverizado para la época decembrina.

¿Dónde escondieron mi país entrañable?

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Se perdió mi país. Lo busqué debajo de la almohada, entre los sueños entrañables y los recuerdos nostálgicos. Pero sólo había despojos de una reminiscencia. Un suspiro extraviado en una lágrima. Un luto agrio por la pérdida.

Hallé un pedazo de él, agónico en un libro de historia, sucumbiendo por el abandono; derruido, trastornado y comprimido entre las páginas revueltas y marchitas de los malos tiempos. Le habían borrado sus hitos y privilegios. Le habían mancillado sus proezas del pasado. Estaban embalsamadas sus buenas virtudes y desparramadas sus bonanzas.

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