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¿Dónde estará el detestable personaje?

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Recuerdo aquel juego ingenuo que algunos periódicos hicieron suyo. Era de localizar a un individuo con vestimenta a rayas, espejuelos grandes y un sombrerillo de tela. La trama era medio perversa para la capacidad visual. Todo consistía en hallar al personaje en una maraña aterradora de elementos. Lo circundaba un sinnúmero de acompañantes. Se podía estar minutos interminables para poder localizar al pequeño ser entre una vasta cantidad de cosas. Muchos podrían darse por vencidos.

Dime quiénes son tus socios y te diré cómo caerás

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Saltamos del asiento cuando nos hablan de diálogo y elecciones. Como si nos cayese una bomba de hidrógeno. Un insulto casi a nuestra propia dignidad y a aquellos esfuerzos interminables del pasado por seguir soñando. Para esos temas no existen más iniciativas. Vacías pretensiones para mantenernos en ascuas. Ya son cuentos triturados y el resultado previsible.

La libertad no es una cúspide tan elevada

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En Venezuela se lucha contra dos sentimientos atroces. El primero es una sensación tangible de tristeza. Saber que mañana será peor que ayer. Que las fechas pasan como espanto sin rumbo, así como la ineficiencia y el caos son irreductibles. Una pesadez instantánea, voraz y ruda. Abruma una incapacidad para entender los sinsentidos. En qué momento nos cambiaron la combinación mágica de la sonrisa citadina, para generar una nación asolada, turbia y gris; tan irreconocible.

El último intento en Cabo Verde

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Se han buscado a Baltazar Garzón. Existe un impulso al chantaje desmedido. El dinero no es impedimento. Alguien tiene que ceder. El riesgo es inmenso y puede correr mucha sangre. Están desaforados y el tiempo se achica. El Gobierno de Cabo Verde aprobó la extradición. Lo demás queda en la diafanidad de la justicia del archipiélago.

Una tos que abruma a Miraflores

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Venezuela vive el sentimiento de naufragio que genera el coronavirus. Se percibe como si fuese la primera vez. Quizá nunca se entendió como tal. Siempre se consideró como una excusa detestable para mantenernos encerrados. Un claustro impuesto para ocultar las carencias. Pero está enfermedad es verdadera y duelen sus estragos.

Una cacería de brujas sin magia

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La apoteosis del poder ya no les permite pensar. Imprimen ráfagas de brutalidad. Imponen con solemnidad, sus caprichos desordenados. Se inventan los miembros de las instituciones y las reglas. Poco les importa que el planeta sepa -con asombro interminable-, que manejan una dictadura inhumana, con teatro democrático. Así funciona el mecanismo. Lo ha hecho Cuba por años. Le ha servido a la usurpación en dos décadas. Pero esta vez los continentes abrieron los ojos y lanzaron al cesto de basura esa venda ingenua.

Lo sorprendente del santuario del mal

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En estos últimos años se han cambiado los conceptos de lo inimaginable. Hemos vivido un viaje extremo a lo inaudito, compungidos por el terror, la desolación y la miseria. Hasta se ha perdido la capacidad del desconcierto. Todo es posible y punto. Se puede estar peor y la vida rudimentaria se ha vuelto costumbre. Lo normal en otras naciones, en Venezuela es el privilegio de unos pocos.

La difícil tarea de creer en el mañana

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A veces me invento frases de aliento para no perder el ánimo. Como “el dormir es un compromiso y el soñar una necesidad”. Estamos obligados a cerrar los ojos por ocho horas diarias para subsistir. Pero andar con una meta que parece fantástica, resulta la verdadera razón para luchar y creer en que todo puede cambiar para mejor.

Un testaferro para develar los secretos

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Seguir las reglas del librillo ha sido infalible. Se sabe que habrá muchos enardecidos. A la gran mayoría la confusión solo les hará emitir la queja acostumbrada. Por eso se actúa sin piedad. Con una normalidad pasmosa. No se requiere darle vueltas a un dictamen roto. Simplemente funciona. No necesita explicaciones al uso.

El teatro absurdo del combustible

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Resulta notable cómo saben fabricar el caos sobre medida y no les importar las consecuencias. Edifican el problema desde lo recóndito, lo amplían, le dan soluciones extrañas y luego van midiendo los efectos como una prueba de bomba nuclear. La fórmula ha sido útil en 20 años. Poco quiebra el sistema. Las bolladuras son las esperadas. Les ha funcionado con maligna maestría, mientras nos contorneamos para resolver el enigma.

Una pandemia con buques iraníes

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El último escollo es Irán. La última balaustrada por quebrar. El país que trata con sus esquemas rebeldes de buscarle sostén al régimen. Esta encomienda por liberar a Venezuela debe contar con un buen estómago para estos fanáticos de la miseria. China y Rusia se quitan poco a poco los guantes, aunque sigan en la esquina roja del cuadrilátero. La batalla sigue ahí, con sus combatientes en línea.

Gedeón y la inexistencia del ejército gringo

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La aclaratoria resulta bastante lógica. No se avistaron marines robustos o batallones interminables en las costas. No fue una invasión, ataque esquemático ni mucho menos un plan refinado a la usanza de las mejores películas de guerra. Ese complot mascullado entre dientes y que ha sido introducido como un informe de estado, no es creíble tal cual y el cuento tampoco se lo ha tragado la comunidad internacional.

Un menú de precios y un engaño más en la mesa

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Afirmar que en Venezuela nada tiene sentido, resulta una sentencia inevitable. Desde hace mucho sabemos que nuestra realidad ha perdido lógica y humanismo. Ni para Hollywood podría servir de argumento, que las decisiones del régimen -todas para un supuesto beneficio del colectivo-, terminen siendo la esquela de la propia tumba que genera el hambre.

Venezuela no es Vietnam

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El incrédulo siempre desea verle el truco a cada situación. Quizá le asalté preguntas honestas sobre la realidad o le agote que siempre terminen tronando las posibilidades. Teme observar el penoso desenlace de siempre. Que se cierre la ventanilla por donde entraba el sueño enfebrecido. Quedar exhausto de la tragicomedia y no suceda nada. Como el matemático experto que se sabe el resultado al dedillo.

Nico no puede salir de casa

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Debe tener el alma en un hilo, pues en este instante no es fácil estar en sus zapatos. Sobra quien atestigüe sobre su pérdida de la compostura. Se haya al garete con sus temores. La presión creada ha sido más de la esperada. Pensó que la excusa del coronavirus le haría ganar tiempo, pero solo ha permitido demostrar la carencia de combustible en el país. Pero es un estilo repetido el crear el caos para después sosegarle un poco.

Relato de un posible contagiado

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No debo toser. Lo tengo prohibido. Todos me miran y están pendientes si de mi sale una ráfaga de quebrantos. Mi garganta se quema. Dolor insufrible. No me he sentido bien. Ya no sé si tengo calentura o solo lo imagino. ¿Será que sí está en mí? Terror irresistible. Pavor por ser uno más en la cuenta. No he sido irresponsable. Me cuido desde el primer día que inició esta alerta. Encerrado como un preso del mil pecados. Parezco un superhéroe enmascarado.

Se avistan buques y soluciones en la costa

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Hoy lo declaro casi como un vaticinio entrañable. Presiento los últimos días del régimen. Sus escaramuzas se debilitan y sus defensores parecen esfumarse. Ser buscados por la justicia norteamericana ya se convierte en una intrincada combinación de contrariedades. Son una panda de insidiosos amortajados en sus propias fechorías. No saben cómo plantarle cara a este aluvión de decisiones que, desde el exterior y con las leyes puestas al servicio de una meta, parecen complicarles todo.

El cartel de “Se busca” por un cartel

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El anuncio me recordó al viejo oeste. Esos letreros encantados, con el boceto de un facineroso barbudo y de mal talante, pegados a una pared. Debajo, un enorme remoquete de “Se busca” y un monto cuantioso de recompensa. Cuando escuché los cargos y las cifras enormes por las capturas, sentí un estremecimiento de alegría y unas ganas enormes por una fiesta jubilosa de cantina.

El extraño poder de un virus

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Es imposible evitar una catástrofe de magnitudes insospechadas. Es fácil que un país completo salga salpicado y hasta hundido por un ser microscópico. Nadie está preparado, por más que la infraestructura bélica esté fortificada. No hay batallón reflexivo para estos pormenores. Un dilema más que enrevesado. Tumba las razones elementales y regala una novedad casi siniestra. La humanidad pende de un hilo por algo insignificante.

Un virus que reina con su propia corona

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El meme no era nada divertido. Tal vez en otro momento, con refugios reales y una mentalidad distinta. Pero no hay por dónde escapar. Salía la imagen del usurpador, asegurando que estaban preparados para el coronavirus, pues construían más de 200 cementerios. Tal vez fuese chinesco en otras circunstancias. Pero esta no es una travesura sanitaria. Sucedió uno de mis mayores temores. Llegó la enfermedad a Venezuela, con su equipaje inalterable y sus estragos seguros.

La historia de un blanco fallido

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Lo tenía en frente. En la mira perfecta para accionar el percutor. Había como dos mil personas y las banderas ondeaban con frenesí. No sabía si tomar precauciones elementales o dejarse llevar por las circunstancias perfectas. En su fuero interno no cabían los escrúpulos. Quizá un poco de estupor. No era un blanco móvil ni mucho menos. A primer golpe de vista, solo se requeriría de una bala. Un plomazo irreparable. Podría ser un héroe para algunos, pero un villano para el mundo. Es una sensación comprensible por lo que está en riesgo.

Ahora le tocó a Rusia

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Muchos se preguntan a diario si sirven de algo las sucesivas sanciones impuestas a los allegados al régimen. Si existe un propósito nítido para resolver el conflicto que tanto nos atañe. Aunque en la lucha todo es factible, hierve una necesidad angustiosa por darle caza a los culpables y acabar de tajo con el dolor extremo de nuestra nación.

Imponer este tipo de bloqueo consensuado tiene un sentido práctico y verdadero. Es cierto que en Cuba no ha servido para nada, pero también resulta evidente el despropósito para acomodar a una isla paralizada en el tiempo.

Un encuentro decisivo para definir el rumbo

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Los aplausos atiborraron el hemiciclo del parlamento norteamericano. Todos por unos segundos eran adeptos de las mismas consignas. Republicanos y Demócratas parecían estar de acuerdos en un solo punto. Sentían una irresistible necesidad de normalidad hemisférica. Un fervor por lograr hacer realidad las esperanzas de los tenaces. Sí, se sintió apoteósico y real. No hubo brumas de dudas sobre ese momento.

El dictador en su laberinto sin pretextos

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Resulta fácil observarle los retorcijones al aparato digestivo de la política. Sucede cuando la mentira ha extraviado el dote para engatusar y los gobernantes pierden aliados de forma estrepitosa. Es en ese momento cuando se reconocen las falencias sin espejuelos galácticos. Cuando se esfuma la compostura sin ton ni son y se dice lo indecible.

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