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José Luis Zambrano P.'s blog

Una pandemia con buques iraníes

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El último escollo es Irán. La última balaustrada por quebrar. El país que trata con sus esquemas rebeldes de buscarle sostén al régimen. Esta encomienda por liberar a Venezuela debe contar con un buen estómago para estos fanáticos de la miseria. China y Rusia se quitan poco a poco los guantes, aunque sigan en la esquina roja del cuadrilátero. La batalla sigue ahí, con sus combatientes en línea.

Gedeón y la inexistencia del ejército gringo

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La aclaratoria resulta bastante lógica. No se avistaron marines robustos o batallones interminables en las costas. No fue una invasión, ataque esquemático ni mucho menos un plan refinado a la usanza de las mejores películas de guerra. Ese complot mascullado entre dientes y que ha sido introducido como un informe de estado, no es creíble tal cual y el cuento tampoco se lo ha tragado la comunidad internacional.

Un menú de precios y un engaño más en la mesa

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Afirmar que en Venezuela nada tiene sentido, resulta una sentencia inevitable. Desde hace mucho sabemos que nuestra realidad ha perdido lógica y humanismo. Ni para Hollywood podría servir de argumento, que las decisiones del régimen -todas para un supuesto beneficio del colectivo-, terminen siendo la esquela de la propia tumba que genera el hambre.

Venezuela no es Vietnam

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El incrédulo siempre desea verle el truco a cada situación. Quizá le asalté preguntas honestas sobre la realidad o le agote que siempre terminen tronando las posibilidades. Teme observar el penoso desenlace de siempre. Que se cierre la ventanilla por donde entraba el sueño enfebrecido. Quedar exhausto de la tragicomedia y no suceda nada. Como el matemático experto que se sabe el resultado al dedillo.

Nico no puede salir de casa

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Debe tener el alma en un hilo, pues en este instante no es fácil estar en sus zapatos. Sobra quien atestigüe sobre su pérdida de la compostura. Se haya al garete con sus temores. La presión creada ha sido más de la esperada. Pensó que la excusa del coronavirus le haría ganar tiempo, pero solo ha permitido demostrar la carencia de combustible en el país. Pero es un estilo repetido el crear el caos para después sosegarle un poco.

Relato de un posible contagiado

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No debo toser. Lo tengo prohibido. Todos me miran y están pendientes si de mi sale una ráfaga de quebrantos. Mi garganta se quema. Dolor insufrible. No me he sentido bien. Ya no sé si tengo calentura o solo lo imagino. ¿Será que sí está en mí? Terror irresistible. Pavor por ser uno más en la cuenta. No he sido irresponsable. Me cuido desde el primer día que inició esta alerta. Encerrado como un preso del mil pecados. Parezco un superhéroe enmascarado.

Se avistan buques y soluciones en la costa

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Hoy lo declaro casi como un vaticinio entrañable. Presiento los últimos días del régimen. Sus escaramuzas se debilitan y sus defensores parecen esfumarse. Ser buscados por la justicia norteamericana ya se convierte en una intrincada combinación de contrariedades. Son una panda de insidiosos amortajados en sus propias fechorías. No saben cómo plantarle cara a este aluvión de decisiones que, desde el exterior y con las leyes puestas al servicio de una meta, parecen complicarles todo.

El cartel de “Se busca” por un cartel

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El anuncio me recordó al viejo oeste. Esos letreros encantados, con el boceto de un facineroso barbudo y de mal talante, pegados a una pared. Debajo, un enorme remoquete de “Se busca” y un monto cuantioso de recompensa. Cuando escuché los cargos y las cifras enormes por las capturas, sentí un estremecimiento de alegría y unas ganas enormes por una fiesta jubilosa de cantina.

El extraño poder de un virus

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Es imposible evitar una catástrofe de magnitudes insospechadas. Es fácil que un país completo salga salpicado y hasta hundido por un ser microscópico. Nadie está preparado, por más que la infraestructura bélica esté fortificada. No hay batallón reflexivo para estos pormenores. Un dilema más que enrevesado. Tumba las razones elementales y regala una novedad casi siniestra. La humanidad pende de un hilo por algo insignificante.

Un virus que reina con su propia corona

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El meme no era nada divertido. Tal vez en otro momento, con refugios reales y una mentalidad distinta. Pero no hay por dónde escapar. Salía la imagen del usurpador, asegurando que estaban preparados para el coronavirus, pues construían más de 200 cementerios. Tal vez fuese chinesco en otras circunstancias. Pero esta no es una travesura sanitaria. Sucedió uno de mis mayores temores. Llegó la enfermedad a Venezuela, con su equipaje inalterable y sus estragos seguros.

La historia de un blanco fallido

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Lo tenía en frente. En la mira perfecta para accionar el percutor. Había como dos mil personas y las banderas ondeaban con frenesí. No sabía si tomar precauciones elementales o dejarse llevar por las circunstancias perfectas. En su fuero interno no cabían los escrúpulos. Quizá un poco de estupor. No era un blanco móvil ni mucho menos. A primer golpe de vista, solo se requeriría de una bala. Un plomazo irreparable. Podría ser un héroe para algunos, pero un villano para el mundo. Es una sensación comprensible por lo que está en riesgo.

Ahora le tocó a Rusia

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Muchos se preguntan a diario si sirven de algo las sucesivas sanciones impuestas a los allegados al régimen. Si existe un propósito nítido para resolver el conflicto que tanto nos atañe. Aunque en la lucha todo es factible, hierve una necesidad angustiosa por darle caza a los culpables y acabar de tajo con el dolor extremo de nuestra nación.

Imponer este tipo de bloqueo consensuado tiene un sentido práctico y verdadero. Es cierto que en Cuba no ha servido para nada, pero también resulta evidente el despropósito para acomodar a una isla paralizada en el tiempo.

Un encuentro decisivo para definir el rumbo

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Los aplausos atiborraron el hemiciclo del parlamento norteamericano. Todos por unos segundos eran adeptos de las mismas consignas. Republicanos y Demócratas parecían estar de acuerdos en un solo punto. Sentían una irresistible necesidad de normalidad hemisférica. Un fervor por lograr hacer realidad las esperanzas de los tenaces. Sí, se sintió apoteósico y real. No hubo brumas de dudas sobre ese momento.

El dictador en su laberinto sin pretextos

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Resulta fácil observarle los retorcijones al aparato digestivo de la política. Sucede cuando la mentira ha extraviado el dote para engatusar y los gobernantes pierden aliados de forma estrepitosa. Es en ese momento cuando se reconocen las falencias sin espejuelos galácticos. Cuando se esfuma la compostura sin ton ni son y se dice lo indecible.

El viajero de las mil cruzadas

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Su periplo ha sido impresionante. Asumió el riesgo de la aventura y de su misión ya impostergable. Gracias a tal determinación, levantó una polvareda de buenos comentarios. Ha sido atinado y medido con sabiduría. Este recorrido parece pensado con refinamiento técnico y con la claridad de no quedar mucho tiempo para lograr los planes de rescatar a la nación de la tristeza.

Con las ansias de ver noticias verdaderas

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Cuando anunció la decisión, lo hizo sin una sola pausa. Se esmeró por hacernos entender las razones justas de esta nueva propuesta. Parecía inescrutable. Quizá incompresible.

Al principio no se valió de algún argumento invencible para precisarnos sobre esta ocurrencia medio descabellada. Parecía una versión corriente de una broma de mal gusto. No fue un decretó magnífico, que nos hubiese levantado de algún mullido asiento, para aclamar a grandes voces por un veredicto que cambiaría las direcciones de la misión.

Comenzamos bien un año convulsivo

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Es común que nos lleguen las dudas a raudales. Son tiempos de guerra y de no andar en franela frente a cualquier bombardeo. Por eso siempre he pensado que existe un plan, en el amplio escaparate donde resguardan los destinos. Así como existe precaución de no revelar la estrategia verdadera que puede eliminarle las congojas a los venezolanos.

Un peligro de guerra que nos involucra

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Inició el año con el resonar de tambores de guerra. Los Estados Unidos no se lo pensó mucho para enviar a su dron inteligente y exterminar, como blanco preciso, al general Qasem Soleimani. Lo hicieron en el aeropuerto Bagdad. Ese aparato volador, que en estos tiempos lo usa hasta el ciudadano común y que llegó sin ser visto por el blindaje defensivo, tiene al planeta entero con la convicción de estar cercanos a una confrontación bélica de enormes magnitudes.

Una Navidad inmensa en nosotros

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De niño estaba convencido que la estrella de Belén existía y trazaba el recorrido glorioso hacia el pesebre. Que emprendía su operación valerosa de posarse y recibir la luz de Jesús. Por eso era tan brillante. Ese niño incandescente le llenaba de energía para cumplir con su misión de iluminar derredor y más allá. Tamaña proeza. Ya no habría reyes magos confundidos, sin brújulas para la época, pero con una guía sincera en el Cielo.

Tiempos para renovar la fe en la libertad

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A veces tengo la sensación de que poseemos una visión distorsionada de la realidad, a tal modo, que experimentamos una especie de mutación psicológica. Una impresión turbia que ahora es absurdo ser feliz. Que todos son nuestros enemigos y, quienes tiene el derecho de resolver los enredos, nos lanzan soporíferos discursivos para calmar nuestras angustias difíciles de amainar.

El apremio por el último tren

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No es fácil estar metido hasta el cuello en una responsabilidad complicada y no arriesgar hasta el pellejo. Por eso he considerado desde el inicio, que Juan Guaidó debe remar contra marea, solventar con un fervor imponente las trastadas de los demás y contar con unas ganas inmensas de libertad, para no desfallecer en su gesta.

Debe estar durmiendo a saltos. No hay rellano suficiente donde reposar. Pueden sobrarle traidores entre sus cercanos. Es normal el desatino en el camino. Las piedras resbalan en los zapatos y todos los días solventa un tropel de ataques.

Seguimos en la sala de espera

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Hay un aire confuso. Se extiende a naciones y a personajes que viven el incidente en pleno combate. Hay esquirlas y cicatrices por el bombardeo emocional que cayó como una granizada turbulenta. Día tras día se vive un episodio nuevo y corren las versiones con un ahínco demoledor. Quienquiera obviar la realidad, resulta sorprendido en la esquina con una casual ráfaga de noticias impropias.

Con las mismas maniobras para la destrucción

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Sabíamos que Colombia viviría idénticos estragos. El guión estaba elaborado con exactitud y lo han puesto en práctica. La partitura orquestada para dar en las zonas sensibles nunca falla, pues se sabe cómo poner el caldero a hervir en el clamor popular.

Fueron 14 las estaciones de Transmilenio vandalizadas el primer día en Bogotá. Similares a las 21 del metro en Santiago. La misma indigestión emocional y las mismas excusas de los revoltosos. Fraguan la contienda con esmero, aprietan en la llaga de la inconformidad del pueblo y lo lanzan al barranco del desorden social.

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