La voz del pueblo es la voz de dios

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Mi mamá siempre me decía que el único marido de una mujer es su trabajo porque es el que te va a mantener toda la vida. Un mensaje sencillo que transmitía que debes serle fiel, atenderlo con compromiso hasta el final y no sacar los ojos de la meta que sería tu jubilación; aspiración de cualquier persona común que viva de su profesión. Mirándolo así, realmente me enamoré de mi "marido" y dedicarme a él no era ningún sacrificio, sino mi plenitud de vida y la esencia para lo cual me formé en la Universidad como Trabajadora Social: servirle al pueblo.