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Fernando Egaña's blog

Contradicciones

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La lucha política, en un sistema democrático, no puede ser en blanco o negro. Sin matices. Sin espacios, incluso muy amplios, para el diálogo y la posibilidad de consensos. Pero bajo el control de una hegemonía todo ello cambia de raíz. Y subestimar la situación es un craso error, como los venezolanos podemos dar plena constancia. Creer que lo aplica en un caso aplica en otro es una falta de criterio que puede conllevar a consecuencias nefastas.

¿Y quién defiende al pueblo venezolano?

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La hegemonía roja y sus satélites de variado color pueden ser señalados con justicia de innumerables cosas. Pero entre estas no podría figurar jamás el defender al pueblo venezolano.

Al contrario. El ataque continuado y despiadado al pueblo venezolano, por parte de la hegemonía roja y sus satélites de variado color, es tan notorio que el valor del salario mínimo mensual es inferior a 1 dólar -era de 184 dólares a cambio libre cuando el predecesor de Maduro empezó su primer “gobierno” a comienzos de 1999-.

Luchar o rendirse

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Cooperar con el continuismo de la hegemonía – acudiendo a unas votaciones fraudulentas de raíz lo que permitiría al oficialismo alardear de que ha sido "legitimado institucionalmente" – equivale a rendirse. Y lo que es peor, a rendirse con el pretexto de que se lucha a través de la participación electoral. Se le podrán dar muchas vueltas al tema, no faltarán los exégetas que redactaran pronunciamientos enjundiosos.

Tratar de entender

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No me refiero a la naturaleza y disposición del régimen que sojuzga a Venezuela. Tratar de entenderlo no es difícil: una hegemonía despótica, depredadora, corrupta y estrechamente imbricada con la delincuencia organizada, cuyos patronos principales, o los depositarios de la llamada "soberanía", están en La Habana.

Destruir y construir

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En general, suele ser más factible lo primero que lo segundo. Así mismo, en poco tiempo se puede destruir lo que costó mucho tiempo construir. En las dos décadas que lleva el siglo XXI venezolano, se ha ido destruyendo, paso a paso, al país que se logró levantar durante gran parte del siglo XX, con un esfuerzo inmenso y, para usar una palabra de moda: transgeneracional. Y además polifacético, porque la construcción del siglo XX –con sus altos y bajos, y la destrucción del XXI, abarcan lo político, lo económico, lo social, lo cultural, etcétera.

La lucha equivocada

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La lucha de los que están seriamente comprometidos a superar la hegemonía roja tiene que ser contra ésta y los horrores que le inflige a la nación venezolana. No debe ser una lucha entre sectores opositores para tratar de alcanzar el protagonismo principal. Una contienda de ese tenor no genera esperanza sino confusión, y desde luego contribuye a lo único que le interesa a la hegemonía de Maduro y los suyos: seguir donde están.

La cuadratura del círculo

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Pretender "democratizar" a una hegemonía despótica, depredadora y corrupta, mientras ésta mantenga el control del poder, es como pretender la cuadratura del círculo. Las analogías que se intentan hacer con la transición chilena, la española y al menos un par de transiciones venezolanas, de regímenes dictatoriales hacia aperturas democráticas, son impropias para decir lo menos.

El cuento del Gallo Pelón…

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Al ser un cuento de vieja data, vamos a resumirlo para quienes no lo conocen. Uno pregunta: ¿quiéres que te cuente el cuento del Gallo Pelón? Y otro contesta: sí quiero… Y entonces el que preguntó vuelve a preguntar: ¿pero quiéres que te cuente el cuento del Gallo Pelón? Y el que contestó, ahora responde: no, no quiero… Y el que pregunta insiste: ¿pero quiéres que te cuente el cuento del Gallo Pelón? Y así sucesivamente. No importa la respuesta, la pregunta es la misma. Una pregunta que no lleva a ninguna parte. Pura burla.

Sobre las ruinas de Venezuela

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El que Venezuela sea un país en ruinas no es una opinión. Es un hecho. O una multitud de hechos en todos los órdenes y categorías de la vida nacional. El que Venezuela haya sido arruinada en el siglo XXI, en medio de la bonanza petrolera más prolongada y caudalosa de la historia, tampoco es una opinión, es un hecho perfectamente verificable. Los escombros de la "industria petrolera" así lo confirman.

Día de la Dependencia

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Una país es independiente cuando la dirección de sus asuntos públicos es determinada por un sistema institucional que tiene un fundamento y desempeño soberano, en el sentido de representar la voluntad democrática. La independencia perfecta o absoluta no existe en el mundo globalizado, pero hay una independencia fundamental que se puede y debe mantener, si se quiere que el país preserve su identidad histórica y logre desarrollar su potencial nacional, en lo político, económico y social.

José Gregorio Hernández... Franciscano

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El Beato José Gregorio Hernández (1864-1919), fue una persona muy especial, y en cierta manera enigmática para muchos. Tanto que a su muerte, su amigo y colega, el Dr. Francisco Antonio Risquez, pronunció un discurso donde formulaba preguntas existenciales a las que no dio respuesta: ¿Qué aureola nimbaba su figura para que el mundo le otorgara atributos de santidad? ¿Qué imán invisible atraía hacia él las voluntades? ¿Qué chispa sobrenatural encendió en él el cirio de la fe y la antorcha de la ciencia?

Contra el desaliento

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El desaliento es el decaimiento de ánimo, el desfallecimiento de las fuerzas. Toda una maravilla para una hegemonía despótica y depredadora que impera por las malas y las peores sobre un pueblo desalentado. El desaliento social y el despotismo depredador se alimentan mutuamente. Depaupera e impera, se aconsejaba en la antigüedad. Ese consejo, convertido en realidad, sigue vigente en la Venezuela de estos años de mengua, en pleno siglo XXI.

Lo bueno de lo malo

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En medio de la catástrofe humanitaria, de la propagación acelerada del coronavirus, de la cuarentena político-militar, entre otros horrores que padece Venezuela, la hegemonía roja ha desplegado una enésima ofensiva despótica para terminar de extinguir la soberanía popular, como bien señala Gehard Cartay. Para obstruir o bloquear cualquier posibilidad de participación electoral. El proceso para llegar hasta acá ha sido paulatino y habilidoso, pero creo que no deberían quedar más excusas que justifiquen los asaltos.

La cuarentena venezolana

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En casi todos los países del mundo, la llamada cuarentena ha tenido y tiene una naturaleza sanitaria: tratar de contener la propagación del Covid-19. En unos con indudable éxito, en otros con resultados magros, y en no pocos sin logros que exhibir. En los países donde no hay democracia política, sino que imperan regímenes de distintas variedades despóticas –aunque se "auto-identifiquen como democráticos"– desde despotismos leves hasta férreos, desde habilidosos hasta crasos, el tema de la manipulación política del coronavirus y de la cuarentena siempre está presente.

El bloqueo endógeno

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Venezuela está bloqueada. No hay duda al respecto. Pero el bloqueo al que me refiero no es el que denuncian los mandoneros del poder, en relación con sanciones internacionales, en particular por ejecutorias que se consideran delictivas y que están siendo investigadas, con nombres y apellidos. El verdadero bloqueo es el que estos mandoneros han impuesto por las malas y las peores. En otras palabras, el bloqueo es de adentro hacia afuera. Es un bloqueo endógeno.

Juan Pablo II y Venezuela

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Con motivo del Centenario del Nacimiento de San Juan Pablo II, me permito reproducir un breve artículo, escrito por encargo en ocasión de su muerte en 2005.

Nuestro país ocupo un lugar reconocido aunque necesariamente modesto en el largo pontificado de Karol Wojtyla, 1978-2005. Lejos de ser uno de los gigantes católicos del continente, como Brasil o México, y sin tener tradición de una Iglesia poderosa e influyente, como en Colombia o Perú, nunca dejamos de recibir la atención esmerada de Juan Pablo II.

No me rindo, ¿y tu?

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Rendirse es someterse. Dejar de resistir. Entregarse. Mucha gente se ha rendido en estos tiempos de mengua. No pocos forzados por la necesidad de la supervivencia diaria. Si no me rindo no como podría ser el concepto. Otros se han rendido sin ningún problema, porque la onerosa complicidad con el poder, disimulada y todo, es la verdadera causa de la rendición. Y no faltan quienes se han rendido sin darse cuenta, porque seguir el juego de la hegemonía roja, incluso de buena fe, es una manera candorosa de rendirse.

Hegemonía mentirosa…

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En realidad se trata de una redundancia porque toda hegemonía despótica y depredadora es, por definición, por esencia: mentirosa. No puede no mentir siempre, ni siquiera si se lo propusiera, porque la mentira hace las veces de “parabán” para precisamente disimular el despotismo y la depredación.

Verdaderos negativos

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De la medicina saltó a la política, y a diversos ámbitos, la noción de "falsos positivos". Una "prueba o constancia" que refleja una supuesta realidad que no expresa la verdad de los hechos. A veces por meros errores y a veces por manipulaciones nada casuales.

El "desconfinamiento" venezolano…

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La palabra desconfinamiento, en relación con el levantamiento progresivo de las medidas de cuarentena, suspensión o restricción de actividades económicas y sociales, y en general del confinamiento colectivo, por causa del coronavirus, se ha puesto muy de moda… Acaso prematuramente como lo indican algunos reportes de rebrotes del virus en zonas en que las autoridades comenzaron a atenuar el confinamiento.

Las cosas por su nombre

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Una de las «técnicas» más notorias de los regímenes despóticos para dominar a sus sociedades tiene que ver con la distorsión sistemática de los significados de conceptos y palabras de resonancia política. De pronto esto suena muy abstracto, pero no lo es. Al contrario, es sumamente práctico porque consiste en la manipulación del entendimiento, de la conciencia, del lenguaje primario, para facilitar el control político y, en particular, para justificar el control despótico.

Breves reflexiones de Semana Santa

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Esta es una Semana Santa singular en todo el mundo, pero sobre todo en Venezuela, porque la devastación padecida en estos años se hace más patente con la pandemia del covid-19. Las Iglesias están cerradas y los feligreses, en general, han tomado conciencia de las razones que así lo justifican. Sin embargo, se ha producido una verdadera explosión de creatividad, en Venezuela y en muchos otros países, que permite que la Iglesia salga a la calle –la conocida y profunda expresión del papa Francisco sobre «una Iglesia en salida».

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