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Fernando Egaña's blog

José Gregorio Hernández... Franciscano

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El Beato José Gregorio Hernández (1864-1919), fue una persona muy especial, y en cierta manera enigmática para muchos. Tanto que a su muerte, su amigo y colega, el Dr. Francisco Antonio Risquez, pronunció un discurso donde formulaba preguntas existenciales a las que no dio respuesta: ¿Qué aureola nimbaba su figura para que el mundo le otorgara atributos de santidad? ¿Qué imán invisible atraía hacia él las voluntades? ¿Qué chispa sobrenatural encendió en él el cirio de la fe y la antorcha de la ciencia?

Contra el desaliento

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El desaliento es el decaimiento de ánimo, el desfallecimiento de las fuerzas. Toda una maravilla para una hegemonía despótica y depredadora que impera por las malas y las peores sobre un pueblo desalentado. El desaliento social y el despotismo depredador se alimentan mutuamente. Depaupera e impera, se aconsejaba en la antigüedad. Ese consejo, convertido en realidad, sigue vigente en la Venezuela de estos años de mengua, en pleno siglo XXI.

Lo bueno de lo malo

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En medio de la catástrofe humanitaria, de la propagación acelerada del coronavirus, de la cuarentena político-militar, entre otros horrores que padece Venezuela, la hegemonía roja ha desplegado una enésima ofensiva despótica para terminar de extinguir la soberanía popular, como bien señala Gehard Cartay. Para obstruir o bloquear cualquier posibilidad de participación electoral. El proceso para llegar hasta acá ha sido paulatino y habilidoso, pero creo que no deberían quedar más excusas que justifiquen los asaltos.

La cuarentena venezolana

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En casi todos los países del mundo, la llamada cuarentena ha tenido y tiene una naturaleza sanitaria: tratar de contener la propagación del Covid-19. En unos con indudable éxito, en otros con resultados magros, y en no pocos sin logros que exhibir. En los países donde no hay democracia política, sino que imperan regímenes de distintas variedades despóticas –aunque se "auto-identifiquen como democráticos"– desde despotismos leves hasta férreos, desde habilidosos hasta crasos, el tema de la manipulación política del coronavirus y de la cuarentena siempre está presente.

El bloqueo endógeno

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Venezuela está bloqueada. No hay duda al respecto. Pero el bloqueo al que me refiero no es el que denuncian los mandoneros del poder, en relación con sanciones internacionales, en particular por ejecutorias que se consideran delictivas y que están siendo investigadas, con nombres y apellidos. El verdadero bloqueo es el que estos mandoneros han impuesto por las malas y las peores. En otras palabras, el bloqueo es de adentro hacia afuera. Es un bloqueo endógeno.

Juan Pablo II y Venezuela

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Con motivo del Centenario del Nacimiento de San Juan Pablo II, me permito reproducir un breve artículo, escrito por encargo en ocasión de su muerte en 2005.

Nuestro país ocupo un lugar reconocido aunque necesariamente modesto en el largo pontificado de Karol Wojtyla, 1978-2005. Lejos de ser uno de los gigantes católicos del continente, como Brasil o México, y sin tener tradición de una Iglesia poderosa e influyente, como en Colombia o Perú, nunca dejamos de recibir la atención esmerada de Juan Pablo II.

No me rindo, ¿y tu?

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Rendirse es someterse. Dejar de resistir. Entregarse. Mucha gente se ha rendido en estos tiempos de mengua. No pocos forzados por la necesidad de la supervivencia diaria. Si no me rindo no como podría ser el concepto. Otros se han rendido sin ningún problema, porque la onerosa complicidad con el poder, disimulada y todo, es la verdadera causa de la rendición. Y no faltan quienes se han rendido sin darse cuenta, porque seguir el juego de la hegemonía roja, incluso de buena fe, es una manera candorosa de rendirse.

Hegemonía mentirosa…

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En realidad se trata de una redundancia porque toda hegemonía despótica y depredadora es, por definición, por esencia: mentirosa. No puede no mentir siempre, ni siquiera si se lo propusiera, porque la mentira hace las veces de “parabán” para precisamente disimular el despotismo y la depredación.

Verdaderos negativos

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De la medicina saltó a la política, y a diversos ámbitos, la noción de "falsos positivos". Una "prueba o constancia" que refleja una supuesta realidad que no expresa la verdad de los hechos. A veces por meros errores y a veces por manipulaciones nada casuales.

El "desconfinamiento" venezolano…

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La palabra desconfinamiento, en relación con el levantamiento progresivo de las medidas de cuarentena, suspensión o restricción de actividades económicas y sociales, y en general del confinamiento colectivo, por causa del coronavirus, se ha puesto muy de moda… Acaso prematuramente como lo indican algunos reportes de rebrotes del virus en zonas en que las autoridades comenzaron a atenuar el confinamiento.

Las cosas por su nombre

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Una de las «técnicas» más notorias de los regímenes despóticos para dominar a sus sociedades tiene que ver con la distorsión sistemática de los significados de conceptos y palabras de resonancia política. De pronto esto suena muy abstracto, pero no lo es. Al contrario, es sumamente práctico porque consiste en la manipulación del entendimiento, de la conciencia, del lenguaje primario, para facilitar el control político y, en particular, para justificar el control despótico.

Breves reflexiones de Semana Santa

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Esta es una Semana Santa singular en todo el mundo, pero sobre todo en Venezuela, porque la devastación padecida en estos años se hace más patente con la pandemia del covid-19. Las Iglesias están cerradas y los feligreses, en general, han tomado conciencia de las razones que así lo justifican. Sin embargo, se ha producido una verdadera explosión de creatividad, en Venezuela y en muchos otros países, que permite que la Iglesia salga a la calle –la conocida y profunda expresión del papa Francisco sobre «una Iglesia en salida».

Coronavirus y Venezuela

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Varios años antes de que se oyera hablar del coronavirus de Wuhan ya Venezuela había entrado, primero, en el terreno de la crisis humanitaria; y después en el de la catástrofe humanitaria. Y ahora, en este país destruido, con un "sistema de salud" hecho escombros, se abate con toda su ferocidad el Covid-19.

El drama del continuismo…

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Después de finalizada la muy promocionada gira internacional de Guaidó, sobre todo con el espaldarazo nacional en los Estados Unidos –además de tantos países en América Latina, Europa y otras regiones–, se generó una expectativa de mucha importancia. No era para menos. Por cierto que el propio Guaidó fue más bien prudente en sus declaraciones, pero también enfático en relación a su compromiso radical con el cambio efectivo.

¿Será reelecto Trump?

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Falta mucho y falta poco para las elecciones presidenciales de Estados Unidos, en noviembre. Cierto, pueden pasar muchas cosas en estos meses, pero los tiempos políticos tienen su dinamismo propio y, a veces, hay tendencias que se "matrizan" –para usar una palabra que les encanta a los "expertos de la consultoría política"–, y luego son muy difíciles de revertir.

Los zapateos de Zapatero

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No tengo duda de que se trata de un personaje muy peligroso que le ha hecho mucho daño a la causa democrática de Venezuela, al colocarse al servicio del continuismo de la hegemonía roja, bajos los pretextos de un diálogo político "civilizado", cuando casi todo el mundo en Venezuela sabe que no es posible con la criminalidad organizada. Hacia la calle, muchas de sus posiciones hasta lucen razonables. Pero la intención no pienso que sea razonable, porque el continuismo de una hegemonía que está destruyendo a toda una nación es una sinrazón insuperable.

Sobrevivir en la miseria

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Venezuela es un país sumido en la miseria. No en una pobreza relativa, sino es la miseria. En Caracas la situación es menos notoria que en el resto de las regiones, y la censura mediática, aunada a la incesante propaganda, en algo logran eclipsar la tragedia. Acaso la más aguda que padezca cualquier nación de América Latina y el Caribe, con la excepción de Cuba y Haití, y quizá sin ella, porque Venezuela ha sido derrumbada a costa de transmutarse en una colonia cubana, y Haití es un caso que parecería no tener horizonte de esperanza.

Hegemonía, dólares y bolívares

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La ironía es sangrienta: la llamada «revolución bolivarista» destruyó al signo monetario venezolano, el «bolívar». Y mientras más le echa la culpa al Imperio por todos los males que padece nuestra patria, más se dolariza lo que queda de economía. Ya el dólar es la verdadera moneda de curso general. Y claro, nada de ésto es producto de estrategia alguna. Es consecuencia del caos provocado por una hegemonía despótica, depredadora y envilecida, que malbarató la oportunidad histórica del siglo XXI.

Enreda, enreda, que mucho queda

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La hegemonía roja, o más bien sus patronos cubanos, son duchos en enredar o enmarañar aquello que de por sí debería ser sencillo, hasta crear un ambiente de confusión, una especie de tremedal, que solo contribuye al continuismo. Lo estamos observando, o padeciendo, una vez más, con el tema de las supuestas dos Asambleas.

De ilusiones a realidades

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El camino puede ser muy largo o más bien rápido. Todo depende de si la fuerza de la ilusión pueda transformarse en fuerza de cambio efectivo. Porque si no, por más real que luzca la ilusión, no será capaz de transformar para bien el presente. Todo esto viene a cuento por los sucesos acaecidos en Venezuela desde el domingo 5 de enero, con la elección de la nueva directiva de la Asamblea Nacional.

Crisis y continuismo

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Una manera simple de decirlo es la siguiente. Sin crisis sólo habrá continuismo. Con crisis, puede que no. Existe la posibilidad de que no. Y cuando digo "crisis", no me refiero a la catástrofe socio-económica que destruye el país. Esta ya existe desde hace tiempo. Me refiero a que tenga una expresión política: a una crisis política de suficiente conmoción como para sacudir la pasividad o la resignación política del presente, y producir condiciones para que la crisis desemboque en un cambio político, que sí sea de verdad, sustancial.

¿Qué nos espera en 2020?

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La pregunta, aunque es obvia, porque es generalizada, no deja de ser un poco pretenciosa, en el caso de que se aspire dar una respuesta clara. No creo que dicha pregunta tenga respuesta clara, precisa, inequívoca. Al menos no para los que luchamos, así sea poniendo un granito de arena, para que sea superada la hegemonía despótica, depredadora y envilecida, que aún impera en nuestra patria.

Un año más o un año menos

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La expresión es válida para la vida de las personas como para la vida de los sistemas o regímenes políticos. Pero no es igual. En el primer caso es inexorable. En el segundo puede haber más flexibilidad. Esto lo digo por la larga duración de la tragedia venezolana del siglo XXI, con sus correspondientes períodos o temporadas, porque no todo el tiempo ha sido absolutamente uniforme, ni habría podido serlo, aunque los fundamentos de la hegemonía no han tenido variaciones claves en cuanto a su despotismo y depredación.

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