Argentinos: frágil memoria

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Con motivo de la reciente celebración de elecciones primarias en Argentina se hizo viral un video en el cual una señora de apariencia muy humilde, en la norteña provincia de Jujuy –que es bastante pobre– expresaba su satisfacción con el triunfo de la fórmula Fernández-Fernández (de Kirchner) fundando su opinión casi literalmente así : “En época de Cristina al menos comíamos, ahora tenemos que trabajar”. En esa breve frase está contenido el drama del populismo como decisiva arma política en nuestro continente –y por qué no– también en otras latitudes.

Es cierto que la elección del pasado domingo tuvo tan solo carácter de “primaria”, pero dada su condición de obligatoria y teniendo en cuenta que ninguno de los partidos participantes ofrecieron tendencias internas, resulta que los que allí se midieron son los mismos que se medirán en la elección definitiva que se celebrará en octubre (excluyendo a los que obtuvieron menos de 1,5% de la votación). Como es sabido, el triunfo sonrió a la fórmula peronista lo cual para muchos –y también para quien esto escribe– equivale a un suicidio político del pueblo argentino. Del evento pueden obtenerse lecciones y conclusiones que en su momento pudieran ser aplicables a nuestro país.

Doce años de kirchnerismo (cuatro de Néstor y ocho de Cristina) dejaron a Argentina en el más absoluto caos económico y en la cúspide de una corrupción cuyos niveles casi compiten con la de la Venezuela de hoy. Tuvieron que luchar –sin éxito– contra las consecuencias de un default decretado en 2001 por una administración anterior. Quedaron excluidos del circuito financiero mundial por quince años, desbarataron todos los recursos disponibles en subsidios algunos justificables y muchos populistas, etc. La consecuencia de la electricidad, agua, transporte, etc. superbaratos fue la quiebra y colapso de dichos servicios. Hasta el buque-escuela de la Armada argentina fue embargado y retenido semanas por las deudas públicas en un puerto africano para vergüenza nacional.

En 2015, después de una segunda vuelta, triunfó Macri ofreciendo una plataforma de corte liberal (no neoliberal), de austeridad fiscal, lucha contra la corrupción y demás metas de evidente necesidad. Era imprescindible un ajuste muy fuerte para enfrentar la dramática situación que se heredaba.

Es posible que Macri y su equipo no hayan hecho las cosas tan bien como era de esperarse, pero no se puede negar que a lo largo de su mandato se consiguió finiquitar el tema de una solución para la deuda externa y se fueron enderezando cargas a un alto –pero necesario– costo social. No se conocieron casos de corrupción generalizada, de modo que la aprobación general se demostró en las elecciones de medio término de 2017.

Lamentablemente el entorno mundial potenciado con la posible incompetencia del equipo económico desataron hacia el final un ambiente de rechazo generalizado cuyas consecuencias se cristalizaron en la contundente paliza electoral 47% vs 32%, un resultado que casi seguro se repetirá en la elección definitiva de octubre.

Claro que a la mayoría no le importó mucho los juicios por corrupción incoados contra Cristina y sus ministros. Poco se recuerda el episodio de un miembro del gabinete económico arrojando varias bolsas llenas de dólares por encima del muro de un convento para esconderlas con la complicidad de las monjas. Poco se recuerdan los bunkers llenos de billetes acumulados por los Kirchner y sus contratistas favoritos, los millones de dólares en efectivo encontrados en una caja bancaria de la hija de Cristina , etc., etc.

Lo anteriormente reseñado es perfectamente aplicable a Venezuela y por eso hay que tenerlo en cuenta para evitarlo.

El día que cese la usurpación y con nuevas elecciones se instale un gobierno democrático surgido de la verdadera voluntad popular, no bastará que llegue lleno de las buenas intenciones que alienten quienes tomen la conducción de la República, sino que se requerirá en primer lugar de una pericia política de alto vuelo acompañada de experticia técnica y un eficiente mercadeo que permita a la población entender las razones del esfuerzo que se le exige. (Recordar a CAP 1989 y el Caracazo). De lo contrario, caeremos en lo que decía la señora de Jujuy mencionada al principio de estas líneas y bien pudiera resultar que la elección siguiente reinstale en Miraflores en olor de multitud a quienes nos trajeron hasta donde hoy nos encontramos con el cuento de que “antes había cajas CLAP y ahora hay que trabajar para comer”. @apsalgueiro1

Adolfo Salgueiro