La pandemia y Venezuela

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La agenda noticiosa en Venezuela en este momento, en contraste con las del resto del mundo, se divide entre lidiar con la pandemia del coronavirus y con la epidemia local de nuestra particular forma de hacer política. Nuestro país ha naturalizado vivir en crisis, una en la que el sistema sanitario ha sido especialmente golpeado: muchos de los hospitales de la red carecen incluso del servicio constante de agua potable e insumos de limpieza. Razón por la que expertos en la materia afirman que no estamos preparados para enfrentar un brote exponencial del COVID-19, y lo que hemos visto en cada país es que, aun cuando haya sido controlado, primero hay un brote considerable del virus. De llegar a ocurrir en Venezuela (o cuando ocurra, dependerá de cuán realistas seamos), se convertiría en un foco de problema sanitario para la región, algo que podemos imaginar con facilidad si consideramos el ritmo indetenible de migrantes hacia el continente en los últimos años.

Desde la aparición del COVID-19 hemos visto a este virus convertirse en pandemia, tomar oleadas con epicentros mundiales en Asia (Wuhan), Europa (Norte de Italia) y América del Norte (Nueva York), sobrepasando ya el millón de casos confirmados y más de 52.000 muertes registradas en 181 países. A la fecha, solo se espera que estos números sigan creciendo y se habla de casos confirmados pues cada país tiene, dentro de sus capacidades, un ritmo y manera propios para aplicar los tests que darán el número de casos, por lo que en algunas regiones puede que el número de infectados por este virus sea mayor al que reportan los sistemas sanitarios y las cifras oficiales.

Desde nuestros televisores, dispositivos móviles y computadoras hemos visto que el virus se propaga por países del llamado primer mundo con rapidez y hasta hace poco más de tres semanas es que gobiernos latinoamericanos comienzan a tomar medidas que buscan frenar la propagación del mismo. Cierres de fronteras, suspensión de vuelos comerciales, suspensión de clases en todos los niveles, suspensión de todo tipo de evento social, aislamiento obligatorio han sido las medidas que mas comúnmente se han ido aplicando en el continente desde la primera mitad de marzo. La razón: hay que controlar el vector y bajar la curva de contagio.

En esa particular fase de testigos de primera fila, hemos visto que sistemas de salud bien dotados en países de Asia, Europa y Norteamérica se ven superados por un virus que se propaga rápidamente. Y aquí es donde la queja cotidiana en torno a los sistemas de salud propios se convierte en foco real de preocupación. La pandemia está llegando, sin prisa pero sin pausa, a cada rincón de la aldea global, podamos identificar todos los casos positivos o no, sintomáticos o asintomáticos. China, primer epicentro declara poder plantear un paulatino regreso a la normalidad en Wuhan a partir del 8 de abril, luego de una estricta cuarentena desde enero. Italia y España, los países más afectados en Europa, están lejos de poder decir lo mismo. Estados Unidos apenas comienza a lidiar con lo números que lo hacen el epicentro de la pandemia hoy.

Parece ser cuestión de tiempo, las imágenes de lo que ocurre en Guayaquil esta semana son dantescas. El crecimiento en número de casos en Chile y Colombia ha sido constante y los sistemas de salud apenas se preparan para hacerle frente a la pandemia. ¿Sufrirá nuestra región la siguiente oleada? Brasil, Chile, Ecuador, México, Panamá, República Dominicana, Perú, Argentina y Colombia, nueve de la treintena de países de la región, están dentro de los 50 primeros países con más casos identificados en el mundo. Cada uno enfocado en este momento en hacer lo mejor posible para lidiar con esta difícil tarea. Cada uno con sus propios bemoles y limitaciones en sus sistemas de salud tendrá que enfrentar un virus con el que se espera tendremos que aprender a convivir mientras se consiguen soluciones a los retos que nos presenta para la vida moderna. En cada país que ha recibido migrantes venezolanos en el último lustro, el sistema de salud ha sido puesto a prueba, exigido a atender mucho más que la sobrecarga que ya tenían. Tener que lidiar con una potencial desbandada nueva de migrantes huyendo de las consecuencias de un descontrolado foco de la pandemia puede fácilmente llevarlos a niveles inaguantables. Esta es una encrucijada más para la región frente a la realidad venezolana y sus consecuencias. @medina_anderzon

Anderzon Medina Roa