Argentina ha muerto

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El mundo está estupefacto. Y a juzgar por la dolorosa acrimonia del último artículo de Mario Vargas Llosa, después de Octavio Paz el más lúcido sobreviviente de aquella América Latina que pudo haber sido y no fue, definitivamente perdida. Los propios analistas políticos argentinos, que los hay y amargamente conscientes del delirio megalómano, masoquista y auto mutilador de sus mayorías, la dan por muerta. Y la comparan, el colmo de la auto reflexión crítica, con el basural venezolano, la cloaca de América Latina. Dos naciones entrañablemente unidas por sus antepasados gauchescos, sus vastas riquezas y su inconmensurable estupidez, que las ha llevado a preferir hundirse en el fango de su inmoralidad, el crimen, la prostitución y sus delirios, que situarse entre las primeras naciones del planeta.

Se explica la alarma, que en el vecindario ya suena a responsos. El Sísifo idiota que todos los latinoamericanos llevamos dentro, se ha vuelto a despeñar con su pesada losa a cuestas este último domingo, dándole una apabullante mayoría a la pareja candidatural del más roñoso, casposo y prostibulario peronismo. A la asesina del fiscal Nisman, a la ladrona socia de la consentida del hampón venezolano Hugo Chávez, a la alcahueta del narcoterrorismo iraní, a la viuda negra culposa de la oportuna muerte del abogado y negociante inmobiliario Néstor Kirchner.

De una plumada, las mismas masas que aclamaron al comandante de caballería y primer nazi de la América Latina, Juan Domingo Perón, que elevara a una prostituta al hollywoodense universo de las heroínas de medias caladas y le abriera los portones del protagonismo político a los desarrapados, “descamisados” y “cabecitas negras”, han barrido con el primer intento político civilizatorio de la Argentina. En octubre ella, los sindicalistas, las abuelas de la Plaza de Mayo, los recoge latas y escarba basuras del lumpen argentino volverán en gloria y majestad a la Casa Rosada. Y la Argentina volverá a vivir las aberraciones tercermundistas de una sociedad harta de carne y trigo, que se niega a ser lo que podría ser: una gran potencia suramericana.

Se explica la indignación desbordada de Vargas Llosa y el sentimiento de pesar y vergüenza que ronda las salas redaccionales del periodismo argentino. Para entenderlo, es como si en unas elecciones presidenciales venezolanas, Nicolás Maduro e Iris Varela arrasaran en las urnas. Y el chavismo más fétido y espeso, el de Diosdado Cabello y Tarek El Aissami, Pedro Carreño y Tarek William Saab le sacara quince puntos de ventaja a la dupla Machado-Ledezma. ¿No sería como para hundir la cabeza en la arena y olvidarse para siempre de un país llamado Venezuela?

Sólo cabe esperar que entre las siniestras secuelas de esta insólita y espeluznante barrabasada, Pepe Mujica vuelva a la presidencia uruguaya, Fernando Lugo se haga con la presidencia paraguaya, Lula da Silva sea trasladado en hombros desde la cárcel pernambucana donde paga ocho años de condena por ladrón a Planalto, en Brasilia, Gustavo Petro se haga con el Palacio Nariño y Michelle Bachelet, al frente de una alianza de comunistas, socialistas y miristas, arrase en Chile y venza por quince puntos al candidato del liberalismo chileno. Una regresión sólo explicable desde un análisis patológico de sociología y psicología políticas que desentrañe la podredumbre en que se hunde la pervertida conciencia de nuestra región.

¿Cómo explicarse la flagrante y profunda contradicción entre la grandeza de figuras como Jorge Luis Borges o Ernesto Sábato y la inmundicia de la dupla Fernández-Kirchner? ¿Por qué este insalvable hiato entre cultura y política? ¿Adónde nos llevará esta demoníaca combinación de populismo, mercantilismo y analfabetismo? La Argentina está muerta. Los vecinos nos aprestamos a vestir los despojos. @sangarccs

Antonio Sánchez García